miércoles, 29 de enero de 2014

De visita en ciudades impronunciables

Al fondo: la Pirámide del Sol, Teotihuacán
¡Hola de nuevo! Soy yo, Moisés, aquel chamo más nómada que los cavernícolas. Hoy continuaremos narrando mi extraordinaria experiencia en México, aquel país al norte del continente americano, el cual muchos piensan pertenece a Centroamérica y a veces he escuchado a unos que dicen que pertenece a Suramérica ¡Susto! Les regalo un mapa a algunos, por si lo necesitan.
En nuestro relato anterior me quedé en el terminal de autobuses de Puebla mientras esperaba al pinche Luis. Ese sábado por la noche me encontraría con otro amigo mexicano que conocí en Pensilvania hace más de 4 años. No nos veíamos desde hace tres años, pero siempre habíamos mantenido el contacto por las redes sociales y habíamos estado pendientes el uno del otro. Junto con Luis me iría a Tlaxcala, su ciudad natal.
Ya Lupe se había despedido de mí y me quedé solo en el terminal tomando café. Luis llegó 30 minutos después y cuando nos vimos parecía como si hubiese sido ayer la última vez que lo vi y escuche sus chistes malos (just kidding, Luis)
Nos fuimos en su coche hasta Tlaxcala. La capital del estado Tlaxcala lleva el mismo nombre y se ubica a una hora aproximadamente de Puebla de Zaragoza. El nombre oficial de la ciudad es Tlaxcala de Xicohténcatl (Sí, lo sé, otro nombre extraño) Recuerdo que una vez estando en Tlaxcala, chateaba con la frívola, una amiga, y me dice “Moi, el Feijbu me dice dónde estás, pero la verdad es que no puedo pronunciar ese nombre tan extraño” La consolé y le dije que no era la única, a mí también me pasaba lo mismo y me sigue pasando.
Luis en Tlaxcala
En el camino hacía Tlaxcala de Xicohténcatl hablamos hasta más no poder. Al llegar a la ciudad y antes de ir a casa de Luis, pasamos por un supermercado inmenso cuyo nombre ya olvidé a comprar unas cosas para su casa. Ya llevaba casi dos semanas comiendo tacos, tamales, chile, champurrados y un sinfín de cosas, pero nada que me había tomado un buen tequila. Le comento a Luis que quería tomar tequila y que me recomendara uno bueno ¡Ay Dios mío! Yo no sabía en lo que me estaba metiendo. Luis se encargó de comprar una botella de Tequila 1800 añejado (Muy bueno, por cierto) y otra botella de Don Julio. Después de las compras llegamos por fin a su casa y resulta que su casa es un restaurante de comida mexicana. Sí, la casa prácticamente es un restaurante. Me sentí como en el paraíso. Comida por todos lados, pero siempre tratando de no mostrar el hambre que paso. Al llegar conocí a su hermano mayor, su hermana, su cuñado y a su madre. Todos muy amables y extremadamente trabajadores.
Ya era la hora de la cena y el tequila. Bajé al restaurante y me esperaba un buen pozole, una especie de sopa hecha a base de granos de maíz a la que se le agrega, según la región, carne de pollo o de cerdo como ingrediente secundario. Comí con ganas y luego me esperaba un caballito de tequila. Comenzamos con uno de 1800. Miro el tequila y me lo tomo en tres tragos. Otro más. Yo seguía sentado hablando con Luis y su cuñado. Un tercer caballito de tequila con limón y sal. Seguimos conversando. En el restaurante había karaoke, pero no me interesaba cantar en absoluto. Un cuarto caballito de tequila. Seguimos conversando. Un quinto caballito de tequila. Comienzo a hablar en inglés. Un décimo caballito de tequila. Póngame una canción ahí que la voy a cantar. Otro caballito de tequila. Lo derramo en la mesa. Otro más. Lo derramo encima de mi ropa. Otro más. No recuerdo más nada hasta el otro día a las 11:00 a.m.
Tomando Pulque
Al día siguiente abro los ojos y estoy en una cama en un cuarto. Por unos 5 segundos no supe dónde estaba, no supe quién era. Cuando caigo en cuenta, recuerdo que estoy en una ciudad cuyo nombre no puedo pronunciar y que la noche anterior estaba tomando tequila con Luis y su familia. ¡Joder! Me emborraché. Me paro de la cama, estoy en ropa interior y mi ropa está al lado. La “chaqueta” vomitada, el pantalón sucio. No recuerdo nada. Por obra y gracia del espíritu santo no tengo cruda (resaca) Parece como si no hubiese bebido nada, pero igual no logro recordar mucho. Al rato llega Luis y me dice: -¿Cómo dormiste?-. -Pues, creo que bien-. Respondo. Gracias al universo no hice mayor espectáculo más que cantar en karaoke 6 canciones sin parar, hablé inglés toda la noche como el propio ridículo y me dieron a tomar algo que ellos llaman “una rusa”, que no es más que agua con gas, sal y limón y sirve para hacerte vomitar y botar todo el licor que te has tragado. Por lo tanto no tienes “cruda” al día siguiente  ¡Tomen nota de las rusas! Se las recomiendo.
Como les dije, me desperté a las 11:00 a.m. y bajé a desayunar. Luis me recomendó desayunar un mole de pancita para la cruda que nunca tuve, pero uno nunca sabe, así que es mejor prevenir. Tan sólo me nombraban tequila y sentía náuseas. Ese mole de pancita estaba simplemente delicioso. Es una especie de sopa con trocitos de panza de cerdo, algo así como el mondongo venezolano, pero menos cargado. Después de comer, prácticamente me obligaron a cantar en karaoke. En esa Lalo, el hermano mayor de Luis, pone en el karaoke la canción de Carlos Baute y Marta Sánchez “Colgando en tus manos” y me dice: “Ésa la pediste anoche”. ¡Morí de pena! Pues yo no me acordaba de nada. Tanta fue la presión que terminé cantando de nuevo y hasta con compañía de otra comensal del restaurante.
Karaokeando en Mexikekas
Después de mi “derroche de talento” fuimos a dar nuestro primer paseo por el centro de Tlaxcala. Tlaxcala es una ciudad con un gran acervo de historia; además posee una riqueza natural inigualablemente bella. La palabra Tlaxcala proviene del náhuatl y significa «lugar de pan o tortilla de maíz». Ya desde antes de llegar a Tlaxcala varios amigos habían bromeado diciéndome que iría a donde los traidores de la patria. Eso me llamó mucho la atención. Según la primera versión que me contaron ese apodo es debido a que durante el proceso de conquista de los pinches españoles, el pueblo tlaxcalteca fue su aliado. Pero todo tiene su razón de ser y en realidad nunca existió traición alguna, pues México como república no existía. Eran pueblos independientes los unos de los otros. Además, los tlaxcaltecas fueron siempre enemigos de los mexicas u aztecas. Eran dos comunidades diferentes como decir, Venezuela y Colombia. En fin, la historia del pueblo de los tlaxcaltecas es muy rica y podríamos pasar páginas y páginas hablando de todo lo que aprendí sobre ellos, pero lo que sí les puedo asegurar es que no son traidores, más bien son muy hospitalarios y amables.
Ese día visitamos el Zócalo de la ciudad y me impresionó lo agitada que es. Me había imaginado a Tlaxcala más bien como un pueblito pequeño, pero de pequeño no tiene nada. Una de las cosas que más me impresionó es que hay un banco en cada esquina. Visitamos el monasterio de San Francisco terminado en 1540 y al lado queda la macabra y sangrienta plaza de toros. En la plaza principal de Tlaxcala nos sentamos a degustar un delicioso pulque.
El pulque es una bebida alcohólica muy tradicional en el centro de México y se obtiene de la fermentación del jugo del maguey y es una bebida que se consume desde tiempos prehispánicos. Nos sentamos en una pulquería y pedimos dos. Yo pedí uno pequeño y Luis uno tamaño “normal”. La mesera le trajo una garrafa como de litro y medio y el Luis se lo tomó como agua. Además, de nuestro trago de pulque se acercó un vendedor ambulante que vendía “borreguitos y gallitos”. Estos son unos muñequitos de colores, como de porcelana, pero hechos con unas semillas trituradas con azúcar. Son deliciosos.

Cacaxtla: capital de los olmeca-xicallanca (A que tampoco pueden pronunciarlo lol)
En Cacaxtla
Al día siguiente nos tocaba visitar la zona arqueológica de Cacaxtla, otro nombre algo raro de pronunciar. Salimos en el auto de Luis y en menos de 40 minutos ya estábamos en Cacaxtla. Al principio el GPS nos llevó a una calle sin salida y el pinche aparato ese insistía en que por ahí se llegaba. Parecía algo así como una película de terror donde el GPS está maldito y te controla y te lleva hasta el lugar donde te asesinarán. Bueno, así mismo. Después de perdernos por fin logramos llegar. Estacionamos fuera de la zona arqueológica y caminamos hacía la taquilla. Aquí cerré la boca y mostré mi carné. Me dejaron pasar gratis. Caminamos como 10 minutos hasta llegar a una zona cubierta por un gran techo. Algo parecido a un estadio de fútbol. Ahí estaba Caclaxtla.
Cacaxtla era una ciudad, que se cree fue la capital del pueblo olmeca-xicallanca y data de hace más de 1400 años. La ciudad fue redescubierta en 1975 por unos campesinos y desde ese entonces ha sido objeto de grandes estudios. Pasamos más de una hora caminando por las ruinas de la antigua Cacaxtla, por lo que una vez fueron veredas transitadas por decenas de personas, y hoy son solamente ruinas transitadas por turistas curiosos, como yo, quienes quisieran entender qué sucedió en ese lugar hacer siglos. El gran atractivo científico de Cacaxtla se debe a que se encontraron pinturas en muy buen estado y esto ha ayudado a las investigaciones científicas. Una de las pinturas que más llama la atención es una de un hombre de color azul con forma muy extraña. Unos dicen que se trata de un extraterrestre, ya que para esa época era muy extraño que dibujaran algo así, Luis dice que se trata de un personas de Ávatar jajaja y yo digo que esa gente tenía mucha imaginación.

Xochitécatl: ¡A ver quién pronuncia esto!

Después de recorrer Cacaxtla nos devolvimos para ir a Xochitécatl, otra zona arqueológica cercana a Cacaxtla. Aquí visitamos dos pirámides con más de 2700 años de antigüedad. La primera se trata de la pirámide del Espiral. Según santa Wikipedia, su edificación se inicia 700 años antes de Cristo. En lugar no cuenta con escaleras de acceso, por lo que se cree que para subir hasta la cima se subía por los lados de la pirámide de forma espiral hasta llegar a la cima. En la parte superior está colocada una cruz que data del año 1632. Asimismo, se cree que esta construcción probablemente fue dedicada a la observación de los astros.
Bajamos y subimos la pirámide del espiral y luego caminamos hacía el edificio de la serpiente. Esta es otra especie de pirámide chata que, al igual que la pirámide del espiral, se construyó en el año 700 a.C. En la parte superior se encuentro un monolito así como los del Stonehenge. Al llegar a la cima del monumento se pueden ver a lo lejos en volcán Popocatépetl y la montaña Iztaccihuatl. Una vista sin dude inigualable.
Como podrán ver, en México lo que sobra para ver son ruinas y zonas arqueológicas. Y, a mí cómo no me gusta la arqueología, pues se podrán imaginar. La arqueología es una de mis profesiones incumplidas, así como la egiptología, la química, la física, la medicina, la ingeniería, la psicología y un poco de cosas más que quería estudiar, pero terminé estudiando Traducción e Interpretación.
En la cima de la Pirámide de Xochitécatl
Después de nuestra visita a estas zonas arqueológicas tan extraordinarias, me esperaba algo aún más impresionante. Nos encaminamos de regreso a Tlaxcala y fuimos a almorzar. Lo que no sabía era lo que almorzaríamos: gusanos de maguey, larvas de hormigas, un pollo al tequila y una sopa tlaxcalteca. Aunque a muchos les dé asco (así como a mí al principio) les digo algo ¡Qué vaina más sabrosa!
El primer plato fue larvas de hormigas con guacamole y tortillas de maíz. Procedí entonces a prepararme un taco, que se prepara tan fácil como colocar todo sobre la tortilla y doblarla. Me la comí con miedo y algo de asco, pero después del segundo mordisco la cosa comenzó a gustarme. Me gustó tanto que me comí tres taquitos. Luego trajeron la sopa tlaxcalteca, una sopa con tortillas, muy condimentada y con un chile tostado por encima. Ahora era el momento del plato especial del día; los gusanos de maguey sofritos. Cuando veo que la mesera se acerca con el plato lleno de gusanos, le digo a Luis -No, mijo, esto sí que no me lo voy a poder comer- Pero más atrás pensé -¡Deja las mariqueras y cómete esa vaina!- Y así fue. Me comí el primer gusano y era crujiente. Lo mastiqué con miedo. Tomé dos más y dije – ¡Híjole, cabrón qué deliciosos estos pinches gusanos!-  y la verdad es que lo estaban.
Muchos por ahí me dijeron que había perdido el caché y el welearepismo por comerme esos gusanos. Otros me dijeron que después de tantas catas de vino welearepas, y tantas fiestas sifrinas (siempre infiltrado) cómo era posible que me comiera esos gusanos. Pero déjenme decirles algo, es un plato exquisito y gourmet. Un plato promedio cuesta entre 60 y 100 pesos, pero el pequeño plato de gusanos y el de larvas de hormigas costaba cada uno 250 pesos. Así que como verán, no es algo tan bajo como creen.
Sólo pasé 4 días en Tlaxcala y la verdad es que agradezco mucho al pinche Luis y su familia, pues quedé completamente enamorado de aquella ciudad. De su gente, de la cultura local, de la comida y de absolutamente todo. El último día de mi estancia en Tlaxcala lo aprovechamos para ver los murales del palacio de Gobierno. Estos murales cuentan la historia de Tlaxcala antes, durante y después de la colonización española y, a mi parecer, son algo imperdible cuando alguien va a Tlaxcala, pues aprendes muchísimo, no solo de la ciudad, sino también del país.

¿Y el carro?

En el "desierto"
Ese día salí en la tarde de regreso a Puebla a encontrarme de nuevo con Guadalupe. Y, al otro día llegaba a Puebla Albedto. Ahora nos tocaba ir a una boda en Tehuacán, otro de los municipios del estado de Puebla. Lo mejor de todo es que yo no conocía ni al novio ni a la novia, pero tanto Alberto como yo estábamos cordialmente invitados. Recuero a Alberto diciendo “Estas cosas jamás pasan en Europa ¡Qué fuerte, tío!”
Salimos desde Puebla a Tehuacán en el carro de Guadalupe un sábado a las 5:30 a.m. El trayecto duró un poco más de dos horas. Íbamos Alberto, la pequeña ave, Guadalupe y yo. Recuerdo haber dormido casi todo el trayecto. Esa noche nos quedaríamos en un hotel en Tehuacán, ya que la boda terminaba muy tarde y con unos cuantos tequilas encima no podíamos agarrar carretera. Llegamos al hotel y Guadalupe y todas las demás mujeres se fueron a casa de Chio, una amiga de Guadalupe, a arreglarse. Carlos, otro amigo mexicano, llegó a Tehuacán con su propio carro. Al llegar al municipio, Carlos estaciona su carro afuera del hotel donde nos íbamos a quedar, pues no había puestos vacíos en el estacionamiento. Nos cambiamos, tomamos fotos y esperamos por las mujeres. Ya estábamos todos listos para asistir a la ceremonia de boda de los amigos de Guadalupe. Al salir del hotel nos dirigimos al carro, pero para nuestra sorpresa ¡El carro no estaba! Por un momento de confusión creí que Carlos había guardado el carro, pero cuando volteo a verle la cara, lo veo con las manos en la cabeza y exclama ¡El pinche carro! Se podrán imaginar que lo primero que se me vino a la cabeza fue –se lo robaron. Todos entramos en un momento de shock y confusión, pero al fijarnos en un anuncio que había en la cera decía: “Se permite estacionar solo hasta las 11:00 a.m.” Ya por lo menos con eso supimos que no se habían robado el carro. El problema era que se lo habían llevado en grúa y ahora debíamos ir a buscarlo. Pues les cuento que así fue y para no hacer más larga esta parte del cuento, les comento que tuvimos que ir a la jefatura a pagar la multa, esperar una hora y tanto, luego ir a otro municipio, cuyo nombre no recuerdo, pero yo lo llamé “el desierto” porque sólo había tierra y sol. Tomamos un taxi quien nos llevó a hacer todas las diligencias necesarias y el señor lo que hacía era reír y reír en el taxi con todas las loqueras y ocurrencias de nosotros. En este municipio nos adentramos por un camino de tierra, tipo película de terror “silent hills”, hasta que llegamos al sitio donde tenían el coche de Carlos. Gracias a Dios después de casi tres horas de pasar trabajo, por fin logramos recuperar el carro sano y salvo. Solo nos perdimos la ceremonia en la iglesia, pero igual faltaba la rumba.
Gusanos de maguey
Algo que no puedo dejar de mencionar es que a pesar de haber ido a una boda latina, hay muchas cosas que la diferencia de las bodas venezolanas. Entre estas cosas están los juegos que hacen los novios y los invitados; uno de esos juegos es la víbora de la mar, donde se separan a los hombres y mujeres en dos grupos y cada grupo intenta tumbar al novio o a la novia dando vueltas agarrados todos de mano formando una gran “víbora”. En este juego casi me dislocan el hombro y me fracturan la mano (y no exagero), el tipo que me agarró la mano, me llevaba arrastrado por todo el salón de fiestas, y el que me tenía agarrado por la otra mano ni se diga, me tenían como muñeco de trapo. Hasta que me obstiné y me salí del juego.
Después de mi corta estadía en Tehuacán me tocaba regresar a Ciudad de México,  o sólo “México” así como dicen los mexicanos para referirse a Ciudad de México, a veces no entendía cuando me decía “¡Mañana te vas a México!” y yo me quedaba como WTF, si ya llevo como tres semanas en México. Y, luego me explicaron que decían México para referirse al D.F.
El domingo temprano nos despertamos, desayunamos, me despedí de Carlos, Chio, Itayexi y junto a Lupe, Albedto y la pequeña ave, nos regresamos a Puebla, pues iría por “mis cosas” y de allí agarraría con Albedto y Luis para D.F. Teotihuacán esperaba por mí.

Teotihuacán: la ciudad de los Dioses

Larvas de hormigas
Ya era hora de regresarme al D.F. Había recorrido muchos pueblos y municipios en el interior de México, había comido hasta lo incomible y la verdad es que estaba completamente enamorado de este país multicolor. Junto a Albedto y Luis nos regresamos al D.F. Alberto porque vive allá y Luis porque me acompañaría a Teotihuacán, un lugar que me habían dicho no podía dejar de ir y ya estaba a punto de saber por qué.
En la estación de autobuses de Puebla me despedí de mi preciosa Guadalupe y nos dimos un gran abrazo con la esperanza de volver a vernos muy pronto en cualquier parte del mundo. Nos tomó menos de tres horas, con todo y tráfico, llegar al D.F.
Al día siguiente nos despertamos muy temprano, pues era el día de visitar Teotihuacán. Llegar hasta esta zona arqueológica súper importante es más fácil de lo que se cree. Toman el tren hasta la estación “Central de Autobuses del Norte” y allí toman los autobuses “Teotihuacanos”. Si son lo suficientemente inteligentes muestran su carné estudiantil y les hacen un descuento del 50%. Llegar hasta la zona arqueológico solo toma 40 minutos, una vez allí, les puede tomar todo lo que quieran recorrerla.
Esta vez el carné venezolano no me sirvió y tuve que pagar 53 pesos ($4,24 aproximadamente). Pero estoy seguro que estos $4 fueron los mejores dólares que me he gastado en toda mi vida, pues lo que tenía delante de mí valía más que todo el dinero del mundo.
Teotihuacán es una ciudad prehispánica cuyo origen es aún debatido dentro de la comunidad científica. Se cree que su construcción comenzó en el año 100 antes de Cristo y luego de 700 años de apogeo, la ciudad llegó a un declive y fue abandonada por completo. Son muchas las teorías que intentan explicar por qué una ciudad que, incluso hoy es impresionante, fue abandonada en el pasado. Incluso en la actualidad no se sabe quiénes fueron sus primeros habitantes ni quienes la construyeron realmente. El nombre ‘Teotihuacán’, ciudad donde se hacen los Dioses, le fue dado por los mexicas u aztecas, quienes al descubrir la majestuosa ciudad pensaron que allí nacían los Dioses.
Al fondo la Pirámide del Sol
La ciudad cuenta con varias estructuras impresionantes. Dos de las más llamativas son la Pirámide el Sol y la Pirámide de la Luna; dos estructuras inmensas. La Pirámide del Sol es incluso más grande que la de Chichén Itzá en la península maya. La pirámide del Sol es el mayor edificio de Teotihuacán y el segundo en toda Mesoamérica, sólo detrás de la Gran Pirámide de Cholula. Tiene una altura de 63 metros, con una planta casi cuadrada de aproximadamente 225 metros por lado, por lo que suele compararse con la pirámide de Keops en Guiza, Egipto. ¡Se pueden imaginar el tamaño de esta estructura! El uso de la pirámide del Sol y el significado que tuvo para los habitantes de Teotihuacán permanece como una incógnita.
Luego está la Pirámide de la Luna, la segunda en tamaño del lugar y una de las estructuras más antigua de todo Teotihuacán. Cuenta con una altura de 45 metros y está ubicada muy cerca de la Pirámide del Sol. Pude subir a ambas pirámides, solo que a la de la luna el acceso estaba permitido hasta la mitad. Subir a la Pirámide del Sol requiere mucho esfuerzo, pues es bien alta y muchas escaleras están tan inclinadas que sientes que te caerás en cualquier momento.
Cuando llegamos a la Pirámide del Sol lo primero que hice fue darle un beso y aunque parezca estúpido y con retraso mental, la verdad es que estaba tan emocionado de poder besar más de 2 000 años de historia. Nada como subir hasta la cima de la pirámide y admirar todo Teotihuacán ¡Sin duda, la experiencia es inigualable!
Después de nuestro paseo por la gran Ciudad de los Dioses nos tocó regresar al D.F. Luis tenía que regresar a Tlaxcala y a mí me espera una navidad méxico-venezolana-española. Me despedí del pinche Luis con un gran abrazo y con la promesa de vernos muy pronto en la capital de Nazilandia (Eso espero).

Una Navidad intercultural

En mis casi 26 años de existencia es la segunda vez que paso Navidad fuera de mi casa, pero la verdad es que me sentía tranquilo, pues la pasaría con un hermano de corazón. Pasaríamos la Navidad en casa de Rogelio, un amigo mexicano de Alberto. Sería una mezcla de tres nacionalidades por lo que a cada quien le tocaba preparar un plato típico navideño de su respectivo país. Obvio que Moisés González no iba a hacer hallacas (o Halloques, como dice Alberto). Por su parte me decidí por una ensalada de gallina con la receta especial de la abuela Ana de Colmenares. Para esto tuve que llamar a mi abuela por teléfono y pedirle explicaciones detalladas sobre el corte de las verduras, cantidad de sal, diferencia entre papas y zanahorias, entre otras cosas muy complicadas para esta mente poco cocinera. Después de más de tres horas de arduo trabajo por fin logre una exquisita ensalada de gallina y no exagero ni un poquito (bueno, tal vez sí).
Nuestra cena navideña consistió entonces de mi ensalada de gallina, jamón ibérico con quesos por parte de Alberto (claro el no tuve que cocinar nada) y un pozole, que preparó Rogelio. Así fue nuestra cena, por supuesto acompañada de algo de alcohol.
Alberto, Andy y yo
Mi última noche en el país del taco la pasé en compañía de Alberto, Andy y unas micheladas, una mezcla de cerveza, jugo de limón y otras salsas ahí locas. Llegamos un poco tarde al “depa” por lo que hice la maleta con prisa y por lo tanto dejé algunas “cosas”. En realidad dejé como que muchas cosas, pero por lo menos me pude traer 4 botellas de tequila ¡Eso es lo que importa!
Sé que faltaron muchas cosas por contar y muchos detalles que tal vez pasé por alto, pero hay poco tiempo para escribir y muy poco tiempo para leer. Así que para eso mejor les dejo a ustedes la tarea de darse un pequeño paseo por este país inigualable y único.

¡Híjole carnales, hasta aquí les cuento! ¿A poco?

Y como dijo Albedto: “Tú nunca sabes cuándo puedes volver a ver a Moi”

Nos vemos pronto

Un adelanto: Próximo destino ¡Rio De Janeiro!

Saludos desde Cubazuela,

Moisés 

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