lunes, 8 de julio de 2013

I can tol Guachinton tu

De fondo la Casa Blanca
Muchos europeos y estadounidenses creen que por el hecho de haber nacido en un país de clima cálido, podemos aguantar las altas temperaturas mejor que cualquiera ¡Pues no! O tal vez el calor y yo no nos llevamos muy bien. Bien sea o una o la otra posibilidad, lo cierto es que durante el verano en el imperio mesmo, las temperaturas alcanzan niveles inimaginables. Incluso se registran casos de personas que mueren a causa del calor. Las veces que he estado en Nueva York durante el verano he estado a punto de andar desnudo por las calles del calor tan insoportable. Algunas veces he perdido el caché y me meto en las fuentes de las plazas, porque el calor es tan agobiante que es imposible no deshidratarse en cuestión de minutos.
Como ya muchos sabrán cuando estuve en los Niuyores trabajé en AID FOR AIDS. Cierto día de verano, como parte de mi trabajo, tuve que ir a Washington D.C. a la XIX Conferencia Internacional sobre VIH y Sida. Parte de mi trabajo era hacer una pequeña presentación durante los días de la conferencia sobre el programa ¿Cuánto sabes sobre VIH y Sida? En el cual he trabajado por ya casi 10 años. Todo sonaba muy interesante, cacheroso e importante. Hace dos años atrás ya había estado de paseo en la capital del imperio por tres días, pero esta vez estaría toda una semana en Washington D.C., asistiría a una fiesta súper welearepa y mega cacherosa en la casa del embajador de República Dominicana donde haría lo posible por aparentar el dinero que no tengo y hasta conocería a la Miss Universo 2009 Stefanía Fernández. Pero lo mejor de todo es que era gratis y, además, me iban a pagar esa semana de trabajo.
El día de irnos llegó. Tenía que despertarme a las 4:00 a.m. pues nos iríamos en el famoso Amtrak, el tren más famoso del imperio. El tren partiría a las 6:00 a.m. desde la Penn Station. Me desperté y tomé una pequeña maleta. En serio, esta vez sí era pequeña. Había aprendido la lección. Igual me tocó cargar un poco de peroles de la oficina durante todo el viaje. Me tenía que encontrar con unos compañeros de trabajo que viven en Queens y de allí nos iríamos en carro hasta la Penn Station desde donde salía el tren hacia Guachinton. Salí de la casa y caminé hasta la estación del tren, entré y esperé por 15 minutos y no hubo un solo tren que llegara. Al cabo de un rato entendí la situación; era fin de semana y esa línea de trenes estaba suspendida durante la noche. Me tocó caminar calle abajo tres estaciones en menos de 10 minutos, sino me dejaban y me tocaba pagar un taxi hasta la Penn Station. Llegué con la lengua de corbata justo a tiempo.
El viaje hasta Guachinton duró menos de 5 horas y el tren no era más feo porque no podía. Por la fama del Amtrak pensé que los trenes eran una maravilla. Pues no, el tren era pequeño, no daban comida, los asientos incómodos, el Wi-Fi era extremadamente lento y el precio del boleto era extremadamente caro. La vez anterior me fui en autobús. El pasaje nos salió en 20 dólares ida y vuelta y el autobús era hasta más bonito y el Wi-Fi era mejor.
En la XIX Conferencia Internacional
sobre VIH y Sida
Llegamos a la capital del imperio y agarramos un taxi hasta el hotel. Ya comenzaba a sentir el calor, pero de aire acondicionado en aire acondicionado casi ni me daba cuenta del infierno al que había llegado.  Ese mismo día se hizo un coctel de inicio de la conferencia en la casa del embajador de República Dominica. Obvio que no podía faltar. Me fui con traje prestado, zapatos prestados, corbata prestada, pero lo importante era welearepear. Nada más y nada menos para la fiesta asistieron Stefanía Fernández Miss Universo 2009, diseñadores de moda famosos que yo ni conozco, gente multimillonaria y yo, el único pelabolas de la fiesta. A pesar de que estaba trabajando me disfruté la fiesta de principio a fin, tome vino hasta decir basta, hablé con toda esa gente welearepa y hasta me hice pana de Stefanía.
Los demás días fueron trabajo y trabajo, escribir notas de prensa, traducir, trabajar todo el día, traducir, escribir notas de prensa y trabajar, oh y también… trabajar.
Washington es una ciudad espectacular. Hasta los momentos la considero como una de mis ciudades favoritas. Es limpia, en realidad diría impecable. Muy organizada y los museos son gratis. Para quienes no lo sepan Washington es la capital de Los Estados Unidos de América, no es Nueva York. He escuchado a unos que dicen que los Niuyores es la capital del imperio. Nueva York es la capital del mundo, más no la del imperio. El nombre oficial de la ciudad es Distrito de Columbia y es una entidad diferente a los 50 estados del país. Se encuentra en el medio de los estados Virginia y Maryland y en ella se encuentran las sedes de organizaciones como la Organización de Estados Americanos, el Banco Interamericano de Fomento y las tres ramas del gobierno estadounidense. Cuenta con una población de 581.530 habitantes, nada comparada con Nueva York y Caracas, cada una con 8 y 7 millones de habitantes respectivamente.
A diferencia de Nueva York, Washington me pareció una ciudad muy tranquila y menos contaminada; además, está muy muy organizada y de vez en cuando ves pasar carros negros a toda velocidad por la calles seguidos de patrullas de la policía y la gente se emociona y saca las cámaras creyendo que traen a Obama en uno de esos carros.
Durante mi semana de trabajo en Washington tuve un día casi libre hasta las 4:00 p.m. Cómo ya conocía la ciudad decidí alquilar una bicicleta en unos puesto de alquiler de bicicletas que están en varias partes de la ciudad. Es el mismo sistema que tienen en Londres y Sevilla. Las bicicletas están estacionadas en tubo largo y hay una pantalla táctil donde puedes elegir una. Les recomiendo leer bien las instrucciones de pago y no caer por idiotas como me pasó a mí. Después terminé pagando más de 40 dólares. Lo que sucede fue que leí las instrucciones mal. Decía algo así: “si el viaje dura menos de 30 minutos será completamente gratis, de lo contrario se cobrarán 10 dólares por hora más algo ahí todo raro”. Yo no sé qué leí yo, pero cuando leí pensé que era barato y calculé que todo el viaje me saldría como en 15 dólares. A los días cuando reviso el estado de cuenta me doy cuenta de que me habían cobrado 45 dólares. Les escribí un correo electrónico donde los insulté (siempre yo de marginal) y los pobres me respondieron muy amablemente y me explicaron lo que me habían cobrado y no me quedó más que decirles gracias. Así que tengan cuidado si alquilan una de estas bicicletas. Aunque de verdad les recomiendo un paseo así, es genial.
Parte de mi equipo de trabajo
Ese día hacía un calor abrasador. Jamás en mi vida había sentido tanto calor. Hacía 110° Fahrenheit, lo que se traducen a 43° centígrados. Sí, sé que tal vez no es mucho, pero la humedad era del 100% y eso se traduce como mucho, mucho calor. Salí con un pote de agua inmenso dispuesto a no deshidratarme. Pero no fue suficiente. Comencé mi paseo en bicicleta por la ciudad. Hay un rallado especial para los ciclistas, lo que quiere decir que no hay riesgo de que te atropelle un carro. El primer sitio que visité fue el monumento a Washington, el gran obelisco muy representativo de la ciudad. Este gran obelisco es un monumento al primer presidente de los Estados Unidos y durante los primeros años de su creación era la estructura más grande del mundo hasta que se construyó la Torre Eiffel en París. El monumento está elaborado en mármol, granito, piedra arenisca y tiene una altura de casi 170 metros. Hay un ascensor que te lleva hasta la punta del obelisco desde donde se puede ver toda la ciudad. Lamentablemente esta vez no estaba permitido subir al obelisco debido a un reciente temblor que había fracturado parte del monumento. Por suerte, hace unos años atrás cuando visité la ciudad por primera vez, sí tuve la oportunidad de subir hasta a punta del obelisco y ver todo Washington de punta a punta. Incluso se ven los estados Maryland y Virginia.
Seguí en mi paseo en bicicleta por la ciudad y llegué hasta el monumento a Lincoln. La mayoría de los sitios turísticos están muy separados entre sí, así que les podría tomar varios días visitarlos todos. El monumento a Lincoln se trata de un edificio con forma de templo griego y queda después de pasar el obelisco de Washington y el famoso estanque reflectante (the reflecting pool) donde se refleja el obelisco y también el monumento de Lincoln, depende del lado desde donde se mire.
Este monumento tiene una gran escultura de Abraham Lincoln sentado e inscripciones de dos conocidos discursos de Lincoln. Además, en este monumento han tenido lugar muchos discursos importantes, incluyendo el de Martin Luther King "Yo tengo un sueño", que fue pronunciado el 28 de agosto de 1963 durante la manifestación al final de la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad. La parte principal del monumento es la estatua de Abraham Lincoln y en la pared del fondo se lee lo siguiente: “EN ESTE TEMPLO, COMO EN LOS CORAZONES DE LA GENTE POR LA QUE SALVÓ LA UNIÓN, SE CONSAGRA PARA SIEMPRE LA MEMORIA DE ABRAHAM LINCOLN”.
Al fondo el Obelisco de Washington

Había dejado la bicicleta afuera para entrar un momento al edificio y cuando salí estaba aún allí. Nadie me la había robado. La tomé y seguí andando. Vi a varias personas con las mismas bicicletas que yo y ahorita que pienso no sé si ellos también leyeron mal las instrucciones o simplemente no les importó gastar más de 40 dólares por ese paseíto.
Continué mi viaje hasta que llegué a otro de los monumentos más bonitos de la ciudad, el monumento a Thomas Jefferson. Se trata de otro edificio, pero éste tiene una cúpula y dentro una estatua de Thomas Jefferson. El edificio se encuentra al aire libre dentro del West Potomac Park en la orilla del río Potomac.
Luego pasé al frente del Capitolio de los Estados Unidos. Es un edificio enorme con una arquitectura espectacular. En él se encuentran las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos. Se comenzó a construir en 1800 y actualmente es una de las principales atracciones turísticas de la ciudad y de todo el país. Actualmente su diseño original ha cambiado un poco, pero se conserva la idea original de su diseñador, el arquitecto William Thornton. El ala norte del capitolio corresponde al Senado y el ala sur a la Cámara de Representantes. En los pisos de arriba hay galerías para que el público pueda observar las sesiones en determinadas ocasiones, pero lamentablemente no tuve la oportunidad de entrar al capitolio.
Por supuesto que no podía dejar de echarle un vistazo a la Casa Blanca. Como imagino que muchos sabrán, por lo menos gracias a las películas, la Casa Blanca es la residencia oficial del presidente de turno de los Estados Unidos.
Como su nombre lo indica, es un edificio blanco localizado en la Pennsylvania Avenue Nº 1600 al noroeste de Washington D. C. se construyó durante el mandato de George Washington y se inaguró en 1800. El nombre formal del edificio era el Palacio Presidencial o la Mansión Ejectiva, hasta que el presidente Theodoro Roosevelt la llamó “La Casa Blanca”. Aunque muy pocos se dan cuenta de lo grande que es la Casa Blanca (incluido yo) el edificio tiene 6 pisos y 5.100 m², 132 habitaciones y 35 baños en los dos pisos de arriba, 412 puertas, 147 ventanas, 28 chimeneas, 60 escaleras y 7 ascensores. No se puede entrar al edificio o por lo menos yo no puede entrar, se puede ver desde afuera y en realidad no se logra apreciarla desde muy cerca.
Como a eso de las 3:00 p.m. ya había visitado algunos sitios turísticos de la ciudad y me regresaba al hotel. Sin darme cuenta había llevado más sol que una teja y me había tomado toda el agua que cargaba, y eso que cargaba con un termo de casi un litro de agua. Cada vez tenía más sed y no veía ningún lugar donde comprar por lo menos una botella de agua. Comencé a sentirme un poco mareado y de pronto veo una fuente de agua potable (hay fuentes de agua por toda la ciudad, donde puedes agarrar agua potable gratis) me bajo de la bicicleta, la dejo recostada de un banco y me sentía más y más mareado. Lo próximo que recuerdo es despertándome en el suelo. Me desmayé cual mujer embarazada. Había sudado tanto, que el litro de agua que me había tomado no había servido de nada. Además, no exagero cuando digo que el calor era insoportable. Ni las ciudades más calientes de Venezuela se pueden comparar con el calor que hacía ese día. No sé cuánto tiempo duré en el suelo, sólo sé que no había nadie cerca, nadie me vio desmayarme o si alguien me vio, se hizo el loco y no me ayudó. Como pude me senté en el banco entre la bicicleta y la fuente de agua. Llené mi termo y me tome casi otro litro de agua sin pensarlo. Comencé a temblar sin poder controlarlo y me sentía aún mareado cuando me ponía de pie. Así mismo me monté en mi bicicleta y comencé a andar hasta que encontré un puesto de periódicos, fui a pagar, pero no tenía dinero en efectivo, por lo que me tocó encontrar un cajero automático, sacar 20 dólares y regresar al puesto de periódicos. Allí compré un geitorei (gatorade). Me lo tomé en cuestión de segundos y fue lo que hizo que me volviera el alma al cuerpo. Me había deshidratado por estar expuesto tanto tiempo al sol y ejercitándome con la bicicleta. Por un momento me asusté, pero después que se me pasó el patatús, me subí a mi bicicleta y seguí mi camino.
Welearepeanod con Miss Universo 2009

Lamentablemente ya se me había acabado el tiempo libre y tenía que regresar a trabajar.
Al día siguiente había planificado con varios compañeros de trabajo visitar el museo del holocausto (http://www.ushmm.org/) Uno de los museos que más me impactó la primera vez que visité la ciudad. Recuerdo que esa vez quedé con ganas de conocerlo más porque no sabíamos del museo y lo vimos por casualidad mientras caminábamos, entramos y nos quedamos impactados. Así que en esta visita no podía dejar de entrar y conocerlo bien.
El museo es inmenso y consta de varios pisos con varias exhibiciones que relatan las atrocidades del genocidio nazi que se llevó a cabo durante la segunda guerra mundial. Entre las exhibiciones permanentes se encuentran:
La Exhibición Permanente de la USHMM que es una de las más grandes del museo. Comienza en la segunda planta del museo y termina en la cuarta planta. Es la historia cronológica del holocausto a través de más de 900 artefactos, videos y teatros. Puedes ver secuencias de películas de la época e incluso testimonios de testigos. Se muestran imágenes de los campos de concentración nazi, hay maquetas donde se muestran cómo eran las cámaras de gas y los guetos de la Europa ocupada de 1939 hasta 1944.
Todo este recorrido les puede tomar hasta casi 3 horas. Recorrer el museo completo les podría tomar fácilmente medio día o incluso más. Así que si quieren disfrutarlo tomen sus previsiones al respecto.
Otra exhibición importante es la Torre de los Rostros. Se trata de una torre de tres pisos dentro del edificio que recolecta miles de fotografías de la vida cotidiana de un pueblo de Lituania antes de la Segunda Guerra Mundial. El 99% de los habitantes de este pueblo eran judíos un total de casi 3.500 personas. En septiembre de 1941 la fuerzas alemanas mataron sistemáticamente a casi todos los habitantes.
Otra de las exposiciones permanentes y que está más enfocada a los niños es la Historia de Daniel. Es una exposición que se centró en explicar el holocausto a los niños. Se presenta la historia de Daniel, un niño imaginario que se creó en base a las historias reales de muchos niños que vivieron esta terrible parte de la historia universal. Es una casa donde entras y vas viendo cómo vivían antes de la Segunda Guerra Mundial y después como, poco a poco, todo fue cambiando hasta que fueron llevados a los campos de concentración y las malas condiciones en las que vivieron.
Antes de entrar en la exposición permanente, el visitante recibe una tarjeta de identificación que explica la historia de una víctima o sobreviviente del Holocausto. El Museo del Holocausto no habla solamente de los judíos, aunque estos fueron los más afectados durante la Segunda Guerra Mundial. El museo considera como víctima o sobreviviente a cualquier persona, sea judía o no, que haya sido desplazada, perseguida o discriminada por cualquier razón durante la Segunda Guerra Mundial.
Concierto de Juanes

Para entrar al museo y debido a la gran cantidad de visitantes que recibe por año (más de 15 millones de visitantes) entre marzo y agosto los visitantes deben adquirir un pase que está disponible en el museo el día de la visita o en línea en la página web del museo.
Algo que no podía dejar de mencionar. A parte de ir a welearepear a Guachinton, asistir a fiestas welearepas y que además, también me pagaran por eso, me regalaron una entrada para el concierto de Juanes en primera fila. Admito que no soy fanático de la música de Juanes, pero jamás en mi vida había ido a un concierto y la primera vez fue en VIP jajajaja. Definitivamente andaba en mi mayor época de suerte. Ojala que siempre fuera así.
No podía dejar de hablar del sistema Metro de la ciudad, que por cierto se parece mucho al Metro de Caracas, sólo que un poquito más welearepa. El sistema está compuesto por 86 estaciones distribuidas por todo el Distrito de Columbia y los estados Maryland y Virginia. No recuerdo exactamente el precio del ticket, pero creo que eran como 2,50 dólares aproximadamente.
Por último Guachinton es una ciudad hermosa que vale la pena visitar. Si alguna vez planean una visita a los Niuyores no pueden dejar de ir a la capital del imperio. Es una ciudad que vale la pena y está relativamente cerca. Los autobuses económicos que les mencioné más arriba se llaman MegaBus, aquí la página http://us.megabus.com/. Y son los autobuses más económicos que pueden encontrar en la costa este de los Estados Unidos. O en su defecto si quieren welearepear se pueden ir en avión o en tren, pero el viaje les saldrá un poquito caro.
Nos vemos entonces. Ya dentro de poco de regreso a los Niuyores

Abrazos desde Los Teques, la capital del monte.

Moisés

*PD: Para los no venezolanos que no entienden el título del post, se trata de un comercial de un instituto venezolano de inglés. Pueden verlo aquí:

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