domingo, 31 de marzo de 2013

¡Tierra a la vista, América ya llegué!

Shany y yo en el Subway
Ya era hora de decirle adiós a la tierra de blancos colonizadores. Era momento de decirles adiós a mi hermano Albedto y a su familia. Mi largo paseo por el viejo continente había llegado a su fin y finalmente ya estaba de camino a Los Niuyores. Una vez más tenía que pasar por el largo y tedioso proceso del chequeo del aeropuerto y pasar más de 32 horas de viaje hasta llegar a tierras americanas.

Pero esa no era la peor parte. Una vez más tenía que alimentar a Maleta Pesadilla y a Maleta de los Dolores. Ya había dejado muchas cosas en Londres y debido a mi escasez de dinero,  no había comprado nada en España, cuando mucho unos suvenires. Lo peor de esta vez era que Maleta de los Dolores no tenía ruedas, estaba sucia y medio rota, pero sólo necesitaba aguantar un viaje más. Sólo uno más y podía descansar en paz
.
Alberto salió temprano del curro (trabajo) y fue a buscarme al apartamento para llevarme al aeropuerto. Bajamos las maletas, gracias a Dios el edificio tenía ascensor. Fuimos a buscar el carro de Alberto en el edificio de su abuela. Mientras Alberto bajaba a buscar el carro al estacionamiento, me quedé en la entrada del edificio. En ese momento veo que viene un señor con su hijo de aproximadamente
20 años, ambos de rasgos indios. El señor se me queda viendo fijamente y me dice algo en un idioma extraño que no entendí en lo absoluto. "¿Será que este viejo me está insultando?" Inmediatamente recuerdo que ese señor es el dueño de una pequeña tienda de comida paquistaní que está justo al frente del edificio donde vive la mamá de Alberto. En un momento de confusión le respondí en una especie de inglés-alemán-español. Le digo al señor: "Sorry, yo no speaking your language, Entschuldigung". El señor me ve con cara de "¿Qué vaina habla éste?" y enseguida me habla en español con un marcado acento extranjero. Me dice: -"¿Tú no eres de Pakistán?"-. Otro más que cree que soy de la India o de esos lares. -"No, señor, yo soy venezolano. Más venezolano que una arepa." -"¿Venezuela?" -Sí, señor Venezuela en América del Sur, sol, playa, Chávez, petróleo, gasolina barata, Misses ¿Sabe?". Al parecer el señor no sabía de la ubicación geográfica de mi país, pero él continuó diciendo: -"Yo te he visto varias veces desde hace como dos meses y enseguida pensé que tú eras de mi tierra, yo soy paquistaní". Claro que me había visto varias veces, pues yo había comido en varias oportunidades en su restaurante y además, cada vez que tomaba el autobús para el centro, la parada quedaba casi al frente. -"¡Qué lástima! Creía que éramos paisanos"-. –“No, señor. Soy de Latinoamérica”.- Concluí con la conversación. Mi “paisano” se despidió de mí y siguió su camino junto a su hijo. Enseguida salió Alberto con el carro. Maleta Pesadilla y Maleta de los Dolores iban en el maletero del carro y emprendimos nuestro viaje al aeropuerto. Cuando le conté a Alberto lo que me acababa de preguntar mi “paisano” no paró de reír y decir: -“¡Qué fuerte, tío!”-
Mi negra y yo en el AIDS Walk NYC
Creo que ha llegado la hora de admitir que definitivamente parezco de La India. Por mucho tiempo lo negué, pero creo que ya es irremediable. La primera vez que alguien me comparó con gente de esos lares del mundo, fue durante mi primera visita a los Niuyores. En Venezuela no hay mucha gente de La India por lo que muchos no se dan cuenta de mi gran similitud, pero en la capital del mundo sí los hay. La mayoría de los taxistas son indios y todos los que atienden la famosa franquicia de café Dunkin’ Donuts también lo son. Incluso una vez andaba con dos amigos y quise comprar un café frío, la señora que me atendió me comenzó a hablar en un idioma todo raro porque pensó que yo era de Bangladesh.

De camino al aeropuerto contemplaba todo a mi alrededor y mentalmente me despedía de Andalucía. Me despedí de aquellas calles que transité muchas veces, le dije adiós al Mediterráneo, al buen vino, al jamón ibérico, a las aceitunas gratis en los restaurantes y al ocio. Le dije adiós a Europa, al famoso viejo continente. Otra vez tenía miedo. Así como cuando salí de Nueva York para Berlín. Esta vez era porque tampoco sabía qué me podía esperar en inmigración al llegar a EE.UU. Alberto encontró donde estacionar el coche y me ayudó con las maletas, mis dos compañeras de viaje. Llegamos hasta la puerta del aeropuerto y nos despedimos efusivamente. –“¡Hasta pronto, tío!”-. Me dijo Alberto. –“Nos vemos en la capital del mundo”.- Le respondí. Fue simplemente un hasta pronto, no pasaría un mes cuando nos volvimos a ver.
Hice la cola para el check-in, entregué a Maleta Pesadilla. Maleta de los Dolores fue mi compañera de cabina todo el viaje. Pasé por el control de pasaportes y esperé hasta que anunciaron mi vuelo a Dusseldorf (Alemania). Mi vuelo no era directo, tenía que hacer escala en Alemania y después tomar mi otro vuelo a Los Niuyores. Si quieren saber un poco más sobre todo mi odisea aeroportuaria pueden leer el post de ¡Aeropuertofóbico! Vale la pena echarle un vistazo. Estoy seguro de que muchos se identificarán conmigo.

Eduardito, Lizett y yo
Llegué a Alemania y me tocó pasar toda la noche en el aeropuerto. Además, tuve que esperar hasta las 4:00 p.m. del día siguiente para mi vuelo a Nueva York y a eso le pueden sumar las 8 horas y media de vuelo directo hasta la capital del mundo. Salí de Alemania a las 5:00 p.m. y llegué a Nueva York a las a las 7:25 p.m. del mismo día, pero viajé 8 horas y medias. Algo extraño, lo sé. Parece una especie de viaje en el tiempo, pero esto se debe a los diferentes husos horarios (sí, husos con H). Mi viaje de Las Uropas a los Niuyores fue traumatizante, no pude dormir ni media hora, la Tablet se quedó sin batería, vi todas las películas que podía ver y vi por la ventana hasta que me cansé. Por fin el avión ya tocaba suelo americano. Fui uno de los primeros en salir del avión, pues quería pasar por inmigración rápido y saber de una vez todas si me dejarían entrar al país o no. No tuve que hacer cola, enseguida me atendió una chama, como de 26 años, muy amable. No me hizo muchas preguntas, sólo me sonrió, vio mis documentos y me dijo “Guelcon tu de iunaitej ejteij of america” (Welcome to the United States of America = Bienvenido a los Estados Unidos de América) Fue sencillo ¡Ya estaba de regreso en el imperio! Lo había logrado. Tanta preocupación por el gusto. Estaba de nuevo en suelo norteamericano, en la tierra del dólar, en ese país capitalista mesmo. Maleta de los Dolores y yo estábamos que saltábamos de la alegría. Nos apresuramos a buscar a su hermana mayor, Maleta Pesadilla. Esperamos 5 minutos y ya ambas hermanas estaban juntas de nuevo. Maleta de los Dolores estaba ya que “estiraba la pata” así como decimos en Venezuela cuando alguien muere o va a morir. ¡Aguanta un poquito más, maletica linda! Estamos sólo a media hora de la casa. Hold on, baby, hold on!

Salimos del aeropuerto y enseguida ubicamos la línea de taxis más cercana. No tenía “ni medio partío por la mitad” nada, pero nada de nada. Mi idea al llegar a los Niuyores era tomar el AirTrain dentro del aeropuerto por $5, llegar hasta la estación Jamaica Sutphin Boulevard, hacer transferencia al tren E, bajarme en Forest Hills y caminar hasta la casa. Todo eso sería simplemente $7,5. Pero no tenía ni eso. Una vez más salió mi negra Lizett al rescate. Algo así como el Chapulín Colorado ¿Y ahora quién podrá defenderme? ¡Yo! Grita Lizett. –“Toma un taxi en el aeropuerto y yo lo pago cuando llegues a la casa”.- Me dice Lizett el día antes de salir de Málaga a NYC.
Así fue. Tomé un taxi del aeropuerto hasta Forest Hills. Ya mi suerte había sido mucha, así que para equilibrar me tocó el taxista más odioso de todos. Cuando me monto el tipo me dice con un tono medio obstinado:

-¿Para dónde vas?-
-Pa’ la casa de la hija tuya, hijo de……- Fue lo que me provocó decir, pero en cambio le respondí con la dirección exacta de la casa.
-¿Vives allí o vienes de visita? ¿Sabes llegar?- Me pregunta el taxista.
Ya va ¿No sé suponía que él era el taxista y se sabe las direcciones?
-Vivo allí, pero en carro no sé llegar, siempre uso el Subway- Le respondo. Ni por el coño le digo que voy de visita (aunque prácticamente ya vivía ahí) no vaya a ser que el tipo me viera cara turista y me cobrara más de la cuenta.

Le medio explico hacia donde voy siempre usando las estaciones del Subway como referencia. El tipo como que medio entiende y se pone en marcha. Era necesario que el taxista me dejara en la puerta del edificio porque de lo contrario no podía pagarle. Al cabo de unos 20 minutos aproximadamente llegamos a Forest Hills. Ya comenzaba a reconocer el vecindario. Pero el taxista agarra para el lado contrario antes de que yo le diga qué dirección tomar –¡Por ahí no, bruto! Es para el otro lado-. El tipo logra dar la vuelta y esta vez logra agarrar por donde era. Ya estábamos cerca del edificio y le digo: -“Hacia la izquierda”-. El tipo dobla hacia donde le digo y resulta que la calle era en dirección contraria. Ya sin poder echar para atrás el tipo casi me mata y me dice que por qué coño no le dije que esa calle era en dirección contraria. –Perdón, pero la verdad es que no sabía-. El taxista llega a la puerta del edificio y de muy mala gana se estaciona, se baja y me ayuda a bajar las maletas. Salgo corriendo y toco el intercomunicador para avisar que ya había llegado, pero no salen. Me asusté. Dígame si no están en la casa. Este tipo mínimo se lleva una de las maletas. Sale alguien y abre la puerta del edifico. Aprovecho y entro. Corro hacia el apartamento y toco la puerta. Escucho a Shania gritar –“Ya llegó Moi, mami”-. Abre la puerta y ambas en lugar de abrazarme se me quedan viendo fijamente. Lizett exclama: -¿Mijo, qué coño te pasó que estás más negro que un carbón?” y los tres estallamos de las risas. Sí, en realidad estaba más negro que nunca gracias a dos meses de sol intenso en Málaga. –“Negra, apúrate antes de que el taxista amargado se lleve mis maletas”.-

Salimos y el taxista esperaba impaciente afuera. Lizett le pagó y le dio propina (Siempre deben dar propina en el imperio, es algo a lo que me cuesta acostumbrarme)
Ya por fin estaba de regreso después de casi 5 meses en las Uropas. Shania estaba feliz de ver a su hermano “negrito” de nuevo. Y yo estaba sumamente contento de sentirme como en casa una vez más. Entramos al apartamento arrastrando mis dos pesadas maletas. Ya Maleta de los Dolores estaba de regreso en casa y pudo morir en paz. Le agradezco su compañía y todo lo que hizo por mí, pero ya había hecho demasiado. Era justo y necesario que descansara en paz. Pero eso sí, no sin primero sacar todas mis cosas.

Fue así como una vez más llegué a la capital del mundo, conocida por muchos venezolanos como “Los Niuyores”. Ya los meses de vagancia en el viejo continente se habían acabado. Me esperaban 6 meses más en el imperio mesmo. Serían 6 meses de trabajo, de reencuentro, de rumbas nunca antes vividas, de decisiones importantes y de mucha aventura. Era ahora tiempo de ir a Washington D.C, Chicago y Kentucky antes de regresar a Venezuela.

Aún faltan más historias por contar.

Nos vemos muy pronto.

Un abrazo desde Caracas,

Moisés

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