viernes, 7 de diciembre de 2012

¡Lo siento ha perdido su vuelo de Barcelona a Málaga!

Las Ramblas
Mi estadía en la Madre Patria apenas había comenzado. Mi experiencia en Málaga cada día se intensificaba, me hacía,  cada vez más,  amante del tinto de verano y del jamón ibérico. Mis días en la costa del sol fueron días de descanso y ocio total. Me despertaba entre las 10:00 y 11:00 a.m. veía todos los chismes que podría ver en Facebook y luego salía a caminar.
Mis primeras caminatas, después de las de Semana Santa, fueron a la Malagueta, una de las playas de la Costa del Sol. La Malagueta es una playa amplia, de unos cuantos kilómetros de extensión, de arenas color marrón un poco oscuras y aguas frías, si las comparamos con las aguas del caribe. Sólo una vez cometí la osadía de sumergirme en aguas del mediterráneo y créanme que no me quedaron más ganas de hacerlo. Sin embargo, creo que en la comparación se pierde la autenticidad, por eso prefiero hacer énfasis en lo positivo de cada lugar.
Todos esos días en Málaga transcurrieron lentamente, pero jamás llenos de monotonía. Cada día tenía algo nuevo qué hacer y supe aprovechar cada uno al máximo. Sabía que después de estos dos meses de vacaciones no tendría más días libres como esos, en Nueva York me esperaban 6 meses de trabajo duro y deudas que pagar.
Cuando no iba a caminar por la orilla de la playa, bajo 25 grados centígrados, decidía caminar por el centro turístico de la ciudad y aprovechar la oportunidad de tomar decenas de fotos con la mega cámara de Alberto. Durante esos dos meses me olvidé de mi cámara y me adueñé de la de él por completo. Muchas veces salí con Alberto y Ana, otra buena amiga malagueña, que conocí gracias a Alberto. Fuimos a tomar “cañas” y a comer “rocas” una especie de pan en forma de rosca, valga la redundancia, y relleno de carne o pollo.
Cierto día, mientras conversaba con mi querida amiga welearepa Gabriela del Karma González Narváez y hablábamos de su próximo viaje welearepa a las Uropas, coincidimos en que yo estaría en España la misma fecha en la que ella iría. Pero aún había un problema. Ella iría junto con su madre a Barcelona y yo estaba en Málaga. Se los pongo más gráfico y criollito: Yo estaba en San Cristobal y ella en Caracas, algo así. Un viaje en autobús me tomaría muchas horas, además, no era muy económico que se diga. Comencé a ver pasajes económicos que coincidieran con los días que ellas estarían en Barcelona. Luego de un par de días buscando sin éxito, me gané la lotería. ¡Bingo! Pasaje ida y vuela desde Málaga hasta Barcelona en tan sólo 35 euros. La aerolínea era Ryanair, aquella misma con la que había volado a Málaga desde Londres. Aún después de dos meses y medio en las Uropas, me parecía asombroso poder encontrar pasajes a este precio. No lo pensé dos veces y en seguida compré el pasaje. Sólo dos días en Barcelona, pero lo más importante era que después de un año volvería a ver a mi única, excéntrica e inigualable Gaby, y además, conocería de una vez por todas a su bella madre. El 11 de abril de 2012, estaba ya listo para el rencuentro.
Gaby y yo en las Ramblas de Barcelona
Arreglé sólo un bolso de mano con algo de ropa y unos suvenires que les di a Gaby y su madre, respectivamente. Me acosté con ansias y feliz porque nos volveríamos a ver. El despertador sonó a las 6:00 a.m. Alberto aún dormía, intenté no hacer bulla, aunque creo que sin mucho éxito. Me bañé, tomé mi morral y salí camino al aeropuerto. La ida fue muy sencilla. Dos calles después del edifico donde vivía Alberto, pasaba un autobús que me dejaba en la estación de trenes María Zambrano y de allí tomé un tren hasta el aeropuerto. Llegué justo a tiempo, no tuve que chequear maletas, pues sólo llevaba equipaje de mano. Los empleados de Ryanair sólo vieron mi pasaporte, me vieron la cara, le pusieron un sello con la fecha a mi tarjeta de embarque y me dejaron pasar a la zona de embarque. Una vez más pasé por el control de seguridad y luego me senté cerca a esperar que notificaran la puerta de embarque. Veinte minutos más tarde estaba haciendo la cola para abordar. Subí al avión. Agarré el primer puesto que vi en la ventana, pues como ya lo explique en posts anteriores, estas aerolíneas de bajo costo no asignan puestos, y esperé pacientemente las dos horas que me separaban de Barcelona.
Al llegar al Aeropuerto Internacional el Prat, en Barcelona, ya sabía qué debía hacer. Alberto me había aconsejado dónde tomar el tren hasta el centro de la ciudad y Gaby me había dicho en qué estación bajarme y dónde las esperaría. Así fue. Tomé un tren de 40 minutos desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad y me bajé en la estación Sagrada Familia. Intenté recordar las indicaciones que me había dado Gaby para llegar al hotel donde se hospedaban ella y su mamá, pero fue en vano. Todas las calles me parecían igual y la franquicia de pollo frito Church Chicken, que me había dado de referencia, no la encontraba por ningún lado. “Pelé” (como decimos coloquialmente en Venezuela) por el GPS de la Tablet. Anoté la dirección y puff, como por arte de magia me guio hasta el hotel. Al llegar me dirigí a la recepción y le pregunté al recepcionista por la habitación de la señora Evelyn Narváez y su hija. El chamo, no muy amable, por cierto, buscó el número de la habitación y me dio el la extensión para llamarlas. El teléfono repicó y repicó y nadie atendió. Volví a marcar por una segunda oportunidad y nadie atendió. –“Deben estar por fuera”- Me dice el recepcionista con un fuerte y marcado acento catalán. Da media vuelta y me deja hablando solo. Supuse que podía quedarme allí y esperar a que llegaran Gaby y su madre. Esperé pacientemente por 20 minutos y no aparecía. Por lo menos esta vez estaba en el sitio correcto y sabía que en algún momento aparecerían por esa puerta. Efectivamente así fue. A los 30 minutos de estar esperando, la puerta mecánica se abrió y allí estaba Gaby y su madre Evelyn. Recuerdo que tenía una sonrisa de oreja a oreja y la “cogí” en fre de su mamá y la cargué de la emoción. Después de un largo año, por fin nos habíamos rencontrado. Definitivamente éste era el año de los rencuentros.
Feliz con su negro 
Después de nuestro eufórico saludo y de cansarnos de tantos abrazos, por fin, conocí en persona a la madre de Gaby, Evelyn Narváez. Aunque nos conocíamos por teléfono, Facebook, mensajes y hasta en fotos, jamás nos habíamos visto en persona.
Mi visita a Barcelona fue corta, sólo dos días. Desde un principio no había planeado ir a Barcelona, todo fue cuestión de suerte y de decisiones de última hora. Ese día comenzamos por ir a ver la habitación en el hostal donde me quedé, que por cierto fue cortesía de Evelyn. Estaba sólo a dos calles después del hotel donde Gaby y su mamá estaban. Para colmo, el recepcionista parecía guardar parentesco conmigo, tenía cara de indio, bengalí o de alguna parte del sur de Asia.
Barcelona es la capital de la comunidad autónoma de Cataluña y tiene un aproximado de 1.600.000 habitantes, según la página oficial del gobierno español. Se ubica a orillas del mar Mediterráneo muy cerca de la frontera con Francia y actualmente está reconocida como “ciudad global” debido a su gran importancia cultural, financiera y turística.
Debo reiterar que esos dos días fueron cortesía de Evelyn, la madre de Gaby. Yo ya estaba a un punto donde no tenía ni un euro partido por la mitad, pero las ganas de ver a Gaby me hicieron mover cielo y tierra para vernos de nuevo.
Todo transcurrió perfectamente. La ciudad es hermosa, única, muy europea y con lo de europea también me refiero a su gente. Después de haber estado en Málaga y haber cambiado por completo mi forma de pensar de los españoles, ahora las cosas estaban volviendo a como eran antes. La gente en esta parte de España me pareció un poco fría a diferencia de los malagueños. Para esto tengo una teoría personal: Todo es cuestión del sol ¡El sol nos hace más felices! Cataluña no es como Málaga, ellos sí tienen más marcadas las cuatro estaciones del año. Llegué en época de primavera y podía sentir la diferencia de la temperatura enormemente. Estuvo un poco nublado e incluso el segundo día llovió. Por lo visto la ausencia del sol los hace un poco más fríos de personalidad y un poco más engreídos que el resto de los españoles. Esta primera impresión de los catalanes sería sólo la introducción de los que más tarde sería testigo.
Comenzamos nuestro paseo por las calles de Barcelona mientras íbamos en busca de un amigo de Evelyn. Hablamos y nos actualizamos de todos los chismes, acontecimientos, sucesos y novedades de nuestras vidas. A la hora del almuerzo comimos algo exquisito; de entremesa melón con jamón ibérico ¡Qué cosa tan buena! el plato fuerte fue vegetales con pollo y no recuerdo que comieron Gaby y su mamá. Por supuesto, no podía faltar vino tinto para brindar. De postre nos dieron un “pijama”, no uno de dormir, sino uno comestible. Le decían así a un plato con varias porciones de diferentes postres.
Después de allí nos fuimos a caminar y luego tomamos el autobús turístico que nos paseo por los lugares más importantes y de la ciudad.
Museo de Arte de Cataluña
Pasamos por la famosa y más importante atracción turística de Barcelona: el Templo de la Sagrada Familia. Según leí en Internet, este templo es la atracción turística más visitada de toda España, después de la Alhambra en Granda (De la cual hablaré en otro post). Esta gran iglesia, es la obra maestra del arquitecto español Antonio Gaudí, por donde quieran que caminen en Barcelona escucharán su nombre. Se comenzó a construir en 1882 y hasta la actualidad no se ha completado su construcción. Gaudí murió en 1926 y no vio su obra terminada, aunque antes de morir esbozó muy bien lo que quería y lo dejó a cargo de los futuros arquitectos que en años posteriores continuaron con la obra. Sin embargo, debido a diferentes acontecimientos de la historia española moderna, la continuación de esta obra se vio afectada en diferentes oportunidades y hasta el día de hoy aún se encuentra bajo construcción.
Llegamos hasta el famosísimo estadio del Barça, tomamos fotos, pero no entramos. Sólo entrar al centro del estadio costaba 30 euros por persona, así que nos quedamos afuera porque no había tanto dinero para tanto welearepismo, con la fotico afuera ya estaba bien. Pasamos por el Puerto de Barcelona y frente al Museo Nacional de Arte de Cataluña, diferentes lugares de la ciudad que no recuerdo sus nombres y mucho más. Fue prácticamente una visita de médico y sólo logramos apreciar lo más esencial. Pude observar el gran desarrollo de la ciudad, su arquitectura es inigualable y en todos lados podemos apreciar piezas arquitectónicas únicas en su tipo. Por donde quiera que pases puedes ver un edificio diseñado de una manera rara y especial, o una casa que te llama la atención. Son pequeños detalles que si te pones a observarlos con detenimiento te das cuenta lo maravillosos que son.
Para concluir la tarde, fuimos a comprar suvenires en una tienda donde nos atendió un indio (De la india, por si hace falta explicarlo) cuyo aroma nos tenía drogados tanto a Gaby, a su mamá y a mí. Lo cómico de la situación fue Evelyn le dice que yo también era de india, pero tenía muchos años viviendo en Venezuela. El chamo se creyó el cuento y pensó que yo era más indio que él.
Una loca "uropea" welearepa
Nuestro día terminó con un paseo por las famosas Ramblas de Barcelona, uno de los lugares más concurridos de la ciudad. Comienzan en la Plaza de Cataluña y terminan en el puerto antiguo. Es una especie de bulevar llena de kioscos de prensa, de flores, de pájaros y animales domésticos, actores callejeros, cafeterías, restaurantes y comercios. Cenamos en uno de los restaurantes de las famosas Ramblas y la cena fue más que exquisita. Gaby y su madre, comieron espárragos y un aparentemente delicioso asopado de mariscos, lo de aparente es por mi imposibilidad de comer mariscos. Yo por mi parte, degusté un buen pedazo de salmón a la plancha con vegetales. Brindamos con una buena copa de vino blanco y cerramos con broche de oro: unos postres de chocolate deliciosos y una Crema Catalana.
Mi vida fue perfecta durante ese día y medio que estuve con Gaby y su madre. En general, las cosas me habían salido mejor de lo que me esperaba. Mi largo viaje me había llevado a lugares remotos y había tenido la suerte de encontrarme con personas inigualables. Ahora encontrarme con Gaby y su madre, quienes me habían llevado de nuevo esa calidez venezolana, que ya extrañaba, colmaron de alegría a este negrito welearepa.
Al parecer, tanta felicidad no podía seguir siendo posible. Durante meses había gozado de una suerte incomparable que hasta yo mismo ya me creía descendiente de algún duende irlandés.
Al día siguiente, me desperté muy temprano y fui a encontrar a Gaby y a su madre al hotel donde se quedaban. Tenían que irse al aeropuerto en la mañana, por lo que no pudo prácticamente hacer nada con ellas ese día. Mi vuelo de regreso a Málaga era a las 4 de la tarde y el de ellas, sino me equivoco, a las 12 del medio día. Nos despedimos casi llorando y con la esperanza de rencontrarnos en la capital del mundo durante los meses de verano. No me quedó de otra que recorrer la ciudad un rato mientras pasaba el tiempo. Caminé más y más y tomé fotografías desde ángulos diferentes. El día estaba nublado y el sol no se apareció ni para decir hola. Por fin el tiempo pasó y la hora de ir al aeropuerto llegó. Caminé hasta la estación del tren e hice mi cola para comprar el boleto. Había dos colas y dos taquillas diferentes. Antes de mi turno había un matrimonio con dos hijos adolescentes, e intentaban comprar un boleto a no sé dónde. Duraron como 15 minutos indecisos, mientras yo impaciente, comenzaba a perder la cordura. La otra taquilla se desocupa y rápido me “corro”. Antes de llegar, el tipo cierra la taquilla y pone un aviso de “cerrado”. Inmediatamente me devuelvo a mi lugar y en ese mismo instante el matrimonio terminó su menester. Por fin era mi turno, pero en ese momento, otra española que estaba detrás de mí también intenta pasar a la casilla y me ve con una cara como si yo me estuviese “coleando”. La ignoro por completo y cuando paso a la taquilla el tipo me dice con un tono de voz insultante: -“La tía está primero que tú, respeta el turno”-. ¡Dios mío! Éste no sabía con quién se metía. Le respondí sin pensar mis palabras dos veces: -“¿Qué? Ella era la que se iba a colear. Yo aquí llevo más de 20 minutos esperando a que los tipos esos que estaban antes se decidieran. Falta de respeto tú que no agilizas la cola y no respetas el tiempo de los demás”. Pregúntenme si el idiota éste me dijo algo. Se tragó sus palabras y me vendió el boleto sin protestar. Aunque sí con una actitud arrogante.
Tomé mi tren hasta el aeropuerto. Fueron menos de 35 minutos. Todo calmado y sin mayores inconvenientes hasta los momentos. Busqué la casilla de Ryanair, la misma aerolínea con la que había llegado. Me atiende un NULO en la vida, le entrego mi tarjeta de embarque, la verifica, me pregunta cuántas maletas voy a chequear, respondo que ninguna, sólo un morral que llevaría conmigo. No me dice más nada y me manda directo a la zona de embarque. Pasé sin ningún problema por la zona de seguridad y esperé paciente hasta que anunciaron mi puerta de embarque. Mientras tanto me senté y comencé a jugar con la Tablet. En una de esas me da por ponerme a leer la tarjeta de embarque. Al final de la hoja impresa decía “All NON EU/EEA citizens must have their travel documents checked and online boarding pass stamped at the Ryanair Visa/Document Check Desk before going through airport security” (Todo los pasajeros no residentes de la Unión Europea deben revisar sus documentos de viaje y recibir un sello en el mostrador de Ryanair antes de pasar por el control de seguridad).
Templo la Sagrada Familia
Lo leí dos veces, tres y hasta cuatro. Había algo que no me cuadraba. Se supone que yo no soy residente de la Unión Europea y por lo tanto me debieron haber puesto un sello en la tarjeta de embarque. Pero, por otro lado, si el tipo no me la puso fue por algo. Supuse que por ser un vuelo nacional las cosas eran diferentes. Anunciaron mi puerta de embarque y estaba un poco lejos. Cuando llegué me tocó hacer cola. Tenía como 50 personas delante de mí. Poco a poco van abordando los pasajeros. Noto que una señora embarazada está peleando con uno de los dos chamos que revisaban las tarjetas de embarque. La señora estaba histérica. –“¿Qué le habrán hecho?”- Pensé para mí. Continúo avanzando en la cola hasta que es mi turno. La antipática, odiosa, engreída, impertinente, inhumana, imbécil, inútil, incompetente, animal que revisó mi tarjeta de embarque enseguida le dice al chamo que peleaba con la señora embarazada: -“Otro más”. Le da mis papeles al otro y me ignora por completo y sigue con su monótona actividad. El tipo deja a la embarazada hablando sola y me dice: -“Te hace falta el sello de validación de tu visa”. –“¿Visa? ¿Cuál visa? Es un vuelo nacional, además, no necesito visa en España”- Le respondo.
“Bueno, chico. El sello de validación de tu pasaporte o lo que tengas”-. Tengo mi pasaporte a la mano y se lo enseño. –“¿Qué más quieres? Aquí está mi pasaporte ¡Velo, lee!”. Comienzo a desesperarme. “Tienes que ir de nuevo al área de check-in y en el mostrador es donde te ponen ese sello”. Me dice el tipo sin mirarme a la cara. “¿Pero qué sello? Si aquí mismo tengo mi pasaporte. Además, el chamo que me hizo el check-in no me dijo nada de ningún sello y en el control de seguridad me dejaron pasar sin problemas”. –“Ése no es mi problema, mi trabajo es asegurarme que los que no sean europeos tengan ese sello”. En una de esas la embarazada agarra su maleta de mano, levanta la cara y le dice con un acento extranjero muy bien disimulado: -“Me irán a bajar del avión con guardias y policías, pero yo me monto porque sí”. En ese instante se colocaron dos personas en frente de la puerta de embarque y detuvieron a la señora. La pobre se enojó más y comenzó a gritarles e insultarlos en un idioma que jamás entendí, creo que era checo o húngaro. Me aproveché de la situación y pensé que la señora pasaba por lo mismo que yo. Comencé a subir el volumen de mi voz y casi hasta llegué a gritar. “Déjenme subirme a ese avión” “No es mi culpa que no me hayan puesto ese sello” “Ya es demasiado tarde, voy a perder el vuelo”. El tipo inexpresivamente y me responde: “Tienes que regresar, que te pongan el sello y volver. No puedo hacer nada más por ti”. No me quedó de otra que correr como loco, no podía perder más tiempo. El área de check-in estaba LEJOS. Tenía que salir del aeropuerto y luego volver, pasar otra vez por el control de seguridad y correr hasta la puerta de embarque. Así fue, llegué casi sin aliento al mostrador de Ryanair, le dijo a la otra INÚTIL que atendía que me pusiera el sello, le digo que no me habían dicho que necesitaba eso, me miró con mala cara, me puso el sello y me dijo: -“Corre”-. Sin pensarlo dos veces corrí otra vez como loco, parecía un gato corriendo por los techos escapando de algún perro callejero. Pasé por el control de seguridad, me vestí rápido, corrí, corrí y corrí. En el camino me encontré a la señora embarazada y me dijo: -“corre que se va” Corrí más, me sentía como Forrest Gump, por fin veía a lo lejos mi puerta de embarque sin nadie afuera. Llegué con la lengua de alfombra y con una cara de perro comiendo hueso y le di la tarjeta de embarque al tipo. El muy inepto me vio de arriba abajo, tomó el teléfono y llamó al piloto, colgó y me dijo: -“Ya es muy tarde, lo siento. Perdiste tu vuelo para Málaga”. Se me cayó el mundo, quería gritar, llorar, reír, dejar de pensar. Jamás me había pasado algo parecido. Sin embargo, el chamo me dice: -“No te preocupes, ve de nuevo al mostrador de Ryanair y pide que te den un pasaje para el siguiente vuelo en dos horas”. El alma me volvió al cuerpo. Corrí otra vez como loco y llegué sudadísimo al mostrador. Espero que atiendan a dos personas más y cuando es mi turno, intento ser amable y le explico la situación a la chama que me atendió. Me dice: -“Ok, está bien, si tenemos disponibilidad para el siguiente vuelo”- ¡Bingo, gracias a Dios! Pienso en voz baja. –“Pero son 130 euros de multa por perder el vuelo”- ¡¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?!

Cenando en las Ramblas
¿130 euros? Pero sino fue mi culpa que perdiera el vuelo, fue su culpa, por ineptos y no saber trabajar. “Lo siento, pero esas son las políticas, lo toma o lo deja” “Pero no tengo dinero”. Sí tenía algo de dinero aún en la tarjeta, pero todavía me quedaba un mes en Málaga ¿Después con qué comería? “Señorita, pero entienda, no fue mi culpa, a mí no me dijeron nada de ningún sello, sino hasta cuando estaba abordando”. Le rogué. –“Lo sé, pero no puedo hacer nada por usted. Siguiente” Me ignora por completo y comienza a atender al otro cliente. No reaccioné en absoluto, entré en un fuerte estado de angustia. En eso veo que viene la señora embarazada con el esposo, a quien había llamado. El problema de ella era que tenía DOS días más de la cuenta de los que debía tener para que pudiera viajar estando embarazada. ¡DOS DÍAS! Y por eso no la dejaron abordar. El esposo les ha formado un escándalo a las tipas que atendían que hasta salió la supervisora y le pidió que se calmara. Al cabo de unos minutos salió la tipa ¡Y LE DIO UN PASAJE NUEVO A LA SEÑORA! Cuando veo esto, llamo también a la supervisora y le explico mi situación. La tipa me dice que no cree que pueda hacer nada por mí, pero que espere mientras llama a la oficina principal en Irlanda. Esperé 15 minutos y no salía. Me conecté a Internet y comencé a buscar pasajes de regreso a Málaga con otras compañías: 100 euros, 150 euros, 250 euros y las cifras subían. El pasaje ida y vuelta sólo me había salido en 35 euros, y precisamente por eso había decidido ir. 100 euros ya era demasiado y en esos días para mí, eso era comer o morir. Al cabo de un buen rato, sale una de las “empleaduchas” y me dice: -“Te mandó a decir la supervisara que no se puede hacer nada por ti, adiós”.
¡Ay Dios mío! La tipa esa acaba de firmar su acta de muerte y estaba apunto de presenciar a un tuki[i] en acción. ¿Cómo que no pueden hacer nada por mí si fue su culpa no la mía? La tipa viene y cierra la ventanilla, me da la espalda y se va. Comencé como loco a pegarle golpes con los puños cerrados a la ventanilla que todos los que estaban en el aeropuerto voltearon a verme. Comencé a gritar, perdí el control por completo, grité, golpeé el vidrio hasta que salió de nuevo la empleada.
“¡Cálmese por favor y entienda que no podemos hacer nada por usted!”
-“¡Tú te callas que yo no hablo con los payasos, me llamas a la dueña del circo, mija”-
Salió la supervisora con actitud dominante y me dijo: -“No haremos nada al respecto, señor”
-“No me interesa, ustedes me consiguen un pasaje para Málaga. Yo no me puedo quedar varado en esta ciudad que no conozco, donde no conozco a nadie, no tengo dinero, no sé que puedo hacer”- La voz me temblaba y comenzaba a hablar agitado.
"Pijama"
-“Bueno, lo que puede hacer es llamar a un familiar, que le presten una tarjeta de crédito y comprar otro pasaje”
-“¿Llamar a un familiar? Mira, ridícula, yo soy venezolano y en Venezuela hay una cosa que se llama CADIVI y eso significa que no hay dólares, no hay real, así como decimos allá, no hay cobres. Esa no es una solución ¡ME CONSIGUEN MI PASAJE!” De nuevo comencé a golpear el vidrio.
-“¡Qué no le vamos a conseguir nada!” – “Lo que me pueda pasar va a ser culpa de ustedes, imbéciles, los voy a demandar, inhumanos, racistas, españoles mediocres por eso es la crisis los está matando, desgraciados, se lo merecen ¡Los demandaré!” Continué gritando, esta vez ya sin control.
-“Haga lo que usted crea más conveniente, pero yo no puedo hacer nada por usted”- Golpeé más fuerte el vidrio.
-“¡Vamos a llamar a seguridad sino se calma!”-
-“¡Pueden llamar a Chávez, a la CIA al Papa, si les da la gana! ¡YO QUIERO MI PASAJE!”
En realidad no sé cómo no llegó seguridad. Lo cierto es que cerraron la ventanilla, apagaron las luces, me pasaron una hoja de reclamo por debajo del vidrio y se fueron ¡Se fueron las desgraciadas!
Las odié, odié a todos los catalanes fríos y engreídos. Se me salieron las lágrimas de la rabia y no me quedó de otra que comprar el pasaje de regreso: 100 euros. Gracias a Dios cuento con excelentes amigos y Eiron, un buen amigo, me prestó el dinero. Transfirió dinero a mi cuenta, pero en momentos de estrés parece que todo conspiraba para mal ¡La tarjeta no pasaba! No pasó y no quiso pasar. No me quedó de otra que llamar a Alberto y pedirle que me comprar el pasaje y luego yo le daba el dinero una vez estuviese de regreso en Málaga.
Compré un pasaje en 100 euros con otra aerolínea de nombre Vueling. Pero eso no fue todo, el vuelo era para el siguiente día a las 9:00 a.m. Tuve que pasar toda la noche en el aeropuerto y esta vez no tenía la mágica cobijita poco masculina de Shania.
No puedo decirles que no vuelen con Ryanair cuando estén en las Uropas, porque en realidad es una de las aerolíneas de bajo costo más económicas que pueden encontrar, pero si les aconsejo algo, tomen precauciones y tengan mucho cuidado cuando usen este tipo de aerolíneas.
Al fondo el estadio del Barça
Al día siguiente a las 9:00 a.m. abordé un avión con destino a Málaga, una vez más. Llegué dos horas después. Tomé mi tren hasta el centro y de allí llegué a mi/la casa /de Alberto. Caí como piedra en la cama.
A pesar del mal rato, fue una experiencia que me enseñó a ser más precavido y no confiarme en este tipo de situaciones. Estoy seguro que será algo que no me volverá a pasar y espero que mi experiencia les sirva a muchos también. Además, no importa lo malo, pero no me arrepiento de haberme rencontrado con Gaby y su madre y haber pasado dos días excelentes en compañía de dos personas a quienes quiero mucho.

A las horas llegó Alberto, tomé la cámara, me vestí de “reportero” y juntos nos fuimos a una cata de vino que ustedes ya conocen…

Un gran saludo desde Caracas,

Moisés



[i] Delincuente juvenil caraqueño

9 comentarios:

  1. Desconocía tu peripecia en Barcelona, pero no te has de extrañar del comportamiento de aquellos, sabrás, que ellos no quieren ser españoles; ahí tienes la razón.Muy buen relato,tan bueno que siente uno la angustia que tú debiste sentir.Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Mariano, tarde mi respuesta, pero segura! Ya por fin estoy de "vacaciones" y ahora tendré un poco más de tiempo para dedicarme al blog!
      Con respecto a tu comentario, ya entiendo porque ellos no quieren ser españoles! Definitivamente son diferentes... Qué mal que me tuve que llevar esa mala experiencia, pero igual disfruté mi viaje "exprés".
      De resto, España me encantó!!!!!!!
      Un abrazo, tío!

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  2. Lo leí anoche Moi! Me reí y me acordé de aquella llamada por skype de pura casualidad!!!! ajjaja abrazo!

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    1. Quien eres??? lol Jajaja gracias por leer igualmente :)
      Un abrazo!

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    2. No mames... soy Alberto.

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    3. Oraleeee! A poco que sí? La neta que no lo supe hasta ahorita! :)

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  3. Bueno, no sé qué rayos le pasó al perol este... Ay Moi... esos dos días en Barcelona fueron súper #WeleArepa! y fueron el preambulo de nuestro welearepismo por NYC. ¡Te extrañaba mucho, negrito, y me hizo muy feliz poder pasear contigo y mi mami por Barcelona, tío! Que he flipao! ¡Te mega amo, baby! Gracias por se la mitad el Yang naranja de mi Ying verde y por tu 20% de Limonada. Aunque la limonada fue en NYC, pero bueno, te perdono esa. xD Gracias por cruzar la Madre Patria para ir a verme. You are the best ever, ever! Cada día me siento más orgullosa de ti y de lo mucho que has alcanzado, baby. ¡Enhorabuena, #MaiTruLof!

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    1. Awwww #Maitrulof #Welearepa también te mega adoro. Gracias por alegrarme esos días en la madre patria! Fueron el top del #welearepismo y fui muy felizzzzz! Gracias por toda esa chicha y los vasos de limonada que nos hemos tomado para refrescarnos. Te lobiu

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