miércoles, 21 de noviembre de 2012

Yo cojo, tú coges, ella coge, él coge, nosotros cogemos, vosotros cogéis


Calle Marqués de Larios, Málaga
Después de pasar cuatro años de mi vida estudiando “idiomas”, creo que por fin, he entendido muchas cosas que antes pensé que sabía. Eso de las variaciones de las diferentes lenguas, conocidos en el ámbito lingüístico como “dialectos”, es algo que me apasiona. Nuestro idioma, llámese “Español” o “Castellano” en España, representa la voz y expresión de más de 450 millones de personas a nivel mundial y más de 80 millones más, que lo aprenden como segunda lengua. Hoy, estoy orgulloso y feliz (sobre todo feliz) de ser hablante nativo de este idioma tan maravilloso, complejo y único. Más todavía, adoro hablar español venezolano. Una variante tan magnífica que muchas veces parece ser un idioma completamente diferente. Nosotros, los venezolanos, con nuestras palabras, nuestro acento acelerado, nuestra aspiración de la “s” al final de las palabras y otras cosas más, simplemente enriquecemos más esta lengua.
¡Gracias a Dios no me tocó aprender español como segunda lengua! Por lo menos me ahorré el proceso de aprenderme las palabras, la sintaxis y las expresiones. Aunque después de viejo, lo tuve que estudiar a fondo, y al igual que otros, sufrí intentado entender sus normas y “excepciones”. Sin embargo, hoy lo amo y por fin lo entiendo. Y, lo mejor de todo, es que afirmo con propiedad, que no hablo un mejor o peor español. Sólo hablo una variante más de la segunda lengua más hablada a nivel mundial.

Admito que toda la vida, y antes de comenzar a estudiar lingüística, odié el acento de España. Esa pronunciación de la “C” y “Z” me hacía doler la cabeza. Además, la pronunciación exagerada de la “S” que la hacía sonar casi como una “SH” era lo que más detestaba. Esas películas dobladas al español de España eran simplemente un dolor de cabeza. Prefería verlas en inglés, aun cuando en esa época mi nivel de inglés no me daba para tanto. Lo cierto, es que poco a poco con los años fue creciendo en mí ese sentimiento negativo hacía el español de España. Para colmo, conozco varios españoles que me dicen que ellos sí hablan un español correcto y que nosotros los latinos, en especial los de la región del caribe, lo que hacemos es “destruir” su idioma. Imaginen mi cara de WTF? En ese momento no tenía argumentos válidos para destruir su hipótesis racista y mal planteada, pero ahora sí. En este momento simplemente les diría a esos españoles: Lean, estudien, razonen y después golpéense a sí mismos.
Cuando conocí a Alberto, mi opinión sobre los españoles comenzó a cambiar drásticamente. Lo primero que me dije cuando lo escuché por primera vez fue “¡Otro españolete más!”. Pero, cuando llegué a conocerlo más y más, supe lo errado que yo estaba. Además, su acento era completamente diferente al de las películas dobladas. Él tampoco pronunciaba las “s” al final de las palabras. Aunque sí hacía distinción entre las “s” y la “c” y “z”. Más tarde me di cuenta de que los españoles eran amables y eran como cualquier otro hispanohablante, sólo que yo había tenido la mala suerte de toparme con los más arrogantes de todos.

Jardín Botánico la Concepción
Mi concepto sobre España y sobre los españoles cambió drásticamente después de vivir dos meses en la comunidad autónoma de Andalucía, al sur de España. Fue una estadía cálida y una escapatoria al terrible frío europeo.  Málaga es conocida como la costa del sol y lleva con orgullo ese sobrenombre. Allá no hay nubes que impidan el paso del sol y en verano oscurece pasadas las 10 de la noche. La vida es “bulliciosa” y los horarios transcurren de manera diferente al resto de los países europeos. Se desayuna a las 9:00 a.m. o 10:00 a.m., la hora del almuerzo es sobre las 3:00 p.m. y la cena es alrededor de las 11:00 p.m. Pero lo mejor de todo era que por fin podía hablar español ¡Qué gran alivio! La verdad fui muy iluso. No entendía muchas palabras y algunas expresiones como el verbo “coger”,  que en Venezuela y otros países de Latinoamérica, tiene otra connotación; aún me hacía mucho ruido. Comencé a pensar que los españoles eran algo aberrados. “Cógeme aquí, cógeme esto, qué te tires que yo te cojo” y así sucesivamente frases que me dejaban pensando mucho.
Los primeros días en Málaga, Alberto me dice: -“Moi, hoy vamos a ir a comer tapas”. ¿Tapas? WTF? Quedé perdido en el espacio por un tiempo. –“Así estará de fuerte la crisis en España que esta gente hasta tiene que comer tapas, y yo que me quejaba de Venezuela”-. La cara de Alberto al ver la mía y darse cuenta que no entendía eso de “tapas”, era un poema. Creo que se dio cuento y fue entonces cuando me explicó. Tapas se refiere a platos de comida pequeños, es decir, uno va a un restaurante y pide una “caña” (cerveza) y ésta usualmente viene acompañada de una pequeña comida. Puede ser un sándwich relleno con jamón ibérico, una ensalada pequeña, unas gambas (camarones) o lo que sea. No, no tienen forma de tapas y tampoco le veo la lógica en ser llamadas “tapas” a este estilo de comida. Lo cierto, es que este concepto ha evolucionado en España y hasta ha cruzado las fronteras y el charco hasta llegar a la capital del mundo. En Nueva York, puedes encontrar “restaurantes de tapas”. Aunque nada como tomarse un buen tinto de verano y unas tapitas a la orilla del mar mediterráneo. Pero, cuando no se pude, toca comérselas a las orillas de Hudson River o en su defecto, a las orillas del Guaire en Caracas. 
Mi estadía en España coincidió con la Semana Santa. Recuerdo no haber pensado nada extraordinario antes de llegar a Málaga, sólo que sabía que España era un país muy “católico”. Jamás me imaginé lo que me esperaba por allá. Para la gente de Málaga, Semana Santa es el momento más esperado del año. Seas devoto o no, Semana Santa es un espacio que nadie puede dejar de lado. Recuerdo que Alberto me llevó como espectador en una entrevista de una radio local dónde él trabajaba. Asistieron varias personas, creyentes, otros no creyentes, unos en contra de la Semana Santa y otros a favor. Hablaron y hablaron y yo no entendía absolutamente nada. A parte de tener un acento tan fuerte, no lograba entender el lenguaje técnico que utilizaban. Hablaban de “cofradías”, del “cautivo”, de las procesiones que harían, etc.
Capirote
Cuando el lunes santo llegó, la ciudad entera se transformó. Hay aplicaciones para de la Semana Santa Malagueña en Iphone y Android, con las cuales puedes estar actualizado con todas las novedades de esta festividad. Además, las procesiones que se organizan son únicas en su tipo. Son una mezcla de dinero, exageración, devoción, posición social, belleza, originalidad, entre otras cosas. Aquí podría pasar días y hacer listas con adjetivos que describan la Semana Santa Malagueña. Sean o no sean religiosos, la Semana Santa de Málaga es algo digno de apreciar. Esta experiencia  vale la pena vivirla, y sin duda, nos enseña a comprender la idiosincrasia de un pueblo.
Desde comienzo hasta fin de mis días en España, jamás dejé de asombrarme por algunas palabras que no entendía. Todos los días me veía sometido a constantes choques culturales, lingüísticos y hasta personales. El acento andaluz es algo así como un cubano mezclado con español (De España, por supuesto). Además, cada persona le da un toque único y crea como su propio acento.
Cierto día me tocó conocer a dos de los mejores amigos de Alberto en Málaga. Julio y su Paloma (Sé que aquí todos los venezolanos se reirán) Pues así como lo escuchan, conocí la Paloma de Julio, claro está, su novia de nombre Paloma. No pude evitar reírme cuando la conocí y ella me preguntó: -“¿Es cierto que mi nombre el Venezuela significa ‘pene’?”-. A lo que le respondí: -“Pues sí amiga, Paloma. Tu nombre en Venezuela daría mucha risa y serías el centro de las burlas diarias". Tanto Julio como su Paloma, son dos personas excepcionales y sumamente amigables. Desde el primer momento se tomaron el atrevimiento de tutearme y comenzaron a llamarme Moi. Eso se sentía extraño, en Alemania me decían Herr González (Señor González) y en los demás países me llamaban por mi nombre de pila. Había ya pasado tanto tiempo desde la última vez que alguien me había dicho “Moi” y se sentía tan bien escuchar eso. El día cuando conocí a Julio y Paloma, fuimos a tomar “cañas” (Cervezas servidas en vasos) en un restaurant cerca de la orilla del mar. Hacía frío, pues el verano aún estaba lejos y era tan sólo principios de primavera.
Algo muy curioso es que también muchos andaluces pronuncian la “L” como “R” y hacen que las palabras suenen más cómicas. Por ejemplo: “Me he comío unoh durzeh darmendra que ehtaban encimaela mesa” (Me he comido unos dulces de almendra que estaban encima de la mesa).
Además, es común que al igual que los venezolanos, como ya lo dije, también aspiran las “s” al final de las palabras, pero también las acentúan, lo cual le da un matiz aún mejor. Ejemplo: “Lah cosa deben decise con sencillé” “Mañana luneh me toca trabajá”.
Es sencillo, sólo imagínense que ven Shrek y escuchan al gato con botas hablar.

Una típica conversación “andalú” podría ser así:

-“Tíos, os invito a una barbacoa que haré como dehpedía de mi piso, traeroh unah botellah de vino”
-“¡Vale, vale, Abedto, pero me tengo que ir temprano, eh que mañana me toca ir al curro, macho!”
-“¡Vale, picha”!

O también algo así:

-“¿Qué haceh montao encima de esa ehcalerah? ¡Tírate que yo aquí te cojo!” (¡Upa!)
-“¡Eh que he perdío mih lentillah (lentes de contacto) y no lah encuentro, tío!

¡Hostía, que la barbacoa os habéih quedao de puta madre! ¡Me ha molao mogollón!

¡Joder! ¡que me he olvidao del móvil en el coche, macho!
Y así pare de contar.
Iglesia La Manquita
A esta altura de mi viaje, ya tenía 8 meses fuera de Venezuela. Las arepas, empanadas, cachapas, hallacas y otras delicias venezolanas eran como una ilusión. Parecían un sueño lejano del que apenas podía acordarme. Jamás logré comerme una cachapa por allá y muchos menos una hallaca, pero sí me pude comer unas buenas arepas. Lo de bueno es discutible, pues las hice yo. De igual modo, era lo único que podía hacer. En Alemania, por pura casualidad del destino había encontrado Harina Pan y después de tanto tiempo había logrado comerme unas arepas. En Málaga sucedió lo mismo; logré encontrar Harina Pan y hacer arepas, pero eso no fue todo, también hice empanadas. Aunque estas últimas quedaron extrañas, de formas muy variadas y nunca logré dar con la forma típica de media luna.
Lo mejor de todo fue cómo freí las arepas ¡Con aceite de oliva! Sí, ése que aquí en Venezuela y cualquier otra parte del mundo es muy caro. Lo que sucede es que España es uno de los productores de aceite de oliva más grande del mundo. Un litro de aceite de oliva es hasta mucho más barato que un litro de aceite de girasol. Además, el aceite de oliva es saludable, por lo que se pueden imaginar cómo quedaron esas arepas. Las arepas más saludables que me he comido y nada más y nada menos que en tierras de los blancos colonizadores ¡Carajo! Es que  el mundo entero tiene que saber lo que es el sabor venezolano. Aunque noté algo que no me gustó mucho cuando conseguí la Harina Pan; dice que es exportada desde Colombia. Al reverso del empaque dice A Colombian product (Producto colombiano) y podrá ser cierto eso. Actualmente se exporta desde Colombia y no desde Venezuela debido a ciertas limitaciones de nuestro gobierno. Sin embargo, da lástima que algo tan Venezolano como la Harina Pan se esté convirtiendo en un ícono colombiano en lugar de venezolano. Es más, gracias al nacimiento de la marca Harina Pan, fue que las arepas siguieron siendo parte de la dieta diaria del venezolano y hoy en día podemos deleitarnos con unas ricas reinas pepiadas, peluas, dominó y un sinfín de variedades. De no haberse creado esta “harina exprés”, que ahorra el trabajo de pilar el maíz, indudablemente, las arepas hubieran pasado a la historia. Aunque diga “Made in Colombia” Todos los venezolanos sabemos la verdad oculta detrás de ese empaque amarillo con la cara de una mujer con una pañoleta amarrada en la cabeza.
Creo que les he hablado ya suficiente sobre el acento “andalú” y sobre las arepas y nada que les hablo de la ciudad. Así que hablemos un poco sobre ella.
Málaga está ubicada al sur de España y al oeste del mar Mediterráneo tiene una población de más de 500.000 habitantes y es la sexta mayor ciudad de España por población, la segunda de Andalucía y la número cuarenta y seis de la Unión Europea. Su clima es agradable y cálido. Aunque no como el clima tropical del caribe, pero sí agradable y no petrificante como es lo común en las Uropas.
Dos meses fueron más que suficientes para conocer gran parte de Andalucía y sobre todo Málaga. Descubrir rincones, restaurantes, plazas y callejones. Como lo dije en el post anterior, lo primero que hice fue ir a la playa. No importa que tan fría y oscura era el agua igual me metí (Aunque solo una vez) y me puse a llevar sol como lagartija en el desierto.
Muelle Uno, Málaga
Las playas de Málaga, a pesar de no ser de aguas cristalinas y cálidas como las del caribe, gozan del privilegio de estar en una ciudad con todos los servicios al alcance de la mano. El transporte público funciona de maravilla y se encuentran separadas del tráfico diario adornadas de magníficos paseos marítimos que conectan una playa con la otra. Además, a lo largo del litoral se pueden encontrar “chiringuitos” son una especie de quioscos donde venden comida, bebidas y muchos de ellos preparan los muy famosos espetos de sardina, que no son más que sardinas que se asan al calor de las brasas y están ensartadas en palitos de madera y cuestan alrededor de 4 euros ¡Son deliciosas!

Después me aventuré a ir a la Alcazaba, que en árabe significa ‘ciudadela’. Se trata de una fortaleza de la época musulmana construida en el siglo XI y que se ubica en la cima del monte Gibralfaro.  Según historiadores, la estructura actual no es ni la mitad de lo que en realidad fue en su mejor época. Con la llegada de los reyes católicos y la expulsión de los musulmanes de la península ibérica, la Alcazaba pasó a manos de los reyes católicos y se conservó en buen estado hasta mediados de 1650, después cayó en deterioro y durante decenas años hasta que por fin en los años 30 del siglo pasado, se comenzaron las restauraciones y hoy en día es un ícono de la ciudad visitado por miles de turistas todos los años.
Al otro extremo de la montaña está el castillo de Gibralfaro construido para proteger la Alcazaba. Algo que noté, es que al parecer, en años atrás, el castillo de Gibralfaro estaba unido a la Alcazaba por un camino amurallado, que actualmente está clausurado. Así que si quieren visitar el castillo de Gibralfaro y la Alcazaba, tiene que ir primera a esta última, bajar y caminar al otro extremo del monte Gibralfaro. Hay un boleto que cuesta 3,50 euros y sirve para entrar tanto al Castillo como a la Alcazaba. Si sólo quieren entrar a la Alcazaba, el precio es de 0,60 euros para estudiantes y 2,10 euros para el público general. En el castillo de Gibralfaro desde las torres superiores se tiene una vista magnífica de la ciudad y del mediterráneo incluso Alberto me comentó que en días despejados es posible divisar las montañas en África al otro lado del mar mediterráneo.
Entre los demás sitios que hay en la ciudad está la iglesia La Manquita cuyo nombre original es Catedral de la Encarnación de Málaga. Este enorme templo se comenzó a construir después de la expulsión de los árabes y sobre lo que era una mezquita musulmana. Durante su construcción se vio envuelta en muchas interrupciones y se inauguró en el año 1782 aun sin terminar. Se dice que el dinero destinado para terminar la obra nunca se supo a dónde fue a parar. Unos dicen que se utilizó para apoyar a Estados Unidos durante su independencia y otros dicen que simplemente se perdió. Algo así como en la actualidad, que jamás se sabe que pasa con el dinero destinado a las obras sociales. Lo cierto es que la catedral no se terminó de construir, lo que le da su sobrenombre actual de La Manquita.
Cerca de la alcazaba también está el Teatro Romano de Málaga. Estas ruinas tienen su origen en la época del Imperio Romano y datan del siglo I a.C. Fue mandado a construir por el emperador Augusto y se utilizó hasta el siglo III, luego se perdió por siglos entre las faldas del cerro de Gibralfaro y no fue hasta 1951 que fue redescubierto y se comenzaron los procesos de excavación y actualmente es otra de los puntos turísticos de Málaga.
Teatro romano
Otro punto importante de la ciudad que no deben dejar de visitar es el Jardín Botánico de la Concepción. Es un jardín impresionante, algo así como la versión repotenciada del Jardín Botánico de la UCV, en Caracas. Es inmenso y merece la pena dedicarle un día completo para caminar entre pasajes llenos de vegetaciones exuberantes.
También pueden visitar la casa natal de Pablo Picaso, uno de los artistas más grandes e importantes del siglo XX.
Por último, cuando vayan a Málaga, no pueden dejar de dar un paseo por el Muelle Uno. Es un muelle con plazas y sitios para recrearse, además, de estar lleno de restaurantes, muy caros por cierto. Una de las cosas que más me gustó de mis días en Málaga fue caminar a lo largo de este muelle hasta llegar a la farola y más adelante hasta la playa la Malagueta donde me sentaba a leer o tomar el sol, o mejor dicho, a ponerme negro.
Lo cierto, tíos, es que Málaga me ha molao mogollón. Pasé dos meses bebiendo tinto de verano, llevando sol, caminando a las orillas del mar mediterráneo y disfrutando de la hospitalidad que me ofreció esta ciudad y su gente.
Aunque después de todo me acostumbré a “coger” de todo y a “correrme” al lado de las personas. También terminé diciendo “móvil, piso y coche” en lugar de “celular, apartamento y carro” y finalmente amé el acento andalú y el “españolete” ya no me hace tanto ruido. Pasé unas excelentes vacaciones muy largas en estas tierras de sol y carisma.

De igual modo, Málaga no era la única ciudad que visitaría en España. Marbella, Nerja, Fuengirola, Torremolinos, Granada, Mijas, Sevilla y Barcelona estaban esperando por este negrito welearepa.

Nos vemos muy pronto,

Saludos mesmos desde Caracas, Venezuela.

Moisés

11 comentarios:

  1. Aquí era fácil tocarme el corazón... pero es que dices verdades como puños... Enhorabuena malagueño de adopción.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ame a Alberto sin saber mucho de los momentos que pasaste en España!!! y ahora que leí tu relato tan claro entiendo porque ese tio es de la nuestros Moi y Málaga sera uno de los primeros destinos que iremos a visitar juntos apenas Alberto decida regresar!!!!!

      Eliminar
    2. Joder, tío! Escribir ese post me ha hecho evocar muchos recuerdos! :)
      Gracias, una vez más, por todo

      Eliminar
    3. Neeeegraaaa! Ves que el tío es de los nuestros?? Es de los buenos!!!! Por eso es que lo tratamos tan bien en NYC!!!

      Eliminar
  2. Moisés parece entonces que en españa te cogieron cariño jajaja... Excelente

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajaja joder! Pues que han cogido de un sabroso! El cariñoooooo, por supuesto!!!

      Eliminar
  3. Esta vez "tah pazao tio, en dó palabrah,im precionante".Moi una vez más te animo a que escribas de manera profesional, tus relatos se viven.Que Lizgonzalez y tú nos visiteis cuanto antes, y siendo egoísta por mi parte, cuanto antes, será señal de que Alberto ha decidido regresar.Un abrazo machote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mariano! Muero de las ganas por volver a Málaga! :)
      Muy pronto espero estar de regreso... y si me llego a ganar el premio Miguel de Cervantes, voy a celebrar a Fuengirola!!!!

      Eliminar
  4. Puéj te ha quedao de pu** madre, tío! QUe me he quedao con ganah de darme un paseillo poAndalucía! A vé si se me pega el acentillo hahahahahaha Enhorabuena, beibi! I'm proud of you!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi amol, #Maitrulof, no había visto este comentario!!! Joder, pos cuando quieras nos vamos pa la madre patria a un paseillo por Málaga!!!!

      Eliminar

Bienvenido a Tripping a la venezolana

¡Puedes seguirme en Facebook y Twitter!.

¡Suscríbete a Trippinng a la venezolana!

Recibe en tu correo las últimas noticias del blog. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.