martes, 23 de octubre de 2012

Es hora del té con la reina de Inglaterra

Palacio de Westminster
No recuerdo dónde leí esta frase: "Como todas las drogas, viajar requiere un aumento constante de las dosis". Creo que es hora de decir toda la verdad: sí, soy un adicto sin remedio. Estoy completamente adicto al viaje, a la adrenalina que produce, a la sensación de libertad que corre por mis venas cuando estoy en algún lugar remoto del planeta. Admito que mi adicción esta vez llegó lejos. No me importó nada, me arriesgué, a sabiendas, de que podían pasar muchas cosas inesperadas. Como cualquier adicto vendí todo lo que pude con tal de saciar mi ambición. Olvidé lo que significaba comprar ropa, celular, y muchas cosas, por más de un año. Además, cambié mi dieta para así ahorrar dinero. Sin embargo, esta adicción me llevó a lugares que jamás pensé llegaría. Conocí personas que me enseñaron el valor de estar vivo y fortalecí los lazos con aquellos que creyeron en mí, a pesar de lo arriesgado que todo parecía ser. Soy un adicto sin remedio y como buen adicto, vivo por mi vicio. 
Mis horas en tierras de Drácula estaban contadas. Partimos de Odorheiu Secuiesc el 21 de marzo a las 6:00 p.m. y llegamos Cluj Napoca a eso de las 11:00 p.m. un viaje en autobús un poco largo, pero agradable con la compañía de Csilla. El tiempo se nos pasó entre historias y risas. En Cluj Napoca se habla rumano y ahora tanto Csilla como yo andábamos perdidos. Csilla sabe algunas palabras básicas en rumano, pero no lo suficiente. Tomamos un taxi desde la parada donde el bus nos dejó hasta un bar donde trabaja una amiga de Csilla. Ese sitio sería nuestra morada por una noche. Mi siguiente destino era Londres. Allá la Reina Isabel esperaba por mí y tendríamos una cena de negocios muy esperada.
(Ahora de vuelta a la realidad) Csilla y yo llegamos al bar donde su amiga trabaja. Era un local de dos pisos, con una clientela variada, desde muy jóvenes, extremadamente borrachos hasta personas más adultas sentadas en mesas conversando. El lugar tenía varios ambientes, uno con rock, otro con tecno, y otros con diferentes tipos de música extrañas. Tanto Csilla como yo estábamos algo cansados y decidimos sentarnos a conversar y a matar el tiempo. Para hacer la noche más divertida pedimos varios tragos de “Cuba Libre” que por suerte salieron por parte de la amiga de Csilla. Si hubiésemos querido, hubiésemos podido tomar todo lo que queríamos, pero me contuve. No podía llegar a Londres con resaca y mucho menos visitar a mi gran amiga La Reina Isabel en esas condiciones.
"Acabo de conocer a Drácula..."
El tiempo pasó más rápido de lo que esperamos. Debíamos partir al aeropuerto a las 5:00 a.m., pues nuestro vuelo era a las 6:30 a.m. La amiga de Csilla llamó un taxi y nos fuimos religiosamente al aeropuerto. De nuevo mi fobia, sólo con entrar a un aeropuerto y respirar el frío aire acondicionado, me da dolor de cabeza. El aeropuerto de Cluj Napoca es pequeño y cuando llegamos estaba cerrado. Se pueden imaginar lo pequeño y poco concurrido que es que hasta cierran en la noche. Por suerte podíamos entrar y esperar adentro. Comimos unos sándwiches que la madre de Csilla nos había preparado para nuestro viaje y 30 minutos después abrió la taquilla de WizzAir, nombre de la aerolínea con la que viajé a Londres. No sé si fue obra de mi ángel guardián, pero aquí ocurrió algo mágico. Maleta Pesadilla, al parecer, había comido más de la cuenta y ¡Pesaba 27 kilos! En casi todas las aerolíneas, el peso máximo es 23 kilos, si se pasa, tienes dos opciones: botar cosas hasta que la maleta alcance el peso ideal o pagar el sobrepeso.
Esta última opción no siempre es la mejor, pues el pago por sobrepeso tiende a ser extremadamente elevado. Resulta que cuando veo que Maleta Pesadilla pesaba tanto se me bajó la tensión, volteé a mirar a Csilla que estaba en la otra taquilla a mi lado y comencé a pensar qué podía botar. Pero sucedió todo lo contrario, la persona que me atendió no dijo nada, sacó una etiqueta que decía “Heavy” (Pesado) y se la pegó. Luego leí en Internet que Wizzair es una de las pocas aerolíneas donde el límite de peso por maleta es 30kg ¡Simplemente mágico! Pero lamentablemente no tendría la misma suerte de Londres a Málaga.
Una vez chequeada mi maleta, el chamo de la taquilla revisa mi tarjeta de embarque y mi pasaporte. Lo ve de arriba abajo y me dice: -“¿Y tu visa?”-. -“¿Visa?”- Le respondo. Lo mucho que tengo es mastercard y está en mi cartera ¡No necesito visa para entrar al Reino Unido, chico! El tipo no me cree y llama a alguien por radio y llega un oficial y le dice que efectivamente yo no necesito visa. Hasta aquí todo bien. Tomo a Maleta de los Dolores, quien iría conmigo como equipaje de mano. También cargaba un bolso en la espalda, pero se lo tuve que dar a Csilla para que lo cargara porque ella no llevaba nada y sólo se permite llevar un solo equipaje de mano, bien sea, maleta, bolso o lo que sea. No es como otras aerolíneas donde puedes llevar un bolso más tu maleta pequeña. Peor aún, permiten llevar sólo 10 kilogramos a bordo. Tienen un peso en la puerta del avión ¡Te pesan la maleta antes de entrar! Hijos de la chingada ¡Órale!
Ahora faltaba pasar por el rutinario control de seguridad, donde prácticamente te desnudan, te meten mano y uno no puede protestar. Después de pasar por este control está el oficial de inmigración, quien verifica el pasaporte y te coloca el correspondiente sello de salida. Había sólo dos oficiales, pasó Csilla primero y luego yo. La chama me habla en rumano y ve que no le entiendo un carajo. Entonces comienza a hablarme en inglés.
El Puente de la torre
-“Buenos días, ¿Hacia dónde se dirige?”-. –“Londres”- Le respondo con una simple palabra. -“¿Desde cuándo está en Rumanía”-. –“Desde hace una semana”-. Respondo de nuevo. –“¿Y qué lo trajo por aquí?”-. Aquí le respondo emocionado: -“¡Viene a visitar a Drácula!”-. Me abrí chaqueta y le mostré una camisa que me acaba de regalar Csilla y su familia que decía: “I’ve just met Dracula, let me whisper in your ear how it was” (Acabo de conocer a Drácula, déjame decirte al oído qué tal me fue”) La tipa me ve con una cara de “¿Me estás hablando en serio?”. En ese momento me doy cuenta de lo idiota que estaba siendo. “¡Moisés, es una oficial de inmigración, mijo! No es la vendedora de la bodega de la esquina”. Le digo “Sorry” (Lo siento) y le explicó mis motivos razonables por los cuales había ido a Rumanía; visitar a mi amiga, esquiar por primera vez y porque estaba de welearepismo crónico por las Uropas. Al final me doy cuenta que la tipa no se convenció mucho, se puso más sería que al principio, me puso el sello respectivo en mi pasaporte y con un tono de voz seco monótono me dijo “Feliz viaje”. Pasé y me encontré con Csilla quien me esperaba al frente. Le cuento lo que le había dicho a la oficial de inmigración y la pobre Csilla no podía creerlo. “¿Tú como que estás loco, muchacho? Jamás debes decirle semejante cosa a un oficial de inmigración”. Pero yo siempre de indiscreto y más salío que una gaveta, no medí mi chiste. Gracias a Dios no sucedió nada de lo que podía arrepentirme. Entramos al área de abordaje y esperamos a nuestro avión. Como les mencioné, viaje con una aerolínea húngara que se llama WizzAir y es muy, pero muy barata. El pasaje de Cluj Napoca (Transilvania) hasta Londres me costó 100 dólares. Fue un vuelo de casi dos horas y media que me llevó desde Europa del Este hasta las tierras del Imperio Británico. Algo que deben tener en cuenta y que es muy importante si están en las Uropas y viajan con algunas de estas aerolíneas de bajo costo es que te permiten llevar un sólo equipaje de mano. Me explico, con la mayoría de las aerolíneas comunes y corrientes, puedes llevar una maleta pequeña, no importa el peso y un morral o una cartera. Pues aquí NO. Aquí sólo puedes llevar una cosa y no debe pesar más de 10kg, sino te cobran la maleta y te la pasan por debajo de avión. Ahí mismo vi como una señora tuvo que botar ropa porque la maleta le pesaba más de 10 kg. ¡Así que cuidado! Si no quieren que esto les suceda, tienen la opción de pagar 5 o 6 veces más y usar una aerolínea normal o irse en tren.
Estación de "subway"
En estas aerolíneas no hay puestos asignados. La gente se sube y se sienta en el primer puesto libre que ve. El avión donde viajamos Csilla y yo, estaba un poco viejo. No nos dieron ni agua. Por supuesto que había aeromozas atendiendo, pero nada era gratis. Un café costaba casi 5 euros. Tanto Csilla como yo estábamos tan cansados que nos quedamos dormidos todo el camino hasta que llegamos a Londres.
¡Por fin! Londres era también un destino que esperaba con ansias. Desde niño he oído hablar tanto de esta ciudad, de lo maravillosa que es, de lo espectacular, etc., La verdad, no sé si se debe a que ya había conocido varias mega ciudades antes o es que en realidad Londres no llenó mis expectativas. No quiero decir que no sea genial, porque en realidad sí lo es. Pero siento que no me cautivó como yo pensé me cautivaría.
Cuando llegamos al aeropuerto de Luton en Londres, Csilla pasó por el lado de los europeos y yo tuve que hacer mi mega cola en el lado de los extranjeros. La cola era inmensa y Csilla tuvo que esperarme largo rato mientras yo hacía el control de inmigración. Aquí por primera vez en mi vida tuve problemas para que me dejaran entrar al país. El oficial de inmigración que me tocó, era un hombre de raza negra de más de dos metros de alto. Yo creo que el tipo me vio con cara de narcotraficante. En seguida me mira fijamente, ve mi pasaporte, me ve de nuevo y ve mi pasaporte una vez más. Entonces comienza el interrogatorio:

-“¿Qué viene a hacer usted en Londres?”- Casi le digo “A visitar a mi panita la Reina”. Pero en lugar le dije: -“Vengo a visitar a una amiga por cuatro días”-.
-“¿Y por qué sólo cuatro días?”- (¡Coño porque no soy multimillonario y de vaina los reales me alcanzan para cuatros días!)
-“Porque me parece un poco cara la ciudad y aún me quedan otros sitios por visitar”- Esto fue lo que realmente le respondí al oficial.
Entonces me pregunta –“¿Ajá, y qué otros sitios vas a visitar?” (¡La casa de tu hija!)
-“Málaga, España”- Le respondo.
-¿Y ya tienes ticket para Málaga?-
-“Sí”-
-“Muéstramelo”- (¡Ay vale!)
-“Lo tengo en mi correo, el ticket es electrónico”- Respondí mientras sacaba la Tablet de la maleta.
-“Para verlo igual”- Me respondió el tipo con un tono de voz un poco agresivo.
¿Qué coño le pasará a este tipo conmigo? Pienso para mí mismo.
Saqué la Tablet y le enseñé en mi correo el pasaje donde sale que, efectivamente, en cuatro días salía para España. Sin embargo, al tipo como que no le convenció mucho y me pregunta que dónde había estado antes de ir a Londres. Le expliqué todo mi recorrido por las Uropas y lo que me faltaba. Le digo que estuve en Alemania dos meses estudiando alemán y luego me fui a visitar a unos amigos.
-“¿Alemania? ¿Estudiando alemán? Y ¿Quién te pagó todo eso?” – Me pregunta el tipo con un tono de voz un poco ofensivo.
-“Yo mismo me pagué todo”- le respondí secamente.
-“¿Tú te pagaste todo? ¿Siendo Venezolano tienes dinero suficiente para pagarte dos meses en Berlín y viajar por Europa un mes más?”- Esta vez me pregunta con toda la chocancia que podía tener.
-“Sí ¿Cuál es el problema, oficial?”- Le respondo tratando de mantener la calma y en un tono de voz tranquilo y sereno.
-“No sé, no me convence ¿Tú trabajaste en Berlín?”- Tratando de sacarme información que me jodiera la vida.
-“No”- Le respondo –“Antes de venir a Europa trabajé un verano completo en Estados Unidos e hice el dinero suficiente para venirme”.
-“Entonces muéstrame algo que pruebe que tú estabas estudiando en Berlín y no trabajando, porque sabes que no puedes trabajar como turista ¿Verdad?”-
-“Sí lo sé”- Le respondo de nuevo con calma y sin nervios, pero por dentro estaba ya un poco asustado porque si le caía mal a este tipo me podía joder el paseíto.
Saco del bolso algo que me habían dado en el curso en Berlín. En realidad era el certificado de asistencia al curso. El comprobante de inscripción lo tenía en el equipaje que iba por abajo y en el de mano sólo tenía ese recibo de asistencia. Se lo doy, y por cierto estaba en alemán, el tipo lo vio, se notó a leguas que no entendió ni papa, ve mi pasaporte de nuevo y me dice: -“¿Pero dónde está tu visa estadounidense? Porque aquí yo no veo ninguna y tú necesitas visa para trabajar en EE.UU. ¿Cómo trabajaste? ¿Ilegal?”-
“¡Ah vaina! Me gané la lotería con el negro éste” Fue lo primero que pensé.
-“Sí tengo visa, pero la tengo en el pasaporte que está vencido”-
-“Muéstrame ese pasaporte”-
Mi pasaporte lo tenía Csilla junto a una carpeta que estaba en el bolso de ella. Le hago señas para que se acerque y me traiga el bolso. El oficial la mira, ella saca el pasaporte se lo entregs al tipo, él lo ve, ve que tengo más sellos de entrada a EE.UU. y otros países. Y le ahora le pregunta a Csilla:
-“¿Él está con usted?”-
-“Sí”- Le responde ella.
-“¿Cuánto dinero tienes”?- Me pregunta el oficial.
¡Miér….! Sólo traída 20 euros en efectivo y lo demás en la tarjeta.
Le explico al tipo que sólo tenía 20 euros. Me entrega el recibo que le había dado en alemán. Me ve una vez más, me pone el sello de entrada y me dice: -“Feliz estadía”-.
Leah y yo
¡Por fin! Luego de tanta preguntadera el tipo me dejó pasar y me puso un sello con permiso de 6 meses para estar dentro del país. Creo que todo fue karma, después de haberme vacilado a la oficial en Rumanía y haberle dicho que había ido porque quería visitar a mi pana Drácula, esto era lo mínimo que me tenía que pasar.
Eso fue todo. Salí del aeropuerto y busque mi maleta con Csilla, llamé a Leah y le avisé que me ya estaba en el aeropuerto. Leah, mi amiga Londinense, me esperaría en la estación de trenes London Bridge. Desde el aeropuerto debía agarrar un bus y luego un tren. Todo parecía fácil, barato y muy perfecto para ser real. Csilla compró dos cafés y hablamos por una última vez, en esta ocasión. Me llevó hasta el bus y nos despedimos con un fuerte abrazo. 2,5 libras esterlinas me costó el autobús que me dejó en la estación de trenes más cercana. Escuchaba la gente hablar en ese fuerte y extraño acento británico y alucinaba de la alegría. ¡Wow! Londres, capital del Reino Unido, aquí estoy, por fin después de tantos años y promesas, aquí estoy. ¡Qué tiemble tierra!
Me tomó menos de 10 minutos llegar hasta la estación de trenes más cercana y allí una vez más sufrí con mis dos maletas. Bajé una y luego la otra, tomé una maleta con cada uno de mis brazos y caminé. La estación se veía sencilla, de varios pisos, puertas automáticas, etc. Me acerco a comprar el ticket y le digo tal cual como me había dicho Leah: -“Necesito un ticket hasta London Bridge”- Le pregunto sonriente a la señora que me atendió. –“Aquí tiene, son 15 libras esterlinas”-
¡¿QUÉ?! -“Señora, yo no necesito la tarjeta de toda una semana, sólo necesito una sola ida”- Insisto con la señora.
-“Este ticket es una sola ida”- Me responde.
¿15 libras una sola ida? Casi me desmayo. Hagamos la conversión para que les duele también. 15 libras esterlinas son 24 dólares estadounidenses, los que a su vez son 18 euros, los que a su vez son 103 bolívares fuertes (Al cambio oficial, 301 bs al mercado negro). Con 24 dólares, casi puedo comprar la tarjeta ilimitada semanal para el metro de Nueva York, y eso que NYC es una ciudad muy cara. Desde Manhattan hasta el aeropuerto son solo 7,25 dólares en tren ¡Me sentí robado! Ese momento fue un momento de crisis para mí y me costó internalizar lo que muchas veces había escuchado “Londres es muy caro”.
El barrio chino londinense
No me quedó otra que pagar mi ticket para poder llegar al centro de la ciudad. Allí tomé un tren, nada del otro mundo, hasta la estación donde Leah me esperaría. Fue un trayecto corto, menos de 30 minutos. Llegué a la estación de trenes, bajé del tren y miré a todos lados. No rastros de Leah. ¡No otra vez, por favor! No tengo ganas de perderme de nuevo. Por lo menos aquí sí sabía el idioma y en caso de emergencia buscaba un Wi-Fi y le escribía a Leah. Yo había quedado con Leah que nos veríamos en la salida de la estación. Caminé rampla abajo y cuando ví, había más de tres salidas diferentes ¡Coño! ¿Cuál salida? Camino a la primera y no está, a la segunda y menos, a la tercera, tampoco, a la cuarta, menos que menos. Noté que había una oficial de policía en los torniquetes supervisando y me acerqué a ella y le pregunté cuántas salidas más tenía esa estación. Me dice que al otro lado de la estación también hay cuatro salidas más ¡Dios mio!
Me pregunta que si esperaba a alguien, a lo cual afirmo. –“¿Tienes su número de celular? Toma mi teléfono y llámala”- ¡Wow de película! Este tipo de cosas sólo pasan en estos países, en Venezuela jamás. Tomé el celular, busqué el número de Leah y la llamé, le expliqué dónde estaba y en menos de 5 minutos Leah llegó. La oficial muy amable me dice que a ella le encanta la gente de Estados Unidos porque cada vez que va la tratan muy bien. Me río y no le digo nada no vaya a ser que se molestase si le decía que no era de Gringolandia sino de Chavezuela.
Una vez más otro rencuentro. También había pasado años sin ver a Leah. La abracé con fuerza ¡Por fin! Leah había sido una gran amiga cuando trabajamos juntos en Pensilvania con Vlado, Adrienn, Alberto, Eiron, un Gocho welearepa conocido como Jorgelio y otros más. Caminamos fuera de la estación y Leah me ayudaba a arrastrar a Maleta De Los Dolores. Lo primero que hicimos fue ir al famoso Tower Bridge (El puente de la torre). Con todo y maleta caminamos, pues estábamos muy cerca. Llegamos a un costado del río Támesis y desde allí divisé la ciudad y los puentes que la conectan.
El Tower Bridge es uno de los puentes más famosos de Londres. Ha aparecido en múltiples películas que lo han convertido en un ícono de la cultura londinense. Se comenzó a construir en el año 1884, cuando surgió la necesidad de construir otro puente sobre el Támesis para mejorar el flujo entre ambas partes de la ciudad. Fue diseñado por un arquitecto de apellido Jones y el diseño consta de un puente levadizo de 244 metros de longitud, con dos torres de 65 m de altura. El puente se puede abrir 83 grados para permitir pasar el tráfico fluvial. El mecanismo hidráulico original utilizaba agua a presión almacenada en seis acumuladores. Más criollo podría ser: ¡El puente es arrechísimo! El agua era bombeada dentro de los acumuladores mediante motores de vapor. Esta inmensa estructura puede cargar más de 2000 toneladas.
Hablando con la reina
Los días en Londres fueron extenuantes. Caminé y caminé como nunca. Cada vez que inhalaba y exhalaba sentía que me cobraban. ¡Todo es sumamente caro! La comida más barata que puedes encontrar era en aproximadamente 8 libras esterlinas y créanme no era la mejor de todas. Una vez más tuve que morir en Mc Donald’s, pues un combo completo costaba sólo 6 libras esterlinas. Los primeros días anduve con Leah, pero luego ella tenía que trabajar y me aventuré a caminar solo. Armado con mi Tablet y el GPS caminé las extensas calles de Londres y visité cada rincón que pude en el poco tiempo que tenía.
Fui al China Town (Barrio Chino). Este sitio lleva su nombre con orgullo, pues cuando llegas, todo, absolutamente todo, está escrito en chino. Sentí que había salido de Inglaterra por algún portal que me transportó a China. Ya la gente no hablaba inglés, sino chino. Es impresionante como lograron trasladar tantos detalles de su cultura y crear una pequeña China a miles de kilómetros de la original. El barrio Chino de Londres es mayormente una zona comercial. En realidad muy pocas personas viven allí y es comúnmente conocida por acoger personas indocumentadas que cobran menos del sueldo mínimo.
Una de las atracciones que más me gustaron de la ciudad fue el London Eye (Ojo de Londres). Es esa rueda de la fortuna inmensa que sale en todas las películas y se ubica a un lado del río Támesis. Esta grandiosa estructura, obra de la ingeniería moderna, es también conocida como Millennium Wheel (La Noria del Milenio). Fue termina en el año 1999 y abierta al público en marzo de 2000. El London Eye tiene una altura de 135 metros de alto y el recorrido completo dura 40 minutos. Cuando se alcanza la altura máxima se logra apreciar la ciudad completa de punta a punta. Incluso se logra ver más allá de Londres. Un dato muy importante para todos aquellos viajeros pelabolas, es que en cualquier lugar en Londres, restaurantes, bares, etc., pueden encontrar cupones que les dan descuentos. Eso fue lo que hice yo. Además, si presentas la tarjeta del tren, también recibes un descuento. Así fue como un ticket de casi 24 libras esterlinas sólo me costó 8 libras. ¡Genial! De lo contrario me hubiese quedado con las ganas de montarme en esta atracción. La cual a mi parecer, fue la mejor de todas.
Al otro lado del río, en frente del London Eye, está el Palacio de Westminster. Es también conocido como Las Casas del Parlamento (Houses of Parliament), y se trata de un edificio gótico que alberga las dos cámaras que componen el Parlamento Británico. Esta construcción es relativamente nueva, pues el antiguo palacio, que había alojado el Parlamento Británico desde 1512, desapareció casi por completo después de un terrible incendio en el año 1834.
Del antiguo palacio sólo se pudo salvar una ínfima parte, compuesta por el Westminster Hall, los claustros y la cripta de Saint Stephen’s Chapel y la Jewel Tower, que era una construcción del siglo XIV en la que se guardaban las joyas y el oro de la realeza británica.
Palacio de Westminster
La construcción del nuevo palacio se terminó el año 1847 y la obra completa consta de nada más y nada menos de 1.200 habitaciones, 11 patios y 3,5 kilómetros de pasillos. El palacio actual está decorado con estatuas de los reyes que se reflejan sobre el río y de noche se ilumina parcialmente, lo que le da un atractivo único y vale la pena tomar muchas fotografías.
El Palacio de Westminster sólo se puede visitar los sábados y durante los meses de verano. Así que por más que hubiese querido, no hubiese podido entrar, pues había ido a principios de primavera. Las entradas se pueden conseguir haciendo cola el mismo día, pero es recomendable llegar pronto, porque según Leah, las colas son kilométricas.
Durante años había escuchado que el metro de Londres era uno de los más feos y sucios del mundo. Escuché historias sobre personas violadas dentro de las estaciones y de los trenes. Pero o que yo vi en realidad, fue completamente distinto. Hasta los momentos el sistema de trenes de Londres es mi favorito. Incluso más que el de Nueva York, Viena y Berlín. Es impresionante el alcance y eficiencia que tiene. El metro tiene 11 líneas y su red es una de las más extensas del mundo. Prácticamente, estés donde estés habrá una parada de metro muy cerca. La gente de Londres para referirse al Metro usan la palabra “Tube” razón por al cual, al principio no entendía de qué hablaba esa gente. La gente normalmente lo llama “The Underground” (El subterráneo).
No podía irme de Londres sin visitar a mi gran amiga de toda la vida: La Reina Isabel II. Me había escrito por Facebook que estaba esperándome con alegría para darme una entrevista exclusiva para mi blog. Pero lamentablemente, cuando llegué a Londres, la reina tuvo que salir de emergencia a un congreso y no pudimos vernos. Me pidió disculpas por no brindarles una entrevista exclusiva y dice que para la próxima hará lo posible y es un honor para ella ser nombrada en Tripping a la venezolana.
Bueno, volviendo a la real y sencilla vida de Moisés González, lo cierto es que no soy amigo de la Reina (Por ahora) y AÚN no he logrado una entrevista con ella (Espero lograrlo pronto).
Era de suma obligación visitar el famoso palacio de Buckingham, residencia oficial de la familia Real Británica desde 1837. Es muy fácil llegar, si quieren ir por tren, deben bajarse en la estación Green Park y justo al lado está el palacio. Yo caminé desde el centro por un calle larga llena de banderas británicas y edificios con jardines impresionantes cubiertos completamente de flores.
Frente al Palacio de Buckingham
Este famoso palacio fue construido en 1703 para el Duque de Buckingham, el edificio fue adquirido por el Rey Jorge III en 1762 para ser utilizado como residencia privada. Y, desde su construcción hasta la actualidad ha sido ampliado y remodelado en muchas ocasiones. Durante las dos guerras mundiales el palacio sobrevivió de manera ejemplar. En la Primera Guerra Mundial tuvo la suerte de no ser atacado pero, durante la Segunda Guerra Mundial, fue bombardeado en diferentes ocasiones. Donde se destruyó la capilla real en 1940. Sin embargo, el palacio sobrevivió casi intacto a los bombardeos y ataques alemanes.
Si les gustaría entrar al palacio, deben tener en cuenta que sólo se permiten las visitas al durante 8 semanas al año, comprendidas entre agosto y septiembre. Existen dos tipos de entrada diferentes: una de las modalidades permite visitar los Salones de Estado y la otra incluye además las Cocheras Reales y la Galería de la Reina.
Además de las visitas al interior, a lo largo de todo el año se celebra el “Cambio de Guardia enfrente del palacio, un acto capaz de atraer miles de visitantes. Pueden apreciar como cambian de guardia los soldados “inmóviles” en frente del palacio. Esto es de lo más común en todos los edificios reales a lo largo de la ciudad.
Otra cosa que no podía dejar de ver y mucho menos dejar de tomar fotografías es de otro de los íconos de Londres “El Big Ben”. Se trata del famoso reloj de Las Casas del Parlamento y con el paso del tiempo, y la ayuda de muchas películas, se ha convertido en una de las imágenes más famosas de Londres, además de uno de los principales símbolos de la ciudad.
La torre fue construida en 1858 junto al nuevo Palacio de Westminster. Es un edificio alto construido en un estilo medio gótico que tiene en la parte superior cuatro enormes relojes situados en sus caras.
Algo muy curiosos que me dijo Leah, es que aunque generalmente cuando se habla del Big Ben la gente se refiere sólo a la Torre del Reloj del edificio del Parlamento de Londres. Sin embargo, esto no es del todo exacto, pues el Big Ben realmente es una enorme campana de 14 toneladas que se encuentra en el interior de la torre.
El Big Ben
Este inmenso reloj es uno de los relojes más fiables que existen, ya que es capaz de soportar los cambios meteorológicos como la nieve o el viento. Sorprendentemente soportó los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial y jamás perdió su puntualidad.
Recuerdo claramente que esperé hasta las 8:00 p.m. para que el sol se posara detrás de los edificios y tener la mejor vista de todas. El paisaje que se mostraba delante de mí me sorprendió más de lo que esperaba. El contraste de los tonos anaranjados del sol junto con el de las luces del palacio crean la atmósfera perfecta para cualquier aficionado de la fotografía.
Al día siguiente y último día en Londres no podía dejar de ir a la plaza Picadilly Circus. Es el punto de encuentro más común entre los turistas, es el equivalente al Times Square en Nueva York o más criollito: Plaza Venezuela en Caracas. Alrededor de este sitio existen miles tiendas donde puedes comprar suvenires, ropa y miles de cosas. Desde una gran cantidad de tiendas, cines y teatros, hasta restaurantes para todos los gustos. Pero eso sí, es CARO. Todo, te cobran hasta por respirar, por caminar, por ver y por estar, por todo. Agárrense la cartera bien y amárenla con cadenas y candado. La plaza es conocida por sus carteles luminosos y la fuente de Eros situada en el centro: otros de los íconos de Londres.
Les recomiendo visitar la plaza de noche cuando las luces de neón hacen brillar la zona y la convierten en una zona aún más especial.
London Eye
Por suerte y gracias a Leah, no tuve que pagar la tarjeta de transporte, pues me prestó una de su tía. Existe una tarjeta ilimitada anual que muchas personas compran y así se ahorran una gran cantidad de dinero. Leah le pidió a su tía la tarjeta y así me ahorre casi 30 libres esterlinas en transporte durante el fin de semana. Sólo tuve que comprar una el último día y además pagar mi tren desde el centro de la ciudad hasta el aeropuerto.
Otros lugares que visité fueron museos y galerías de arte que son completamente gratis ¡Sería justicia! El famoso Meridiano de Greenwich ubicado en el parque que lleva el mismo nombre. No entré al sitio donde tienen una línea en el suelo donde muestra los dos lados de los hemisferios este y oeste del planeta. Me pareció estúpido pagar 25 libras esterlinas por ver una línea en el suelo que en realidad es sólo simbólica. Sólo me paré en frente del edificio donde creía que también pasaba esa línea imaginaria y me tomé una foto ¡Listo, caso resuelto!
Ya había pisado otra ciudad y mi recorrido por el viejo continente estaba llegando a sui último destino. Londres es una ciudad enorme que sólo logro comprar con Nueva York o Chicago en términos de espacio y desarrollo. Sólo cuatro días no me alcanzaron ni para conocer el 20% de la ciudad. Espero gozar de más vida, salud y oportunidades para volver pronto y contarles algo más sobre esta inmensa ciudad, capital de una de las monarquías más conservadoras de nuestros tiempos.

Sólo me quedaba España, la Madre Patria y allí me esperaban miles de sitios maravillosos por conocer. Pero eso ya es parte de otros posts…

España estás en la lista ¡Óle!

Un gran saludo desde la capital del pollo frito (Kentucky)

Moisés

5 comentarios:

  1. Querido Moises, en cada relato consigues superarte;felicidades, y ¡¡mucho cuidadín¡¡, prepárate bien porque ahora viene lo delicado.¡¡Viva España¡¡

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    Respuestas
    1. Querido Mariano! Gracias por siempre leer mis relatos!! Por ahí vienen los de España y estarán de puta madre!!!
      un abrazo :)

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  2. ¡Ésta SÍ puedo decir que la conozco! Pues bien, confirmo lo que dijiste hahaha, pero a mí sí me fascinó Londres. Sigo esperando el post de Barcelona donde Mi mamá y yo seremos las estrellas hahahaha. Congrats, negrito. lobiu, burda #MaiTruLof

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    Respuestas
    1. #Maitrulof bella y hermosa! Por fin lees mis vainas!!! Editora en jefe medio chimba! xD
      Ya falta poco para ese post de Barcelona!!!!!!!
      Te adoroo

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  3. Me transportaste a Londres con este post... y me provocaste un terrible dolor de bolsillo también! jajajajaj! :D

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