martes, 11 de septiembre de 2012

Mi maleta visita Viena

Palacio de Belvedere
Ésta es la historia de una maleta ¡Oh! Maleta De Los Dolores, era ése su nombre. Se trataba de la maleta menor, de unos 60 centímetros de alto, de piel rugosa y de color gris. Su hermana mayor, Maleta Pesadilla, se había quedado unos días en Bratislava. Era la primera vez que se separaban, pero a veces el destino es así. No fue fácil, pero Maleta De los Dolores, tuvo que decidir entre visitar Viena, capital de Austria, o quedarse junto a su hermana en Bratislava. La decisión tomó tiempo, pero por fin lograron separarse. Con un largo y triste adiós, Maleta De Los Dolores y Maleta Pesadilla se dijeron hasta pronto.
Fue así como se fue sola a una ciudad en un país muy extraño y de allí, cierto día, a las 4:30 a.m. salió a una ciudad cuya belleza y cultura llenan miles de páginas de libros de historia, arte y literatura.
Esta vez será la historia de una maleta y Moisés, el negrito con cara de indio, pelabolas y a veces con complejo weleareposo, quienes se van de paseo. (Para el significado de "welearepa" refiérase a otros posts)
Mientras estuve en Bratislava, capital del país desconocido, Vlado me sugirió la posibilidad de dejar mi maleta más pesada en casa de su hermana, ya que de igual manera regresaría a Bratislava antes de emprender mi viaje al pasado, es decir, a Rumanía. Poder deshacerme de mi maleta fue la mejor propuesta que me habían hecho en mucho tiempo. Enseguida dije que sí. Sin embargo, tenía que llevarme algo de ropa a Nitra, pues allá pasaría 4 días. Además, era ya hora de lavar algo de ropa, desde que salí de Alemania no había vuelto a usar una lavadora. Ya todos mis recursos se estaban acabando y en la facultad donde Vlado estudia, podía lavar. Decidí entonces, llevarme algunas camisas, pantalones, ropa interior sexi (Se supone que esa parte no la digo) y otras cosas más. Seleccioné lo más importante y lo metí todo en la maleta más pequeña, además, de llevar mi bolso con mi Tablet y otras cosas como pasaporte y medicinas.
Mi viaje para Viena no estaba planeado, fue un viaje relámpago. Cuando estaba en Bratislava y Vlado me llevó a visitar el castillo que lleva el mismo nombre de la ciudad, recuerdo que desde la colina donde el castillo está, en el horizonte, se podía ver Viena. No la ciudad como tal, pero si unos molinos de viento que marcan la frontera entre Eslovaquia y Austria. Le pregunté qué tan lejos estábamos de Viena y me sorprendí cuando me dijo que a sólo dos horas y media de camino. Mayor fue mi sorpresa cuando me dijo que el pasaje costaba cuando mucho 10 euros cada ida. 20 euros en total para visitar otro país no me pareció nada mal. Además ¡Viena! Capital del arte, la Ópera de Viena, hogar de Sissi, Austria; el país del gran Mozart. Definitivamente no podía perder la oportunidad de ir a esa gran ciudad.
Durante mi estadía en Nitra, aquella ciudad donde me volví un alcohólico, Vlado me averiguó cuál era la mejor manera de ir hasta Viena. Todo fue más que perfecto, el pasaje salía más económico de lo que originalmente Vlado me había dicho; eran sólo 12 euros ida y vuelta desde Bratislava. Y, desde Nitra hasta Bratislava eran sólo 5 euros más. La emoción por visitar esa ciudad tan nombrada era inmensa. El plan fue el siguiente; me iría a Viena ese día en la madrugada, tendría que cargar con mi maleta todo el día, pues no podía dejarla en Nitra. Pasaría un día completo en Viena y regresaría a las 9 p.m. a Bratislava y esa noche me quedaría en la facultad donde estudia una amiga de Vlado. Aquí no tuve que hacerme pasar por estudiante, mas sí tuve que pagar 5 euros la noche. A pesar de todo el alcohol que había tomado la noche anterior y la gran posibilidad que tenía de quedarme dormido no tuve problema alguno para despertarme a tiempo. El despertador sonó, me arreglé, tomé mi maleta y Vlado me acompañó hasta la entrada de la facultad. Habíamos llamado un taxi que me llevaría hasta el terminal de buses y me dejaría al lado del autobús. Me despedí de Vlado y cargué a Maleta De Los Dolores y la coloqué en el asiento trasero. Me subí al taxi y el taxista, obviamente, no hablaba inglés. Me dijo algo en eslovaco y sonreí nerviosamente. Fueron sólo 10 minutos desde la facultad hasta el terminal. Al bajarme le dije "Thanks" (Gracias) y creo que se dio cuenta que yo no hablaba su idioma sexista (Lo digo por lo de "ano"). Me monté en el bus y coloqué mi maleta en el compartimiento superior, encima de mi cabeza. Había Wi-fi en el autobús y no podía dejar de colocar mi estado en Facebook: "On my way to Vienna" (De camino a Viena). Después de eso, me quedé dormido hasta llegar a Bratislava. Maleta De Los Dolores y yo nos bajamos nerviosos y caminamos dentro del terminal de buses en Bratislava. Yo no sabía cuál era el otro bus que debía tomar e intenté preguntarle a una de las mujeres que venden los tickets (Yo ya había comprado los tickets por Internet). Esperé a que atendieran a dos personas que estaban delante. La cajera se tardó un poco, pero al fin, era mi turno. Me acerco y le pregunto cuál es el autobús para Viena. Pues la señora puso cara de gallina mirando sal. Le pregunto: -"Sorry, do you speak English?"- (Disculpa ¿Habla inglés?) Cuando escuchó "English" movió la cabeza negando. Entré en crisis, pues según lo que me dieron cuando compré el ticket por Internet, decía que el bus saldría en menos de 5 minutos. La señora seguro me vio cara de desesperación, pero por más que quiso no pudo ayudarme. Intenté decirle "Gracias de todas maneras" con una sonrisa. Espero haya entendido. Tomé a Maleta De Los Dolores y salimos corriendo a donde estaban los autobuses. Alguno de esos tenía que ir a Viena, pero por ningún lado veía un cartel que dijera Viena. Comienzo a caminar en frente de los autobuses y por fin vi uno con un aviso que decía "Viena". Sentí un alivio grande. Hice la cola junto a otros turistas, lo supe porque unos hablaban en inglés, otros en francés, pero nadie en español. Sentía que pronto olvidaría mi idioma materno. Llegó el chofer y abrió el autobús. Maleta De Los Dolores debía ir abajo con las demás maletas. Deseé que se quedara allí todo el día, pero la realidad era otra; ella me acompañaría todo el camino, todo el día. Por cierto, tuve que pagar 1 euro extra por ella. El autobús tenía Wi-fi, pero no funcionaba (Ya saben que cara insertar aquí). El bus arrancó y dormí casi las dos horas y media de camino. No pude dormir profundamente, pero sí descansé un poco. Esta vez sentí que el camino fue largo. Casualmente me desperté cuando el bus cruzaba la frontera entre Eslovaquia y Austria. Fue algo tan sencillo como cruzar de Caracas a la Guaira. Pero ahora por lo menos sí entendía los avisos y vallas que veía. Todo cambió drásticamente de eslovaco a alemán. El cambió fue muy notorio.
Metro de Viena
El autobús hizo varias paradas. En la primera parada me asomé por la ventana y vi que era un pequeño pueblo. No me pareció interesante y volví a dormir. Otra parada más, el aeropuerto. Por último, llegamos a Viena. Comenzamos a entrar a la ciudad y me parecía simplemente otra más. El autobús nos dejó en un terminal medio feo, chiquito y en construcción. Me esperaba algo mejor, más llamativo. Pero no me desilusioné. Me bajé y casi olvido a Maleta De Los Dolores. Sino fuese porque tenía mis únicos trapitos allí, me habría hecho el loco y la hubiese abandonado. Llegué perdido, muy perdido para ser exacto. Era la primera vez que llegaba a una ciudad y nadie me esperaba, además, no tenía ni la más mínima idea de para dónde agarrar. Miré para los lados y parecía una zona poco concurrida y un poco sola ¿Coño, para dónde agarro? Comencé a caminar sin rumbo, sin saber a dónde iba. La noche anterior había olvidado por completo buscar información sobre los puntos turísticos de la ciudad o un mapa para ubicarme. Necesitaba Internet. Internet sería mi salvación, saqué la Tablet y busqué, en vano, alguna red disponible ¡Todas bloqueadas! Continué caminando. Vi una estación de tren y entré, por lo menos allí tendrían un mapa y podría llegar al centro de la ciudad. Bajé las escaleras sin dejar atrás a Maleta De Los Dolores, a este punto ya hasta le hablaba como a una persona, sólo que ella no me respondía. Cuando llegué abajo ¡No había ni casilla de información, ni nadie a quien preguntar! La entrada era como en Berlín, libre. No había torniquetes. Decido montarme en el tren que viniese, no importaba a dónde me llevara. Me doy cuenta que en realidad es una estación subterránea del tranvía de la ciudad. Llegó el tranvía y me monté sin comprar ticket, si alguien me decía algo, me haría el loco e intentaría hablar en algún idioma para que no me entendieran y si las cosas se complicaban correría, pero jamás sin dejar atrás a Maleta De Los Dolores. Nada de eso pasó. El tranvía me llevó directamente a una estación de tren y allí, finalmente, vi un mapa. Primero busqué un baño. Tuve que pagar un euro para usarlo. Después intenté estudiar el mapa y pasados15 minutos por fin logré descifrar algunas cosas. Allí debía agarrar un tren que me dejaría en el centro, o por lo menos, lo que yo pensaba era el centro. No fue problema llegar. Una vez más me subí sin ticket y estuve pendiente para ver si me lo pedían y montar mi teatro. Tampoco me lo pidieron. Llegué a la estación "Stadt Park" eso era lo más céntrico que me sonaba y además, en el mapa se veía como en el medio de todo. Salí de allí y en efecto estaba algo céntrico. Lo primero que hice fue buscar algún sitio con Wi-fi. Vi un Mc Donald's en la distancia, me acerqué, pero extrañamente no tenía Wi-fi. Sin embargo, era un Mc Donald's espectacular, de dos pisos y con una decoración diferente a la típica que tienen los demás. Pero nada de eso me servía ¡yo necesitaba Wi-fi! Salí, veía a todos lados y ya comenzaba a ver la belleza de la ciudad. Limpia y pulcra ¡Pero no sabía para dónde coño ir! Seguí caminando un poco más y al fin veo un Starbucks ¡Bingo! Tenía Wi-fi y gratis. Compré un chocolate caliente y me senté. Busqué información sobre ciudad, sobre el transporte público, los puntos de interés turísticos y por fin supe a dónde ir. Cada palacio o monumento estaban alejados uno del otro. Así que es necesario comprar la tarjeta del tren. Terminé de buscar información, coloqué otro estatus en Facebook y emprendí mi marcha hacia mi inmersión cultura. Salí de Starbucks con ínfulas de Valentina Quintero en Bitácora (Sí, sé que se me calló la cédula) había colocado los puntos de interés turístico en los favoritos del GPS por lo tanto no necesitaría de Internet para llegar hasta ellos. Regresé de nuevo a la estación del tren, pero estaba vez si compré mi tarjeta. Compré la tarjeta diaria ilimitada para no tener que andar con el susto de si me la pedían o no (Sonó algo raro esta última frase) la tarjeta me costó sólo 8 euros y podía utilizarla por 24 horas todas las veces que quisiese.
Palacio Schönbrunn
Ya estaba más tranquilo y por fin pude comenzar a disfrutar de lo que tenía en frente de mí. Viena es impresionante. Es simplemente un museo de arte al aire libre por donde sea que pases. Es una lástima que sólo tuve un día para visitarla y no tuve la oportunidad de leer y saber un poco más sobre ella. Admito que sé muy poco de esa ciudad, pero no me arrepiento en absoluto de haber ido. Las calles son extremadamente limpias y hasta vi cómo unos carros las limpiaban. No podía faltar el río Danubio. Al igual como en Budapest y Bratislava, este inmenso río llega hasta Viena y atraviesa la ciudad de punta a punta. Hay cruceros que te llevan desde Bratislava hasta Viena, pero en mi plan pelabolas, no podía costearme un crucero. Además, era principios de primavera y aun hacía mucho frío como para andar en la cubierta de un barco congelándome sólo por welearepear.
Viena fue también capital del antiguo y extenso imperio astro húngaro. Es una ciudad llena de palacios y museos por todos lados. Algo muy importante y sé que mi amiga Elvira, alias la Frívola, me amará por esto; Viena es la ciudad de Sissi, la bella emperatriz astro húngara, muy importante dentro de la historia de Europa. Por todos lados puedes ver estatuas de ella. Viena tiene una población de 1.700.900 habitantes y posee el primer puesto entre las listas de ciudades con mejor calidad de vida. Se pueden imaginar lo que significa vivir aquí. La ciudad tiene una larga historia, ya que es una de las más antiguas capitales de Europa, por lo que cuenta con un importante patrimonio artístico. Durante el siglo XIX fue una de las grandes capitales musicales del mundo y a principios del siglo XX sede de la filosofía, así como uno de los principales centros culturales mundiales. Viena fue declarada patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO ¡La ciudad completa! Hay tantas cosas para observar y deleitarse que en un día sólo alcance a ver una tercera parte de todo.
El Metro de Viena me encantó. Es una mezcla entre belleza, sencillez y modernidad. El sistema de Metro no es muy grande ni complejo. Al igual como en Berlín, al tren se le conoce como U-Bahn. En esta ocasión, cuenta con 5 líneas U-1, U-2, etc., y cada línea posee un color con el que se identifica. Está demás decir que el sistema completo es muy limpio. La ciudad como tal, casi brilla de la pulcritud. Mientras caminaba por las calles, vi varios carteles en las paradas de autobuses que indicaban una multa de 36 euros para quienes botaran las colillas de cigarro en el suelo ¡Magnífico!
Para quienes no saben quién es Sissi, se trata de una emperatriz muy famosa dentro de la historia moderna europea. Hay muchos mitos y cuentos en torno a este personaje. Según registros y cuadros que hay sobre ella, se dice que era extremadamente bella y un poco obsesiva por verse siempre hermosa. Se dice que después del suicidio de su único hijo barón y después de cumplir 35 años, más nunca se dejó retratar y siempre vistió de negro y utilizó un manto en la cara. En muchas ciudades de Europa del centro y este hay cantidad de estatuas sobre Sissi. Sissi fue emperatriz consorte de Austria y también reina consorte de Hungría. Hablaba inglés, francés, alemán, griego y húngaro. Este último porque amaba la cultura húngara y su gente. Cuando llegan a Viena, verán por todas partes fotos y referencias que tratan sobre Sissi. Hay un museo en su honor y mucho material sobre ella. Amiga Elvira ¡Tienes que ir a Viena!
36 euros de multa por tirar
colillas de cigarro al suelo
El primer sitio que visité en Viena fue el Palacio de Schönbrunn. Éste queda en el quinto c.... Recuerdo que junto a Maleta De Los Dolores tomé el tren como por más de 30 minutos hasta llegar a la estación que lleva el mismo nombre del Palacio. De allí salí arrastrando mi hermosa maleta por toda la calle, me dolía el brazo ya. Al principio pensé que no sería gran problema cargar con mi maleta, pero después me di cuenta que estaba equivocado. El brazo me dolía y el ruido de las ruedas desgastadas contra el asfalto hacía que todo el mundo volteara a mirarme. Es que me imagino lo que pensaría la gente "Sólo a este se le ocurre venir a Viena con una maleta" o "¿Será que no tenía donde dejarla?", "¡Alguien que lo calle!", "¡Pero qué falta de glamour!" y pare de contar. Desde la estación del tren caminé como 15 minutos. Primero me perdí y llegué a un parque muy bonito, pero por ningún lado veía rastros del castillo. Saqué la Tablet y puse el GPS, en efecto, estaba caminando en la dirección contraria. Tuve que seguir fielmente al GPS hasta que llegué a un gran portón. Aquí viene lo bueno. Era un portón bellísimo, que estaba abierto, con un camino largo rodeado de paredes con matas de enredaderas y flores, que apenas comenzaban a florecer. Al final, como a unos 500 metros, sino más, podía por fin, divisar parte del Palacio Schönbrunn. El camino era bellísimo y había carrozas estacionadas a los lados. Daba la sensación de estar en pleno siglo XVIII. Hipnotizado por aquel lugar, respiro profundo y comienzo a caminar derecho en dirección al palacio. Me muevo, pero Maleta De Los Dolores, no se mueve. Se rehusaba a moverse. Hago más fuerza y la pobre comienza a moverse poco a poco. Las ruedas no cedían. ¿Qué pasa? Cuando analizo la situación comienzo a comprender todo. El camino desde el portón hasta el Palacio y todos sus alrededores, no son ni de cemento ni asfalto, sino de piedritas pequeñas. En este momento maldije todo lo maldecible y casi me siento a llorar. Ya había llegado hasta allí y si quería continuar me tocaba cargar a Maleta De Los Dolores. La odié, ya no quise dirigirle la palabra y hasta la pateé. Después de superar mi crisis momentánea, no me quedó de otro, que cargar mi bella maleta todo el camino. Ahora caminaba más lento, me la pasaba de un brazo a otro y a cada rato me paraba a descansar. Duré 3 veces más de lo que una persona promedio dura en llegar hasta el castillo. Aunque al final, valió la pena el sacrificio, no pude dejar de quejarme por el peso de la maleta. Llegué al frente del palacio y duré con la boca abierta como 30 minutos ¡Es inmenso! Intenté llevarme a Maleta De Los Dolores al hombro, pero sólo pude caminar 3 metros y ya no podía. Me golpeaba el tobillo con el vaivén de la maleta y caminaba de lado como si tuviese algún problema en la cadera o en alguna de las piernas. Tomé fotos, admiré los jardines espectaculares. En un momento de felicidad fortuita volví a amar a Maleta De Los Dolores, pero después recordé todo lo que me había hecho sufrir y pasé del amor al odio en cuestión de segundos.
Maleta De Los Dolores descansando
Quise fuertemente entrar al Palacio. Sólo una sección de Schönbrunn está abierta al público. La sala principal y algunas habitaciones. La entrada es de 25 euros y sabrán y comprenderán, que a estas alturas y con ese viaje que no estaba dentro de mi presupuesto, 25 euros era demasiado dinero para mí. No me importó. Continué caminando fuera del castillo hasta que llegué a la parte de atrás. Pasé por una especie de laberinto hecho con enredaderas. Las piedras se hicieron más grandes y menos podía arrastrar mi maleta. La seguí cargando y llegué a un jardín amplio en la parte de atrás, donde después de caminar 15 minutos en dirección contraria al palacio, tuve la mejor vista de todas. Pude sacarle provecho a la bendita maleta. La utilicé como mesa y coloqué la cámara para tomarme algunas fotos decentes. Tomé varias. Comenzó a hacer sol y la temperatura subió por unos minutos, después todo volvió al frío de nuevo. Me quedé sentado un buen rato admirando todo lo que tenía al rededor y luego emprendí mi torturante viaje de regreso al centro de la ciudad.
Esta vez tomé de nuevo el U-Bahn y me dirigí hacia el Palacio de Hofburg. Su nombre oficial es Palacio Imperial de Hofburg y es el castillo más grande de la ciudad. Durante 600 años fue la residencia de muchos de los emperadores austríacos, incluyendo a los Habsburgo y Sissi. Adentro se alberga un museo en honor a la muy famosa y nombrada emperatriz Sissi. Actualmente es la residencia del presidente de la República austríaca. Este castillo está en la parte más vieja de la ciudad, lo que fue el primer distrito de Viena. Está más céntrico que el de Schönbrunn y no tiene jardines, mas si un pequeño parque donde muchas personas pasan el tiempo con sus mascotas. Allí me acosté un rato al lado de Maleta De Los Dolores. Primero la abracé y luego me di cuenta que podía utilizarla como almohada. La seduje hasta lograr mi cometido. El cielo se había despejado y otra vez los rayos del sol calentaban el césped significativamente. Me quedé completamente dormido como 40 minutos. Hasta que llegó alguien a cortarme la nota y pedirme dinero ¡Viena podrá tener el puesto número uno en calidad de vida, pero aun así hay personas pidiendo dinero! Primero se me acercó una señora a pedirme un euro ¡Hasta me exigió que fuera 1! Además, tenía un acento en alemán mezclado con turco que me daba algo de risa. Después se acercó otro a pedirme que le comprara una revista que cargaba en la mano o le dieron 1 euro. Le dije que no tenía e insistió. Le repetí que no y el tipo aún quería que le comprara la revista. Al final se molestó, se paró, me maldijo y se fue ¿Más o menos? Alguien que por favor me explique ¡Claro, como él es un indigente que vive en Viena, el tipo es hasta exigente! Decidí pararme antes de que viniera otro y esta vez me pidiera un cheque o la tarjeta de crédito que no tengo. Tomé a Maleta De Los Dolores y comenzamos a caminar sin rumbo. Hay tantas cosas en la ciudad que para donde mirara me emocionaba. Llegamos a unas tumbas romanas del siglo V. Encontré un Wi-fi y ¿Qué creen que hice? No respondan. Tomé fotos, fotos, fotos y más fotos. En muchas de ellas salgo con una marca blanca encima de mi labio superior, pues el horrible herpes que me había salido los últimos días en Budapest aún hacía de las suyas, pero ya estaba a punto de extinguirse.
Descansando en el Parque los Coquitos
(Muy pocos entenderán el chiste)
Ya era tarde y sólo tenía en el estómago dos sándwiches que me había traído. Mientras caminaba encontré un Mc Donald's y ahí fue donde comí. Además de ser lo más barato, fue lo primero que vi. Pasé en frente de la Stephansdom (Catedral de San Esteban), estaba en remodelación. De nuevo esperé me subí al tren y fui hasta donde el destino me llevara. Me bajé cerca de Parlamento y por supuesto que no pude dejar de pasar en frente de la Ópera de Viena. Estaba haciendo tiempo hasta esperar la noche. Pues quería que oscureciera para poder ver a oscuras el palacio de Belvedere. Me devolvería a Bratislava a las 7:30 p.m. y ya el invierno se estaba terminando y los días se hacían más largos. Gracias a Dios oscureció a las 7:00 p.m. Había dejado de último el palacio de Belvedere también porque estaba a pocas cuadras del terminal de autobuses. Para llegar, caminé más de 40 minutos desde el centro hasta llegar a los laterales del palacio y entré por la puerta principal. Ya me había acostumbrado al ruido y a las miradas indiscretas de las personas. No sé si fue maldeojos o la suerte que yo cargaba, pero aquí, Maleta De Los Dolores sufrió una fractura de tobillo severa. Una de sus ruedas colapsó por completo, se rompió sin remedio. Se pueden imaginar todo lo que grité en este momento. Ahora el ruido era mayor, la maleta hacía contacto directo con el asfalto de la acera, y por ratos, los restos de la rueda frenaban nuestra marcha. No me importó, tuve que hacer más fuerza, pero seguí caminando. Ya comenzaba a oscurecer y la escena que vi, hizo que me olvidara de todo y cada segundo de tortura de ese día valió la pena y mucho más. El sitio no es sólo un castillo, sino un conjunto artístico que consta de dos palacios Belvedere, uno llamado alto y el otro bajo. Convertidos actualmente en museos. Los dos palacios están unidos por unos jardines majestuosos que se encuentran divididos en tres niveles.
Belvedere bajo
El conjunto de palacios fue elaborado por Johann Lukas von Hildebrandt entre los años 1714 y 1723. La idea de la construcción era un recinto para elaborar fiestas y así aumentar la popularidad del príncipe. Sin embargo, tras la muerte del príncipe y dueño, el palacio fue adquirido por la emperatriz María Teresa quien lo mandó a restaurar y embellecer aún más. El Belvedere alto está ubicado en frente de un lago artificial lleno de patos. Al oscurecer, se encienden luces a los lados del palacio y el reflejo que se observa en el agua le da su toque mágico y perfecto. Tomé muchas fotos y admiré una vez más esa maravilla creada por el ingenio y la mano humana.
7:15 p.m. se me había hecho tarde. A las 7:30 p.m. salía mi autobús de regreso a Bratislava. Corrí y arrastré a Maleta De Los Dolores por toda la calle. Ella gritaba y hacía un ruido enorme, llamando, una vez más, las miradas de muchos curiosos. Llegué al terminal con tiempo de sobra. El chofer abrió la puerta del bus. Miré atrás y le dije adiós a Viena, esa ciudad inesperada en mi trayecto por el viejo continente. Volví a tomarle cariño a Maleta De Los Dolores, al fin y al cabo, sin ella no hubiera tenido de qué hablar hoy.

Belvedere alto
El bus arrancó. Viena se fue quedando atrás hasta desaparecer detrás de pequeñas colinas y una autopista casi sin fin me llevó de regreso a Bratislava. Dos horas y media después estaba de regreso en la capital del país sin nombre. Pasaría un día más en Bratislava antes de emprender mi viaje de 18 horas en autobús para ir a visitar a un viejo y gran amigo de toda la vida: El tío Drácula....

La aventura continúa...

Muchos saludos y preparen cruces y ajos para los próximos posts.

Moisés

8 comentarios:

  1. Jajaja mcdonals a la vista... Se siente uno como en casa con esa salvación!!

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    Respuestas
    1. Mi amooool! Sí!! Aunque no soy amante de Mc Donal's en absoluto, éste te salva la vida, la patria y todo jajajajaja sino fuera por los Mc Donal's no podría estar siempre comunicado, gracias a que tienen WIFI gratis!!!!!!

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  2. No damos importancia a la funcion social que cumplen los Mcdonald y primos hermanos en todo el mundo; nos acogen, si queremos para todo el día, nos conectan con el mundo y nos alimentan barato, solo faltaría que pudiesemos pernoctar en ellos.Por cierto esa idea no les ha ocurrido?
    Felicidades Moises por tu relato, y me gustaria(es una atrevida sugerencia) que en cada uno de los sucesivos,indicaras fechas de estancia, para poder seguirte incluso en el tiempo.Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Mariano! Me alegra sobremanera que te gusten todos estos relatos y todas estas loqueras que me han pasado! :)Aunque a veces parecen muy locas para creer, en realidad fueron así! Gracias por la sugerencia, es una excelente idea! Comenzaré a colocar fechas de estancia en las demás publicaciones :)
      Un abrazo y saludos :)

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  3. Jaja sos un loco! Oye qué progrma descargas pal gps??

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    1. Boludaaaaaaaaaa! Sho uso el Sygic! Me lo he descargado pirateado y lo instalé gratis jajaja aunque después de la última actualización que le hice a la tablet no funcionó más, pero ya buscaré la manera to make it work! lol
      Un abrazo pelutooooo!

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  4. Jajaajaja no se que me ha dado mas risa saber que caminaste todo el dia con la mega maleta o la leyenda de "Descansando en el parque los coquitos"

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    1. Samy! Jajajaja yo tampoco lo sé! Pero este viaje inesperado fue genial! A pesar de tener que cargar con esa hija pasada de peso! Jajajajaja me alegra que estés leyendo mis locuras!!! Un abrazo!

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