sábado, 29 de septiembre de 2012

¡Cita con Drácula! La aventura continúa...

Al fondo el Castillo de Drácula
Un sueño de casi 15 años estaba apunto de hacerse realidad. La ilusión de un niño de 8 años, que una vez dijo, "Algún día iré a Transilvania", ya no parecía tan imposible. Hay tantos sitios a los que siempre he soñado ir y Transilvania había estado por años dentro de los primeros puestos, después de Egipto. La fusión entre el mito, realidad y aventura hicieron a este viaje inigualable.
Agnes y yo llegamos al pueblo de Harghita dentro del condado de Odorheiu Secuiesc, donde viven sus padres. Estacionamos el carro y al bajarme tuve que fijarme por donde caminar para no resbalarme con el hielo que aún había en el suelo. Tomé a Maleta Pesadilla y Agnes me ayudó con Maleta De Los Dolores. Caminamos hacia dentro de la casa y allí nos esperaban los padres de Csilla y Agnes. Ambos hablan muy poco inglés, pero eso no fue impedimento alguno para ser amables y entablar una conversación conmigo. Afuera comenzó a hacer mucho más frío. Ese invierno las temperaturas habían llegado a los -29 grados Celsius. En ese momento no hacia tanto frío, pero si lo suficiente. La casa no contaba con calefacción moderna, sino con una chimenea así como en las películas. El ambiente era cálido y agradable y la familia de Csilla aún más.

Estaba muerto del hambre, pero muerto. Sólo había comido dos sándwiches en el autobús y un café mientras esperábamos por el carro. La madre de Csilla ya estaba preparando la cena y faltaba muy poco para que estuviera lista. No recuerdo los nombres de ninguno de los platos, puesto que eran en húngaro. Todo el pueblo de Odorheiu Secuiesc habla húngaro, no rumano. Lo que sucede es que casi toda la región de Transilvania perteneció al Imperio Astrohúngaro y fue parte de Hungría hasta hace pocas décadas atrás. 
Csilla y yo
Lo que comí ese día fue una extraña y deliciosa sopa de tomates con otras legumbres, después un plato con arroz y champiñones fritos. Estaba en la gloria. Me encantan los champiñones y que me hayan recibido con esa comida, simplemente no tuvo precio. Comí y comí siempre intentando no mostrar el hambre que había pasado últimamente. Después de la comida no podía faltar un buen café con leche. Por cierto, leche casera. Casi todas las casas de Transilvania tienen sus vacas y ellos mismos se despiertan de madrugada a ordeñarlas. Algo que me sorprendió de esa parte de Rumanía fue el hecho de que casi todo es hecho en casa. Aún conservan la tradición de cosechar muchas cosas y comerlas frescas. Después de comer y del café quede exhausto. Sentía que pesaba más que antes de tanto que había comido. Hablé con Agnes y sus padres por un buen rato y después logré conectarme y revisé mi Facebook. Tenía dos millones de notificaciones, miles de mensajes y cientos de e-mails en mi correo personal. La gente preguntaba por mi paradero. Muchos llegaron a pensar que había sido secuestrado por algún vampiro bipolar. Había pasado casi dos días alejado del mundo virtual, cosa muy rara y la gente se comenzó a preocupar. Leí y respondí todos los e-mails, notificaciones y mensajes de Facebook que tenía. Llamé a mi casa y me era imposible disimular la felicidad que sentía en ese momento. Una vez más atendió el teléfono mi tía y le digo en un tono de voz que delataba mi alegría -"¡Tía, vine a visitar a Drácula!"- mi tía repleta de alegría me responde "¡Qué bien, mi amor! ¿Eso es en Rumanía, cierto? ¿Estás en Bucarest?" ¡Wow! Ya la gente sabía más o menos dónde yo estaba. En realidad estaba muy lejos de Bucarest, la capital. Mi tía me respondió que ya que la última vez no sabía donde yo estaba, se puso a buscar información en Internet para no andar perdida la próxima vez que yo llamara. Hablé con todos en mi casa. Todos morían de la emoción. Mientras tanto en la cocina de la casa de los padres de Csilla todos me veían extrañados y nadie entendía qué carajos hablaba yo. Ese día terminó muy bien. Más tarde hubo más comida y como dice el dicho "barriguita llena, corazón contento". Me fui a dormir temprano. El trasnocho del bus embrujado me había dejado hecho polvo.
Csilla y Agnes
El frío que hacía esa noche era petrificante. Para ir a la que fue mi habitación, tenía que pasar por un pasillo al aire libre. En cuestión de segundos mis orejas y nariz se congelaron. Cuando llegué al cuarto y abrí la puerta, la habitación estaba lista y aclimatada. Lo más sorprendente fue el sistema de calefacción que usan. Se trata de una especie de nevera hecha completamente de cemento y cerámica con una pequeña puerta en el lado inferior desde donde se llena con leña. Esto es sorprendente. Es capaz de calentar la habitación completa durante toda la noche.
Fue entonces como mi cuerpo, al entrar en contacto con la cama y las cobijas, se relajó por completo hasta el otro día. 
El despertador sonó a las 9:00 a.m. Después de bañarme el desayuno me esperaba en la mesa ¡Cuál príncipe! Desayunamos y emprendimos nuestro viaje de 3 horas para ir a buscar a Csilla al aeropuerto de Targu Mures. Pasamos de nuevo por el pueblo de Odorheiu Secuies. Agnes y yo hablamos por largo tiempo hasta que se nos acabaron los temas de conversación. Luego quedamos en silencio y cuando se nos ocurría algo comenzábamos a hablar de nuevo. Así transcurrieron tres horas hasta que llegamos al aeropuerto. Csilla nos esperaba fuera. Cuando nos vimos fue como un viaje al pasado. Ella estaba igual que siempre con esa gran sonrisa que la caracteriza. Nos abrazamos efusivamente. Yo no podía apaciguar la emoción. Visitar un país nuevo es una experiencia única, pero rencontrarse con los amigos es algo insuperable.
Después del momento de euforia por el rencuentro nos dirigimos de regreso a Odorheiu Secuiesc. Fueron tres horas más de camino. Nos paramos un sitio por un café y luego continuamos. Csilla y yo hablamos y hablamos como nunca antes. Le conté los acontecimientos más recientes y relevantes de mi corta vida de apenas 24 años. Entre cuentos y risas pasaron de nuevo tres horas hasta que por fin llegamos a casa de sus padres. De nuevo nos esperaba la mesa servida, llena de comida y más comida. Todos saludaron a Csilla con emoción y luego nos sentamos a comer. Hablamos y hablamos una vez más y así se nos pasaron las horas una tras otra. Una día más, faltaba cada vez menos para conocer a mi tío el chupa sangre.
Al día siguiente comenzamos nuestro primer paseo. Nos despertamos temprano. Hacía un frío terrible. Desayunamos y comenzamos a hablar sobre mi itinerario durante esos días en Rumanía. Ese día fuimos a un sitio donde sale agua con gas del suelo. Es agua 100% potable. Jamás le creí a Csilla sobre eso hasta que no la vi con mis propios ojos y la saboreé ¿Cómo es posible que del suelo pueda salir agua con gas? Allá parece ser algo normal. La gente llega con decenas de potes vacíos, hacen su cola y se los llevan completamente llenos. Al parecer esta agua con gas, parecida a lo que en Venezuela llamamos "soda", contiene nutrientes y vitaminas especiales, por lo que es muy codiciada y popular en toda la región de Transilvania. 
Agua con gas
Después de quedar impactado con eso del agua con gas emanando del suelo, nos dirigimos hacia unas montañas a pocas horas de distancias. Todo quedaba a mínimo una o dos horas de donde estábamos. Nos esperaba una tarde llena de nieve y aventura ¡Esquiar fue orgásmico!
Llegamos al lugar que no recuerdo como se llamaba. Todos hablaban rumano por todos lados y, por supuesto, yo no entendía un pepino. En el área donde alquilamos el equipo de esquí nos tomamos un café para calentamos un poco antes de semejante jornada que nos esperaba. El día estaba completamente despejado, pero el sol parecía más bien enfriar en lugar de calentar.
Botas de esquí puestas, adrenalina al 100%, recé un padre nuestro y ya estaba "listo" para lanzarme por esa montaña cuesta abajo. Agnes parecía toda una profesional mientras que Csilla y yo apenas podíamos mantenernos sobre nuestros pies. Intenté ir de lado poco a poco para reducir a velocidad. Primera caída, la nieve amortiguaba, pero quedaba todo lleno de nieve y al derretirse penetraba en la ropa y terminé casi con hipotermia. No me importó. Me paré y así mismo como hago con las situaciones adversas, continué. Estudié la técnica y me di cuenta que todo era cuestión de equilibrio y concentración. Intenté de nuevo y caí ¡Coño! Parecía fácil, pero no lo era. Insistí hasta que algunos al cabo de 20 minutos era ya todo un profesional y no exagero. Era como patinar cuesta abajo. Sólo era cuestión de agarrarle el hilo a la cuestión y más nada. Para Csilla las cosas no parecían irle tan bien. Mientras yo alardeaba de mi éxito esquiando, Csilla aún no lograba mantenerse de pie por algunos segundos. Poco a poco las cosas cambiaron y finalmente todos nos hicimos profesionales del esquí. Pasé una tarde espectacular, única, inigualable y especial en compañía de Csilla y Agnes. La felicidad se me desbordaba por los poros y la sensación de libertad era única. 
Había esquiado por primera vez en mi vida y tengo la seguridad de que lo volveré a hacer.
Terminamos ese día con un pequeño paseo a otro pueblo donde vive un amigo de Csilla y Agnes. Primero fuimos a cenar en un restaurant mexicano, donde las meseras vestían trajes tipos mexicanos, pero ninguna hablaba español y la comida no parecía en nada mexicana. Aunque estuvo muy deliciosa. Intenté hablar mexicano, pero no me entendieron en absoluto. Cuando la mesera se acerca le dijo: -“¡Órale, wey! Has de cuenta que quiero unas chelas y unos burritos con mucho chile ¡Ándale, ándale, ándale!”- Pues no me entendió absolutamente nada. Csilla pidió por mí, ya que ni inglés sabía la chama. Pedí una especio de pollo con champiñones y arroz. Al principio se veía extraño, pero resultó estar muy de
licioso.
Supuesta comida mexicana
Cominos y nos encaminamos a casa del amigo de Csilla. El pueblo donde estábamos era muy curioso. Tenía aspecto de pueblo, pero un poco más desarrollado que los demás que habíamos visitado. Cuando llegamos a casa del amigo de Csilla, nos recibió con un vino casero, hecho por él mismo. Como les comenté, casi todo es hecho en casa. Me contaron que para comprar leche fresca sino tienes vaca, puedes ir a un sitio dónde puedes ir con tu envase vacío y te lo llenan.
Agnes, Csilla y su amigo hablaron por largo rato. Yo intenté entender algunas palabritas, pero la verdad no pude. También tenía miedo de entender algo que no era, y caer en la burla como había caído la vez anterior en Nitra. Nos despedimos del amable amigo de Csilla, quien al final me habló en inglés. Después nos regresamos cansados a casa, donde nos esperaban los padres de Agnes y Csilla.
Un día más había transcurrido y mi fantasía vampirística estaba aún más cerca.
Me gustaría contarles un poco sobre Transilvania. Así como para no perder la costumbre y hablarles sobre las cosas que más me llamaron la atención. Primero, a pesar de pertenecer a la Unión Europea, no tienen el Euro como moneda. Tienen como moneda el LEU rumano (Lei en plural) ésta ha sido su moneda desde 1880 y en el año 2006 también pasaron por un proceso de reconversión monetaria, parecido al que sucedió en Venezuela cuando pasamos de Bolívares a Bolívares Fuertes. 1 euro equivale a casi 5 leí.
De todos los destinos que visité Rumanía fue uno de los más económicos. Una comida completa en un restaurant te puede costar entre 10 y 15 lei, es decir, solo 3 euros.
Por otra parte y algo que a mí me pareció curioso es que toda la vida yo pensé que Transilvania era un estado dentro de Rumanía o simplemente una ciudad. Me imaginaba que al llegar a Transilvania, en la vuelta de la primera esquina vería el castillo de Drácula ¡Pues no! Transilvania es una región completa que abarca casi la mitad del país. Es como la región de los andes en Venezuela. Todos sabemos que hay un lugar llamado “Los Andes” pero estos no son necesariamente estados o ciudades, sino regiones compuestas de varios estados. Así es Transilvania. Mi querida y tétrica Transilvania.
Foto familiar
Al día siguiente Drácula esperaba por mí. Desde el pueblo de Odorheiu Secuiesc hasta Brașov, ciudad donde queda el famoso castillo de Drácula, fueron casi 5 horas de camino. Tuve la suerte de contar con una hermosa conductora que nos paseo sin queja alguna y además era fotógrafa profesional. No podía pedir más ¡Hasta mi propia fotógrafa tenía! Se trataba de Agnes. 
El camino me pareció eterno y estaba tan ansioso como cuando era pequeño (De edad, porque de tamaño creo que sigo igual) y esperaba por los regalos el 24 de diciembre a las 12 de la noche. Hablamos de muchas cosas para matar el tiempo. Pero por lo visto el tiempo es inmortal. Pasamos por una villa que olía horriblemente a huevos podridos ¡Wow! El olor era espantoso e incluso con los vidrios arriba el olor era insoportable. Después pasamos por otra que olía a estiércol de vaca y otros animales que al parecer sufrían de una indigestión horrible. Pasamos varias villas, pueblos pequeños y carreteras que parecían no tener final. Finalmente y después de aquél largo camino, llegamos a mi destino más esperado en todo mi recorrido por el viejo continente.
Mi sonrisa era de oreja a oreja. Estacionamos el carro y bajé enseguida. Miré hacía los lados y allí muy cerca de mí estaba el famoso Castillo de Bran. Esto era más que un sueño hecho realidad. Era mi propia película de Hollywood, con efectos especiales y música de fondo. Había leído más de la mitad del libro de Drácula escrita por Bran Stoker. Ya tenía el castillo visualizado en mi mente. Me imaginaba los pasillos, las habitaciones y sus jardines. Caminamos hacia un café cercano al castillo, tomamos un café y fuimos al baño. Pasamos por un boulevard pequeño que está en las afueras del castillo. Agnes decidió quedarse abajo tomando algunas fotos porque ya había ido muchas en ocasiones anteriores. La entrada al castillo son sólo 21 lei, lo que equivale casi a 5 euros.  
El castillo está ubicado en la cima de una colina, lo que hace que se muestre dominante por encima de todas las construcciones del pueblo. Imagino que en su época de auge fue la construcción más llamativa de toda la región y a mi parecer aún sigue siéndola.
Antes de subir el pequeño camino empinado que conecta con la puerta principal del castillo hay uno pequeño jardín que bordea toda la colina. Estaba aún lleno de nieve y las fuentes y pequeños estanques de agua estaban congelados. Caminamos poco a poco y mientras más nos acercábamos el castillo me parecía inmenso. Cuando terminamos de llegar arriba, mi percepción cambió por completo. El castillo no era tan grande como se veía ni como yo lo había imaginado. No me dejé llevar por esa primera impresión y terminé de subir las pequeñas escaleras que faltaban para entrar definitivamente. La puerta un poco pequeña. Lo primero que vi fue fotos antiguas y cuadros guindados en las paredes. Hasta los momentos parecía todo normal. Sólo que parecía que había sido construido para alguien de tamaño un poco reducido. Continuamos caminando.
Interior del castillo de Drácula
El castillo se divide en varias habitaciones y es algo enredado. Entras por una puerta y sales por otro lado y sin darte cuenta llega otra vez a donde mismo. La construcción en sí, no es tan majestuosa como creí. Es más bien sencillo. El acabado es un poco tosco y las paredes son extremadamente gruesas. Parece más bien una casa en lugar de un castillo. Según el libro de Bran Stoker, dice que el castillo es inmenso y cuenta con cientos de habitaciones y pasillos interminables, pero no lo es así. Es mágicamente encantador y posee un atractivo único. Pero personalmente pensé que sería más grande. Con esto no quiero decir que no sea digno de visitarlo.
Cuando estaba en el castillo me enteré de algo que al principio no me gustó mucho: este no es en realidad el castillo de Drácula y lo peor de todo, no hay un castillo de Drácula. Resulta que este edificio fue inspiración para Bram Stoker cuando comenzó a escribir su famosa novela “Drácula”. Además, el personaje de Drácula fue inspirado en Vlad Draculea mejor conocido como Vlad el Empalador. Stoker tomó a este famoso asesino, quien en realidad sí existió, y creó al famoso personaje que todos conocemos como Drácula. Vlad Draculea fue un conde a quien se le conoció por la manera tan cruda y sangrienta de acabar con su enemigos. Draculea solía empalarlos, es decir, atravesar una estaca afilada por el recto hasta salir por la boca, lo que provocaba la muerte, muchas veces instantánea otras veces no. Este famoso y sangriento conde jamás vivió en ese castillo, es más, jamás fue de su propiedad. No hay evidencias de que el Vlad haya vivido allí en persona y, según la mayoría de versiones, el Empalador pasó sólo dos días en el castillo, encerrado en una mazmorra, cuando la región estaba ocupada por el Imperio otomano.
El castillo está abierto para los turistas, quienes pueden ver el interior sin guía o una parte de él con tour guiado. En el exterior del castillo hay ejemplos de casas tradicionales rumanas.
Foto con el tío Drácula
El castillo fue en realidad posesión de la Princesa Eliana de Rumanía, la cual lo heredó de su madre, la reina María. En el año 1948 pasó a ser propiedad del gobierno comunista de Rumanía. Durante muchos años fue prácticamente dejado en el olvido, pero en los años 80 se restauró y pasó a ser un destino turístico.
En la actualidad es propiedad de Dominic Von Habsburg, quien es un ingeniero estadounidense que vive en Nueva York. En una publicación de la revista Forbes de Estados Unidos, el castillo fue valorado en 140 millones de dólares, cantidad justificada por los expertos debido a los ingresos que podría proporcionar este edificio histórico como foco turístico. Pero los propietarios actuales y las autoridades insisten en rechazar el mito de Drácula, y prohíben explotar el castillo como parque temático sobre este personaje, lo que le resta mucho su atractivo. Aunque creo que por más que no quieran asociarlo con el mito de Drácula, lo cierto es que ya se ha convertido en un ícono y muchos lo identifican como el hogar del más temible y famoso vampiro de todos los tiempos.
Haya sido o no hogar de Vlad Draculea o del Vampiro Drácula, lo importante es que este castillo es digno de una visita. Los habitantes son amables y los comerciantes que te venden suvenires son muy amistosos. Fue aquí dónde compré los recuerdos más económicos de todo mi viaje.
Mientras estaba dentro del castillo no podía dejar de tomarme una foto con mi tío Drácula Gónzalez. Como mandado a hacer para mí, la brisa hizo que una puerta se moviera y enseguida volteé y le dije a Csilla: -“Allí está Drácula”- En eso levanté el brazo abracé a mi gran tío y Csilla nos tomó una foto. Lástima que Drácula no pudo salir en la foto, recuerden que los vampiros no salen ni en los espejos ni en las fotos. Hice todo lo que pude para retratar ese momento, pero no fue mi culpa no lograrlo.
Por fin había hecho mi sueño realidad. Mi fantasía vampirística estaba saciada y ese día estuve 100% agradecido con la vida por regalarme semejante oportunidad. Drácula nunca existió y jamás vivió allí ¿Pero, quien le dice a un niño que todo es mentira? Y en ese momento yo volví a ser un niño, aquel niño de ocho años que una vez leyó en un libro la sorprendente historia de Drácula y quedó fascinado. Transilvania es un icono de la ciencia ficción y llegué a ver infinidad de películas donde Transilvania era el escenario principal. 
Tomé decenas de fotos. Recorrí cada parte del castillo, cada rincón, la terraza. Siempre tuve la sensación de que era muy pequeño. Al terminar de recorrer las habitaciones y los pequeños pasillos, bajamos al centro del castillo donde hay un libro para visitantes. Escribí algo en español en el libro. Dimos media vuelta y me despedí. Le dije hasta pronto a aquel sueño que ya no era más un sueño, sino una realidad palpable y tangible. Salimos del castillo y bajamos a encontrarnos con Agnes quien había pasado el tiempo tomado fotos. No podía dejar la oportunidad de tener a una fotógrafa profesional y no tomarme una foto decente en frente del castillo. 
Esquiando

Compramos una especie de pan típico de Transilvania, que es como una especie de coño hueco en el centro y rodeado de azúcar y canela ¡Muy bueno! Nos dirigimos al auto y comenzamos nuestro viaje de más de cuatro horas de regreso a Odorheiu Secuiesc.
Ya había conocido a Drácula, pero la aventura aún no terminaba. Me quedaban dos días más en esas tierras misteriosas. Ese día regresamos a casa de los padres de Csilla y la cena una vez más estaba servida. Me sentía en el paraíso otra vez, me trataban como un rey y no tenia absolutamente nada de que quejarme. 
Al día siguiente como desayuno me sorprendieron con unas deliciosas panquecas húngaras. La noche anterior le había contado sobre mi estancia en Budapest y lo mucho que me habían gustado esas panquecas. 
Las disfruté muchísimo y hasta me acordé de Adrienn y aquellos días de caminatas por Budapest. Una hora más tarde salimos camino a la ciudad de Turda para un penúltimo paseo.
Turda es una ciudad ubicada al noroeste de Rumanía en la región de Transilvania. Es una ciudad sencilla con un estilo rumano muy peculiar. Nuestra razón para visitar esa cuidad era conocer la muy famosa Mina de Turda. Se trata de una mina subterránea completamente de sal. Sí, así mismo como lo escuchan. Toda la mina es de sal. No se trata de un simple hueco en la tierra, sino de un complejo turístico completo. Es inmensa. Desde el año 1075 los habitantes locales la han explotado y poco a poco ha llegado a ser lo que es hoy. Un autobús nos llevó de la superficie a las profundidades de la madre tierra. Al llegar bajamos unas escaleras interminables hasta que por fin llegamos. El suelo es de sal, el techo las paredes también. Hay esculturas talladas en sal, una pequeña iglesia ¡Lo más impresionante de todo es que tienen WI-FI gratis! Se dice que aquel ambiente rebosante de sal es beneficioso para la salud y por eso la mina se transformó en un sitio donde las personas pueden ir a pasar todo un día. El complejo cuenta con baños, restaurant, áreas para jugar tenis, bancos para sentarse con la laptop a navegar por Internet, entre otras cosas. La temperatura durante todo el año se mantiene casi igual. Varía entre 15 y 23 grados Celsius, así afuera este a -100, adentro siempre está agradable. 
Entrada de la mina de Turda
Terminamos esa tarde en un restaurant cerca a la mina, donde comí una deliciosa ensalada de champiñones. Sé que estoy como un poco repetido con eso de los champiñones, pero es que me encantan. Bromeaba con Csilla y Agnes y les decía que me sentía en Mushroomland, algo así como Champiñolandia en español. Acompañamos la cena con unas copas de vino y brindamos por ese rencuentro y por la salud de los tres.
Un día de por medio me separaba de Londres y de mi tan esperada cita con la Reina Isabel. Ese último día en Transilvania fuimos a dar un paseo por el pueblo Odorheiu Secueisc. Un pueblo pequeño y con mucha gente en realidad. Tomamos café en un bar con una temática extraña. Aprendí algunas palabras muy importantes en rumano. Y, para cerrar mi paseo, fuimos a caminar por los valles de Harghita, aún cubiertos de nieve.
El 22 de marzo de 2012, salí junto con Csilla en un bus hasta la ciudad de Cluj Napoca, considerada la capital no oficial de la región de Transilvania. Nuestro vuelo para Londres salía desde esa ciudad la mañana del 23 de marzo a las 6:00 a.m. Salimos a las 6:00 p.m. desde Odorheiu Secuiesc y llegamos a Cluj Napoca a las 11:00 p.m. La noche era joven y faltaba mucho para las 6:00 a.m. ¿Dormir? ¡Jamás! Era hora de rumbear.

Ya puedo oler el aroma del té inglés recién servido.

Nos vemos en Londres…

Saludos y abrazos de parte de la Reina

Moisés

7 comentarios:

  1. ¡Le estas dando duro, bro! ¡Genial tu relato!
    Saludos y un fuerte abrazo desde Venezuela.
    Ozzy

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    Respuestas
    1. Ozzy! Orale gacias, hermano! Me alegra que te haya gustado... :) un gran abrazo

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  2. Como verás soy un incondicional de tus relatos, me divierten y lo paso bien siguiendote.Felicidades y un abrazo.

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    Respuestas
    1. Mariano, me he dado cuenta de eso y me alegra mogollón que te gusten mis relatos! :)
      Ya falta poco para llegar a España... Por ahí te nombraré :)
      Un fuerte abrazo

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  3. Respuestas
    1. señor Javier! Me imagino eres tú! Me alegra que de nuevo le haya gustado!!! :) un abrazo

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  4. Forrro loco!Y entonces dónde vivía el conde Vlad? Thumbs up pa'que sigas viajando y contando, cheto!

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