sábado, 4 de agosto de 2012

¡Estoy en Bratislava! ¿Y dónde coño queda eso?

Bratislava desde la cima de una colina
Ya estaba preparado para decirle adiós a Budapest. Esa misma noche antes de partir a Bratislava, después del bar, fuimos a comer, por última vez, panquecas húngaras. Elegí tres de sabores diferentes, nutela, pudín de chocolate y otra con frutas y requesón. Una vez más supe lo que se siente decirle adiós a alguien que aprecias muchísimo y que seguramente vas a extrañar al día siguiente, al pensar que tendrá que pasar mucho tiempo, otra vez, para un nuevo rencuentro. Definitivamente, lo mejor de mi viaje a Budapest fue rencontrarme con Adrienn y sentir que aún, a miles de kilómetros de distancia, tengo una gran amiga.
Mi autobús para Bratislava salía a las 6:00 a.m. desde el terminal de buses de Budapest. Como les comenté, la noche anterior había ido con Adrienn a un bar húngaro a tomar "las bebidas nacionales". Puse el despertador a las 4:30 a.m. pero estaba tan cansado que no lo escuché y seguí de largo hasta las 5:00 a.m. Salté de la cama y ni chance de bañarme tuve.
Menos mal no apestaba. No tenía todo listo y comencé a meter todo en las maletas a como diera lugar. Había hecho el check-out la noche anterior y sólo tenía que salir de la habitación, cerrar la puerta y correr a la estación del tren. Por suerte al salir del edificio, justamente al lado, estaba la estación. Aquí comenzaba otra vez mi pesadilla principal "Mis maletas". Ya ni se cuánto pesaban. Sólo sé que cada país nuevo significaba más peso en mi equipaje. No es que sea un comprador compulsivo de suvenires, sólo que no me resisto a comprarlos. Bajé las escaleras de la estación dos veces. La primera con la maleta pequeña y la segunda vez con la más grande. No había nadie que me pidiera la tarjeta del tren. ¡Típico! (Cómo diría mi amigo Aquiles) Si no hubiese tenido la tarjeta ¡Pues me la piden! Pero como la tenía... Lo cierto es que bajé por las escaleras mecánicas. Esperé el tren y me dirigí hacia la estación de buses de Budapest. Sentía que el tiempo pasaba rápido y yo en ese tren que se movía como tortuga recién levantada. Tenía que estar media hora antes de la partida del autobús. De lo contrario perdería mi autobús para Bratislava y eso implicaría perder un día y perder dinero. Además, ya había perdido un pasaje y no me daría el lujo de cometer ese error de nuevo. Les explico; cuando estaba en Budapest comencé a buscar la manera mas barata de irme a Bratislava. Todo el mundo me decía que la mejor manera de viajar dentro de Europa era por tren, pero la verdad no me parece en absoluto. Los precios son extremadamente exagerados. Yo iba en plan "mochilero pelabolas", bueno en realidad yo diría "maletero" (Señores y señoras, no cometan el mismo error que yo cometí. Su van a hacer algo parecido a esto, compren un bolso. No viajen con maletas) Lo cierto fue que encontré que lo más barato para ir a Bratislava era en bus. Junto a mi amigo Vlado encontré varias compañías de autobuses que iban a Bratislava. La más barata se llama Orange buses. Sin embargo, no tenían disponibilidad para los días que yo necesitaba. Vlado me consiguió otra compañía de autobuses que si más no recuerdo se llamaba Eurolines
Bratislava
La ida de Budapest a Bratislava me costó sólo 12 euros. Enseguida compré el pasaje de Budapest a Bratislava, también compré el retorno; Bratislava - Budapest, porque para irme a Rumanía ajuro tenía que salir desde Budapest, de lo contrario tendría que irme en tren desde Bratislava y me saldría carísimo. Al final, por bruto, tuve que cambiar el pasaje DOS veces y perder dinero. No cuadré bien la fecha de ida para Rumanía y tuve una pequeña crisis existencial. Cambié el pasaje de ida a Rumanía de un día para el otro, y después tuve que cambiarlo otra vez para el día donde inicialmente lo había comprado. Lo peor fue que cuando me cambiaron el pasaje me pusieron una multa de 70 por ciento el precio del boleto. Tampoco es que eran muy caros, pero en mi situación, ahorrar cualquier euro, era válido. Entonces, un pasaje que sólo costaba 12 Euros, me salió casi en 30 euros. Es que yo lo digo, a mí y al pato Lucas, son cosas que me pasan una sola vez, y a veces hasta dos.
Finalmente llegué al terminal de autobuses de Budapest. Llegué a tiempo. Corrí a la casilla de información y pregunté dónde estaba mi autobús. Salí a la zona de abordaje y ahí estaba el autobús que me llevaría a esa ciudad que nadie sabe dónde queda o qué es. Debo admitir que hace tres años cuando conocí a Vlado, al igual que a Adrienn, en el mismo campamento, y me dijo que venía de Eslovaquia, me quedé mucho rato pensando. Lo que más me sonaba era Checoslovaquia y hasta donde mi cultura me alcanzaba, ese país ya no existía. Después me enteré que hablaban “eslovaco” ¡Coño! Hasta su propio idioma tienen. Me sentí bruto, ignorante e inculto. Ya por lo menos sabía que había un país que en inglés tenía nombre de pavo y que sus habitantes no saben si están en Europa o Asia. También sabía que hay un país que en inglés suena a "Hambre", pero ¿Un país que se llama Eslovaquia? ¿No era Checoslovaquia? Jajaja entré en un momento de confusión y luego de buscar dentro de mis documentos almacenados en mi pequeño CPU llamado cerebro, me acordé que en efecto, existe un país con ese nombre. Fue parte de otro país que se llamó Checoslovaquia y existió desde 1918 hasta 1992, cuando amistosamente se separaron y dieron lugar a dos países completamente independientes. 
Vlado y yo en Bratislava
Es impresionante cómo el mundo cambia drásticamente con cada siglo. Antiguamente, la "nota" era ser el país con la extensión territorial más grande de todas. El imperio chino, el imperio británico, el imperio español que iban conquistando y ganando más territorio y con eso iban mostrando quién era más poderoso. En la actualidad, sucede todo lo contrario. La "moda" es ser cada vez más pequeño. Tal es el caso de Andorra. Sí, hay otro país en Europa que se llama Andorra. Yo lo llamaría un "micropaís". La cosa es que es un país del tamaño de Chacao y cuyo jefe de estado es el presidente francés. Jamás entendí esto. ¿Para qué coño quieres ser independiente de España, pero quieres que tu presidente sea el francés? ¿Es más cacheroso? Si quieren ser independientes que lo sean de una vez. También tenemos a Catalunia, un estado de España, que también quiere ser un país independiente. Por los momentos aún sigue siendo parte de la Madre Patria. Otro caso es el Vaticano, aquí de verdad que no entiendo ni creo que entienda jamás. O sea, ¿Una iglesia y una plaza son un país? También está Mónaco, otro de los micropaíses europeos y ni hablar de Lichtenstein. Dentro de cien años quizás la moda sea no ser parte de nada y cada quien vea y decida a qué lugar pertenecer. Para esa época tal vez la tierra esté tan contaminada que tengamos que emigrar a la luna y entonces seremos lunáticos.
Lo cierto es que gracias a Vlado, pude culturizarme un poco y aprender que Europa no solamente es Francia, Alemania, Inglaterra e Italia. Sí, señores, hay otros países que ni se nombran, pero que en realidad están allí esperando ser visitados y tienen muchas cosas para mostrar. Ir a Europa es como ir a Estados Unidos y cuando vas de Nueva York a Pensilvania es como ir de un país a otro, o más criollito, ir de Caracas a Coro, es ir de un país a otro. Véanlo así.
De Budapest hasta Bratislava, capital de nuestro país anfitrión Eslovaquia, me tomó sólo un poco más de 4 horas y media, sino menos. El autobús en el que me fui iba casi vacío. Irían como 10 personas y creo que era mucho. El bus iba de Budapest a Praga y hacía su primera parada en Bratislava. Casi todos los autobuses dentro de Europa tienen Wi-fi. Bueno, dicen tener. En ese que me fui, tenía, pero la recepción era tan mala que el simple hecho de abrir Google, tardaba una eternidad. Además, usar la Tablet mientras el bus va en movimiento me dan ganas de vomitar. Decidí guardar la Tablet y acostarme a dormir. Tenía dos asientos completos sólo para mí. Me quité los zapatos, y me acosté a lo largo de los dos asientos. Se me salió lo tierruo y lo que me faltaba era aplaudir cuando el autobús llegara. Para consuelo mío y no sentirme poco cacheroso, me di cuenta que yo no era el único que estaba haciendo eso. Los demás europeos "primer mundistas" también lo hacían. Me relajé y me quedé dormido hasta que llegamos a mi destino. Sentí que esas horas pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Literalmente lo fue así, cerré los ojos en Budapest y los abrí en otro país. Creo que más estresante se me hace ir de Caracas a Los Teques en el transporte de la universidad en las tardes. Hasta suele tomar más tiempo ir de una ciudad a un pueblo en Venezuela. 

Río Danubio y al fondo
un puente espectacular que no sé cómo se llama
El chofer dijo algo por un parlante en el autobús. Lo único que entendí fue cuando intentó hablar inglés y yo creí haber escuchado Bratislava. Abro los ojos y en efecto ya habíamos llegado. Fui el único que se bajó allí, imagino que los demás iban a Praga. Tomé mis dos bellas y pesadas maletas, que por cierto tuve que pagar 1 Euro adicional por cada una, para que pudieran ir en el compartimiento inferior del bus. Había llegado a un terminal medio viejo, pequeño, de sólo dos pisos. Todo escrito en otro idioma igual o más raro que el del país anterior. No entendí nada. Ahí mismo donde el autobús me dejó, esperé a Vlado. En realidad no habíamos cuadrado en que parte del terminal nos veríamos, por eso decidí esperarlo justamente ahí. Pasaron 10 minutos y el personaje no aparecía. Cinco más y hasta llegué a pensar que me había bajado en otro país que tampoco sabía que existía y probablemente nadie hablaba inglés, me secuestrarían y usarían  mi inteligencia para crear armas en contra de Libia y otros países árabes. Además, tampoco veía algún letrero que dijera "Welcome to Bratislava" o tal vez sí lo había, pero estaba en Eslovaco. Cinco minutos más después vi que alguien de tamaño exagerado caminaba hacía mí. Fue fácil distinguir a Vlado, primero porque no había casi gente y segundo porque es tan alto que a metros de distancia puedo reconocerlo incluso sino llevo lentes. Me pareció que estaba más alto que la última vez que nos vimos. También me pareció que estaba como desnutrido y con cara de estar pasando trabajo jajajaja. Hablando en serio, estaba igualito que dos años atrás en Nueva York. Nos saludamos efusivamente y lo primero que le dije fue ¡Dovlado! Una especie de chiste que surgió en el campamento donde nos conocimos. Él se llama Vlado y si le coloco un “Do” adelante, suena como “Doblado”. Sí, lo sé. Otro chiste malo. Pero eso causaba risa hace dos años en Pensilvania.
Eso de que no había casi gente en el terminal fue algo que me sorprendió de Eslovaquia. No sólo en el terminal sino en la ciudad como tal no hay gente. Vlado me decía que era porque llegué un sábado y supuestamente los fines de semana no hay mucha gente en las calles. Esto me pareció extraño. Yo vengo de un sitio donde los fines de semana es cuando hay más gente en todos lados. La gente sale de rumba, va a la playa y los centros comerciales están llenos. Más tarde entendí la razón de todo.
Eslovaquia es un país pequeño que sólo cuenta con una población a nivel nacional de 5,3 millones de habitantes ¡Eso no es nada! En Caracas hay más gente. Ya casi llegamos a los 6 millones. Aunque en nuestro caso, esto sí es un problema, puesto que Caracas sigue creciendo en población y cada vez menos en estructura. 5,3 millones de personas distribuidas en todo el país, no es nada. Sólo en Bratislava, la capital, hay 450 mil. Eso me impactó mucho. Fue la primera impresión que tuve de la ciudad. Estaba acostumbrado a grandes ciudades siempre llenas de gente. Vengo de un pueblo que siempre está congestionado. Me voy a Caracas, una ciudad donde ya no cabe un alma. Por lo menos lo de los crímenes y matanzas ahora tienen un poco más de sentido. Es una especie de “selección natural” o mejor dicho “selección homicida” (Mal chiste, lo sé) sino, imagínense ¡¿Cuánta gente habría en Caracas?! Después me voy a Nueva York, una mega ciudad, con 8,4 millones de habitantes. De ahí agarro pa’ las Uropas, a Berlín exactamente; una ciudad con 3,5 millones de habitantes. Luego agarro para Budapest, no recuerdo cuánta gente tiene esa ciudad, pero sí recuerdo que estaba llena por todos lados. Ahora llego a este país donde la población total ni siquiera supera a la población de Caracas ¡Wow! Gran diferencia.

Palacio de Gobierno eslovaco
Después de mi primer choque cultural nos fuimos a casa de la hermana de Vlado. A diferencia de Budapest aquí había más gente que sí hablaba inglés. Recuerdo que un amigo de la hermana de Vlado nos llevó hasta el apartamento. Aún hacía frío, a pesar de que el invierno se estaba casi terminando. La hermana de Vlado estaba de vacaciones en Inglaterra y nos había dejado el apartamento para los dos. Ella vivía en el tercer piso y no había ascensor (Sí, inserte aquí esa expresión que comienza así “el c….. de la m……) Afortunadamente Vlado me ayudó con la maleta grande que pesaba más que un matrimonio obligado. La pequeña también pesaba, pero era más soportable. Llegamos al apartamento, entramos con las maletas y nos quitamos los zapatos en la entrada. Es muy normal que en muchos países europeos las personas se quiten los zapatos en la entrada y se coloquen unas cholas, zapatillas o anden descalzos en la casa. Era un apartamento pequeño y agradable ¡Pero no tenía Wi-fi! Sentí que el mundo se me venía abajo. No lo podía creer. Me invadieron unas ganas enormes de llorar, me desesperé y quise correr y gritar para desahogarme (Exagerado yo) Por suerte, la hermana de Vlado había dejado su laptop, que se conectaba por clave a Internet, y así pude regresar al mundo virtual que tanto me envicia y no me deja vivir.
Lo primero que hice fue llamar a mi casa. Me conecté al Skype y marqué el número de mi casa en Venezuela. Repicó y repicó. Atendió mi tía. Yo estaba muy emocionado; estaba en otro país, otra gente, otra cultura, otro mundo. Le digo emocionado –“¡Tía, estoy en Bratislava!”. Aquí viene lo cómico, mi tía me responde tratando de no sonar mal -“¡Qué bien!”- por su tono de voz me di cuenta de que ella no sabía en realidad en qué parte del mapa me encontraba yo. Traté de explicarle, aunque no sé si se supo ubicar dentro de Europa, pues yo apenas sabía dónde estaba. Le digo que estoy en Europa del este, en la capital de un país que se llama Eslovaquia. Lo primero que me dice es –“¡Ah! ¿Checoslovaquia?”- ¡Jajaja! no, ya ese país no existe, es otro. Bueno, entonces no sé, fue su última respuesta. Hablé con mi abuela y todos estaban felices por mí, porque estaba sano y salvo a pesar de estar a miles de kilómetros de mi hogar.
Poco a poco me comencé a dar cuenta de que no sólo mi familia no sabía dónde rayos yo estaba, sino mis amigos también. Por Skype muchos me preguntaron qué coño era Bratislava. Recuerdo que Leomar, un amigo de la universidad en Venezuela, me dijo –“Chamo, disculpa mi ignorancia tan grande, pero ¿dónde coño queda eso?”- ¡Jajaja! morí de las risas. Me comencé a dar cuenta de que en Venezuela cuando decimos Europa, pensamos en Francia, Inglaterra, España y los países más nombrados. Me tocó explicarle a muchos qué era Bratislava, qué era Eslovaquia, dónde estaba, qué idioma hablaban y qué coño hacía yo allá. Esto último la verdad que ni yo lo sabía. Muchos me decían, ¿Pero porque no te vas a Paris, Ámsterdam? Pues no, yo quería visitar a mis amigos así vivieran en los países más raros del mundo.
Teatro Nacional eslovaco
Me tocó dormir en el sofá y el desgraciado de Vlado durmió en la cama matrimonial. Pero esto no es lo peor. Lo peor es cuando fuimos a Nitra, la ciudad donde estudia Vlado. Más tarde les contaré.
Ese día salimos a caminar por la desolada Bratislava. Es una ciudad muy europea, vieja, como cosa rara. No hay metro, sólo trolibuses, una especia de autobuses eléctricos que están conectados con una especie de gancho a un alambre que va por toda la ciudad. Son como una versión de un tranvía con ruedas. Aparte de los autobuses también hay tranvías. Eso es todo. Es una ciudad pequeña, con poca gente, limpia y segura. Por el medio de la ciudad también pasa el mismo río que atraviesa Budapest; "El Danubio". Al parecer este río ha sido muy importante para Europa del este en siglos pasados. Fue una especie de autopista que atravesaba varios países. Después de Bratislava el río sigue su camino hacia Viena, capital de Austria, y después de ahí ya no sé para dónde va. Caminamos como 4 horas ese primer día. Primero fuimos a un centro comercial en la zona más welearepa de toda Bratislava. El centro comercial se llamaba Eurovea y estaba a orillas del Danubio. A los lados del centro comercial hay varios restaurantes con mesas afuera, donde te puedes sentar y te atiende una mesera sexy y te tratan como rey. Hay Wi-fi disponible y el paisaje es espectacular. Llegamos y pedimos una cerveza eslovaca cada uno. A pesar de no ser muy amante de las cervezas en casi todos los países que fui casi siempre tomaba por lo menos una para ver qué tal eran. Jamás me pidieron identificación en ningún sitio de Europa para verificar que era mayor de edad. En cambio en EE.UU. En todos lados te piden el pasaporte y debes tener 21 años para poder tomar licor.
Nos sentamos en unas sillas con cojines y te daban hasta unas mantas para que te arroparas en caso de que tuvieras frío ¡Todo un lujo! Estaba tranquilo y feliz. Nos tomamos las cervezas y por supuesto me conecté a Facebook para colocar mi típico estado de "En Bratislava con Vlado" y además, subir alguna foto recién tomada. El mundo era perfecto en ese momento. No tenía motivos para preocuparme. Además, mientras estaba en Budapest, recibí la noticia de que no podría regresar a EE.UU. En la fechas que yo tenía planeado. Por más que rogué y rogué, no me dieron el permiso y todo indicaba dos cosas, me regreso a Venezuela o me quedo mes y medio más en las Uropas, en algún lugar que aún no sabía. Fue tanto el estrés que por un momento mis vacaciones soñadas y planificadas por tanto tiempo se estaban arruinando. Comencé, una vez más, con el insomnio. Pero durante una de esas noches sin poder dormir, de tanto pensar, tuve una señal, la respuesta a mi problema ¡Vi la luz! Si las cosas se estaban poniendo difíciles y por más que yo buscara la manera, no hallaba la solución, entonces
 así debía de pasar y listo. No me obstiné más. No le di permiso al estrés de arruinarme mis viajes que por tanto tiempo soñé y planifiqué con esmero. 
Sissie en Bratislava
Sin embargo, las secuelas de esos días de estrés se hicieron notar y me atormentaron por más de semana y media. Un herpes inmenso, aterrador y creciente se apoderó del lado derecho de mi labio superior. A pesar de ese aprendí que el estrés no solucionará mis problemas. Todo pasa por alguna razón.
A orillas del Danubio se pueden ver varios puentes que lo cruzan. Hay uno colgante que es espectacular y por su forma circular, puedo jurar, que es el más nuevo. Entramos al centro comercial y caminamos un rato. Vi algunas tiendas, ropa, poca gente. Fuimos a un supermercado para comprar comida y tener algo para comer en la noche. Ese día sólo caminamos cerca del centro comercial, caminamos a lo largo del río Danubio y vi varios cruceros y barcos de un lado a otro. Caminamos por un bulevar largo, con bancos que tenían una etiqueta pegada y decían "Free Wifi" (Wifi gratis) Algo así como el bulevar de la avenida Bermudez. Con la única diferencia que sí te puedes sentar con tu laptop y no te roban. Pero, nada es perfecto. Hacía tanto frío que igualmente nadie salía a congelarse sólo por pantallear con su computadora. Continuamos caminando hasta llegar al centro de la ciudad. No había casi gente. Era algo que no me dejaba de asombrar.
Comenzamos a caminar desde el centro de la ciudad hacia una colina donde hay un monumento a los soldados rusos caídos en 1945 cuando intentaban librar a Bratislava de las tropas alemanas. Para llegar a la cima de la colina, donde está el monumento, hay que caminar más que cochino chiquito. Subir y subir y luego encontrarse con unas escaleras interminables y subirlas como por 15 minutos hasta llegar a la cima. Así fue, caminamos y subimos hasta que ya casi no tenía aliento. Cuando estaba apunto de desmayarme del cansancio finalmente llegamos. Necesité sentarme por un minuto. La vista desde arriba es espectacular. Se ve toda la ciudad. Es como subir al Ávila y contemplar Caracas y toda su inmensidad. El monumento se llama Slavín y es una especie de cementerio militar. La colina se encuentra en medio de un barrio de embajadas y de residencias lujosas, weleareposas y cacherosas, cercano al centro de Bratislava. El monumento, que ha sido declarado Monumento Cultural Nacional, fue inaugurado en 1960 en ocasión de cumplirse el 15° aniversario de la liberación de la ciudad por las tropas soviéticas. En el cementerio se encuentran sepultados 6845 soldados.
Se comenzó a construir entre 1957 y 1960 en el lugar donde antes había un cementerio de campo. El lugar tiene una gran escalinata, por donde subimos, un jardín con 6 tumbas colectivas y 278 individuales de 6,845 soldados soviéticos que murieron durante la liberación de Bratislava. También hay un gran salón central con varias estatuas, inscripciones y un sarcófago simbólico de mármol blanco. Algo también interesante es un obelisco de 39.5 metros de alto y en su tope la estatua de un soldado soviético de 11 metros de altura realizada por el escultor Alexander Trizuljak. En las paredes exteriores hay inscripciones con las fechas de liberación de varios lugares de Eslovaquia durante los años 1944 y 1945. La puerta del salón central es de bronce y nadie ha intentado robársela. Sé que lo pensaron.
Monumento a los soldados rusos
El monumento está ubicado en los Pequeños Cárpatos y es muy visitado por sus hermosas vistas. Los Cárpatos es una cordillera inmensa que se alza al este de Europa. Es el equivalente a la cordillera de los Andes en Suramérica. Tomé varias fotos de la ciudad desde allá arriba y luego iniciamos nuestro descenso al centro de la ciudad. Llegamos de nuevo y seguimos caminando contemplando las calles y edificios viejos que adornan el paisaje urbanístico. Pasamos frente al Palacio de Gobierno, el Teatro Nacional de Eslovaquia y muchas plazas. En una de ellas encontré una estatua de Sisie, una emperatriz Austrohúngara muy famosa, que mi amiga Elvira adora infinitamente. Hasta le tomé una foto, la subí a Facebook y la etiqueté.
Estaba cansado, la noche anterior en Budapest había dormido poco. Además, el viaje en bus de 4 horas, más la subida a la cima donde estaba el monumento hicieron que terminara de agotar las pocas energías que tenía. Vlado también estaba cansado y decidimos regresar al apartamento de su hermana. Eran ya cerca de las 7 p.m. y también teníamos hambre. Tomamos un autobús de regreso, que por cierto, es el mismo sistema de pago que en Berlín y Budapest. Recuerdo haber llegado cansadísimo. Comimos de lo que habíamos comprado en el supermercado del centro comercial y vimos una película.
Dormí como nunca. Al día siguiente nos tocaba otro día largo y de mucho caminar. Salió el sol y otro día estaba comenzando. Nos despertamos y desayunamos. Ese día nos quedaba por visitar el castillo de Bratislava, ícono importantísimo de la ciudad.
El castillo es visible desde casi todos los puntos de la ciudad, y domina la capital desde lo alto de una colina rodeada parcialmente por el Danubio. Esta colina pertenece a los Pequeños Cárpatos. El castillo es sede de algunas de las mejores colecciones del Museo Nacional Eslovaco, entre éstas se encuentra la denominada "Tesoros de Eslovaquia a lo largo del tiempo", distintas exposiciones de historia, mobiliario, relojes y otra dedicada a la música. El museo abre todos los días de 9 de la mañana a 5 de la tarde, excepto los lunes que se encuentra cerrado al público.
Al fondo el Castillo de Bratislava
Los primeros datos sobre este castillo datan del año 907, cuando se comenzó a construir ¡Tiene más de 1000 años! El castillo estuvo cerca de ser totalmente destruido en 1811, y permaneció  en ruinas hasta que fue restaurado en 1953. Es inmenso y parece haber sido construido hace menos de 5 años. La colina en la que se sitúa el castillo bien merece un paseo por sus jardines, son bellísimos y desde lo más alto de la colina en el horizonte se puede ver la frontera entre Eslovaquia y Austria y casi se llega a ver Viena. Junto al castillo se encuentra un edificio que es sede del Parlamento Eslovaco desde el año 1994. Un busto de Alexander Dubcek, uno de los políticos eslovacos más significativos dentro de la historia de la ya desaparecida Checoslovaquia.
Duramos mucho rato caminando a los alrededores del castillo. Ese día seguimos caminando por la ciudad y admirando y detallando la arquitectura muy europea que posee. Ese mismo día, en la noche nos encaminamos a Nitra, una ciudad a sólo dos horas de la capital y es donde mi amigo Vlado estudia. 
En el próximo post les contaré sobre esa ciudad donde pasé 4 días, me tuve que hace pasar por estudiante de la facultad donde Vlado estudia para poder entrar y quedarme, a escondidas, en su habitación. Siempre, yo... ¡Jajaja! pero eso hace que las aventuras sean más interesantes y valgan más la pena.

Los espero pronto en el próximo post. Les hablaré un poco sobre Nitra, una ciudad que prácticamente está llena de estudiantes.

Un fuerte abrazo desde algún lado del planeta.

Moisés

12 comentarios:

  1. jajajaja-... hermano. luego dices que mis chistes son malos "dovlado" ¬¬?... estuvo muy bueno este post. conociendo "las aventuras de Moisés" y sus amigos, de verdaita verdaita que uno va conociendo algunas culturas "Uropeas" gracias a ti... otra cosa. eso del final no sonó muy bien, "tuve que fingir ser estudiante de la facultad para poder quedarme en la habitación de Vlado, jujujujuju.. yo y mis loqueras" jajaja.. no lo sé, no sonó bien... pero lo felicito hermano, muy buen post...

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    1. Gracias, hermano. Me alegra mucho que le haya gustado el post! Gracias por la correcion también! Espere entonces por el próximo! :) Un abrazote!

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    2. no vale, no te preocupes... para eso estamos. para ayudarnos cuando nos equivocamos... sino, pregúntale a elvira que ella siempre me hace lo mismo...

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    3. Jajajajajajaja eso es cierto! Por eso yo no me molesto cuando me corrigen jajajajaja Elvira es una jodedora! xD

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  2. Me ha encantado, un poco largo, por ponerle un "pero", y divertido.Felicidades

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    1. Me alegra que te haya gustado, quien quiera que seas jajaja al parecer español, por eso de "me ha encantado". Es cierto, quedó algo largo y eso que iba a escribir de Nitra ahí mismo, pero decidí separarlos!! Un abrazo

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  3. Moi, soy Mariano, pero no sé como identificarme.Vas ubicando cada expresión peculiar con su pais de procedencia, ¡¡muy bueno¡¡Un abrazo

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    1. Mariano, pues casi adivino que eras tú jajaja ya te identificaste! Ahora sí me sale tu nombre. Cuando comentas puedes elegir la opción de hacerlo con tu cuenta de Gmail y así sé que eres tú! Gracias por los comentarios, me alegra de corazón que te gusten mis crónicas! :)

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  4. Lectura completada! Tú lo que estás es loco jajaja...mira a todas estas, de todos los sitios que has visitado, cuál es tu preferido??
    Xoxos pelotudos.

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    1. Boluuuda! Pues me acabas de dar una idea! Tengo que escribir un post sobre eso. jajajaja

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  5. Cada vez que uno lee a Moisés aprende tantas cosas, y rie tanto... Que parece haber estado con él durante todas esas aventuras! Mil gracias por compartirlo negro! Te quiero mucho!

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    1. Mi judía hermosa y bella! Cómo me alegra que te guste mi blog! Cada post lo escribo con mucho cariño y dedicación! :) Te quiero muuuchoooo!
      Gracias por el apoyo!

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