domingo, 10 de junio de 2012

Potsdam: ciudad de palacios y castillos

Neues Palais
Después de mi visita al campo de concentración Sachsenhausen necesitaba hacer algo para dejar de pensar en aquellas crueldades que me imaginé al estar en ese sitio. No se puede negar que la historia de la humanidad es fascinante e incomparable. Hemos estado en la tierra sólo por 200 mil años y hemos hecho y deshecho más que cualquier otra especie viviente sobre el planeta.

Mis últimos días en Berlín los pasé de lo mejor. Contaba los minutos, horas y días que me quedaban. No por querer irme, todo lo contrario, comencé a extrañar la ciudad desde mucho antes de partir. Berlín me había enamorado prácticamente. Su sencillez y tranquilidad hicieron que, a pesar del frío cruel, disfrutara de la inmensidad y peculiaridad de la capital de Alemania como nunca. Tal vez no es la ciudad europea más  bella de todas, pero sin duda, es una ciudad con una historia tan rica que es inevitable caminar por sus calles y no imaginar todos los acontecimientos que allí ocurrieron y que han moldeado la historia significativamente. Por cada rincón de la ciudad que caminen, pueden encontrar cicatrices de las guerras que Alemania ha sufrido. Berlín, prácticamente, quedó hecha polvo después de la Segunda Guerra Mundial, uno de los episodios más sangrientos y mortales de la historia moderna. Por otro lado, hay algo muy peculiar que me llamó mucho la atención, la mayoría de las construcciones alemanas son nuevas, o en su defecto, reconstruidas. Por ejemplo la Berliner Dom, catedral de Berlín, es una iglesia magnánima. A simple vista pareciera haber sido construida hace varios siglos, algo normal en Europa, por eso aquello de llamarlo el viejo continente no tiene discusión.
Sin embargo, se trata de una iglesia que fue prácticamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial y fue reconstruida con sus mismos escombros. Por eso tiene cierto aspecto antiguo. Por donde sea que pases, si prestas atención, podrás ver algo relacionado a una guerra o algún monumento en memoria de algún hecho histórico importante. Hay paredes que aún conservan los impactos de bala de las armas que se usaron durante la primera y segunda Guerra Mundial. Hay cientos de restos del famoso muro de Berlín que dividió la ciudad en dos durante 3 décadas desde el año 1963, hasta que fue derrumbado en 1989. En fin, Berlín es un libro de historia importantísimo lleno de imágenes únicas y recuerdos, no siempre agradables, pero si grandiosos.
Puerta de Brandenburgo de Potsdam
Los últimos días en esta ciudad los aproveché para caminar lo que no había caminado, y ver lo que no había visto. Las temperaturas habían alcanzado el límite de lo imaginable. Hasta los mismos alemanes comenzaron a quejarse al respecto. Se pueden imaginar el frío que hacía para que esa gente se quejara. Hasta escuché en las noticias que algunos indigentes habían muerto debido al frío. Después que las temperaturas comenzaron a bajar más allá de los 15 grados bajo cero no sentía mucho la diferencia. Para mí ya todo era frío y más frío. Algo que no puedo dejar de mencionar es la famosa puerta de Brandenburgo. Si alguno de ustedes sabe algo sobre Alemania estoy seguro que al pensar en Berlín enseguida piensan en esta puerta. Es el equivalente a la Estatua de la Libertad en Nueva York o la Torre Eiffel en París. Esta inmensa puerta es el monumento principal de la ciudad y símbolo de Berlín. Además de los osos. Jamás entendí porque los osos están en el escudo y en todas partes ves que relacionan a los osos con Berlín. La verdad es que nunca vi uno real. Esta puerta es grandísima y lo más asombroso de todo es que es el único monumento que ha permanecido en pie durante todos los sucesos que han azotado a Alemania. Hoy en día, está restaurada y se ve como recién construida.
Un día saliendo de una biblioteca en compañía de Filomena, mientras hacia más de 14 grados bajo cero, comenzó a nevar. Fue la nevada más bonita que he visto. Parecía que caía azúcar del cielo. No se formaron grandes copos de nieve. Eso se debía al frío tan intenso. Luego me explicaron que cuando las temperaturas bajan tanto no se forman copos de nieve, sino que la nieve cae en forma diminuta. Pues así fue ese día, al ver la nieve caer parecía escarcha mezclada con azúcar. Se fue acumulando poco a poco en el suelo y el viento la movía como la arena en el desierto. Todo esto me parecía espectacular. Los alemanes lo veían como algo común.  Para ellos la nieve resulta un dolor de cabeza. En mi opinión creo que no importa con que frecuencia un fenómeno natural se presente, bien sea lluvia, nieve o sol, para mí la naturaleza será siempre algo digno de admirar.
Desde que llegue a Berlín quería ir a Potsdam, una de esas ciudades de las que oyes mucho pero no sabes nada. En mi caso, había escuchado que era una de las ciudades más bellas de toda Alemania, es decir tenía que ir a visitarla. Los paseos organizados desde Berlín la ofrecían como una ciudad espléndida, con jardines y paisajes únicos. Eso llamó muchísimo más mi atención. Lo único malo era que había escogido la peor estación para visitarla. Pues en invierno todos los jardines habrían perdido su belleza natural. Sin embargo no se me quitaron las ganas de ir. Tal vez sería la única oportunidad que tendría de visitarla en mucho tiempo. Mi última semana en Berlín me decidí a ir.

Pornografía de la época del Imperio de Prusia.
Ya era martes y el viernes próximo saldría para Budapest. Me decidí a ir al día siguiente. No me importaba faltar a clases, además ya era la última semana. Ese martes después de clases me fui directo a mi apartamento. Al llegar, después de apagar el incendio que causé en la cocina al intentar prepararme una ensalada, comencé a buscar información sobre Potsdam. La mayoría de las agencias de turismo no ofrecían viajes para esa ciudad en esta época del año. Pues la gente normal iba en verano, no en invierno. El único tour disponible era con una agencia toda rara que conseguí por Internet. Costaba 25 euros ¡Claro y los pagué! Como se suponía que tenía que ahorrar lo más que pudiese, debido a que los ahorros que tenía no me iban a alcanzar para toda la vida, entonces me decidí a ser mi propio guía.

Al día siguiente me desperté bien temprano. Primero me preparé mi lonchera, agarre un termo y lo llené de Ice Tea, es como el Nestea en Venezuela, me preparé dos sandwiches con queso crema y jamón, listo. Eso me servía para aguantar la ida y por lo menos el retorno. Salí de mi casa bien abrigado. Ya no cometería el mismo error de salir sin casi ropa. Una vez allá, descubrí que había un pequeño restaurante turco, cuando no, y vendía los Döner Kebab extremadamente baratos. Sólo 2 euros.
Yo mismo me daría un tour por la ciudad. Como buen venezolano, sólo necesitaba leer un poco más al respecto y saber donde estaban las atracciones más importantes. Así lo hice, comencé a leer sobre aquella magnífica ciudad. Me sumergí por completo en la lectura y mientras más leía más quería ir.


Potsdam es la capital del Estado Federado de Brandenburgo. Durante el imperio de Prusia tuvo el título honorario de la segunda capital de Alemania. Debido a que la familia real tenía sus "pequenas" y "modestas" residencias allá. Está a menos de una hora del centro de Berlín. Para llegar, depende de en qué parte de la ciudad estén, se llega con el s-bahn. Se puede tomar desde la Hauptbahnhof o desde cualquier otra estación de la línea rosada, que es la que te lleva hasta allá. La estación de destino se llama Potsdam, claro ni modo que se va a llamar Caracas. Al llegar a la estación lo primero que hice fue ir al punto de atención turístico y pedir un mapa. El sitio está dentro de la misma estación y estaba prácticamente desierto. Parece que en realidad nadie va a esa ciudad en invierno. Nadie se atreve a salir de sus casas. Cuando llego y le pregunto a la chama, que atendía, que si tenia un mapa donde salieran los puntos de interés de la ciudad, la tipa me ve con una cara de "en serio vas a caminar por Potsdam en esta época del año" eso lo interpreté cuando la chama me dio el mapa y me dice: -"Viel Glück(¡Mucha suerte!) gracias a Dios ésta vez estaba preparado para la acción. No permitiría que el frío me arruinara el día. Me había embojotado más que un regalo de cumpleaños. Me puse dos pantalones térmicos, más un jean encima, una camisa gruesa, un suéter, la chaqueta, la bufanda, guantes, gorro, etc. Para mi desgracia esta vez no hizo tanto frío. En la tarde la temperatura subió y tuve que cargar con ese poco de trapo encima porque no tenía donde guardarlos o dejarlos. Salí de la estación del tren e intento ubicarme. La noche anterior había buscado las coordenadas de los sitios de interés, los había buscado en el GPS y los había guardado como favoritos. Cuando salgo lo primero que saco es la tablet. La pantalla parecía un témpano de hielo y lo peor es que para poder usarla tenía que ¡quitarme los guantes! Pensé que hasta se me podía dañar. Es más, un día caminando solo por Berlín quería tomarle una foto a uno de los ríos que estaba completamente congelado y cuando saco la cámara e intento tomar la foto, el botón de disparo no funcionaba. ¡¡¡Estaba CONGELADO!!!! Por suerte la tablet no se congeló lo suficiente y al igual que yo, sobrevivió a ese clima. Una vez que la tablet me da la ubicación de donde estoy, me doy cuenta de lo lejos que queda todo. Lo más cercano era un teatro todo nulo y estaba como a 500 metros. Me doy cuenta que afuera de la estación están los autobuses y los tranvías, veo el mapa que me dieron en el punto de información turística y caigo en cuenta que cada monumento tiene una descripción y ahí mismo menciona cual autobús o tranvía pasan por allí. ¡Perfecto!. Tuve que comprar otra tarjeta para poder moverme de un sitio a otro. Potsdam ya es otra ciudad y otro estado, por lo tanto la tarjeta ilimitada que tenía de Berlín no me servía. Así que compré una tarjeta diaria que me costó 8 euros si mal no recuerdo. Lo más asombroso es que no me pidieron la tarjeta. Es decir, pude no haber comprado nada. La compré por el gusto.
Parque Sanssouci
Al primer lugar que fui, fue al palacio de Chalottenburg. El tranvía me dejó en una parada que tiene el mismo nombre. Me bajo y solo veo casas y más casas. Camino un poco más y sigo viendo casas. Siento que estoy perdido, así que saco el GPS para ver donde carrizo estaba el fulano palacio. El GPS me guía hasta un parque cercano. Definitivamente durante el verano, este parque debe ser espectacular, pero por los momentos parecía un paisaje de una película de Tim Burton, todo muerto, frío, restos de nieve en el suelo, y ni una sola alma que pudiera divisar. Estaba prácticamente solo. Menos mal era de día. De noche ni loco me meto por ahí, imagínense si se me aparecen unos mototaxistas por ahi. De vez en cuando llegué a ver unas dos personas paseando a sus perros. Algo que me encanta de Berlín, es la manera cómo cuidan a las mascotas. Me parece genial. Los animales también tienen sus derechos, así como deberes. Es normal ver a una persona, en el tren o el tranvía, con su perro y lo mejor ¡No hay perros callejeros! Allá no existen matanzas masivas de perros.Camino y sólo veo casas. Siento que estoy perdido, así que saco el GPS para ver donde carrizo estaba el fulano palacio. El GPS me guía hasta un parque cercano. Definitivamente durante el verano, este parque debe ser espectacular, pero por los momentos parecía un paisaje de una película de Tim Burton, todo muerto, frío, restos de nieve en el suelo, y ni una sola alma que pudiera divisar. Estaba prácticamente solo. Menos mal era de día. De noche ni loco me meto por ahí, imagínense si se me aparecen unos mototaxistas por ahi. De vez en cuando llegué a ver unas dos personas paseando a sus perros. Algo que me encanta de Berlín, es la manera cómo cuidan a las mascotas. Me parece genial. Los animales también tienen sus derechos, así como deberes. Es normal ver a una persona, en el tren o el tranvía, con su perro y lo mejor ¡No hay perros callejeros! Allá no existen matanzas masivas de perros o gatos. Matar a un animal, es como matar a una persona. Lástima que aún en Venezuela, y en otros países más, no hayamos llegado a este nivel de consciencia.

Después de caminar un rato, el GPS me va guiando hacia el fulano Palacio Chalottenburg. Llego a una casa pequeñita, con un pequeño jardincito al rededor. Veo de nuevo el GPS, seguro se había equivocado. Éste no podía ser el "palacio", más grande es el baño de mi casa. Pues sí, era el fulano palacio. Una casa pequeñita, que por cierto estaba cerrada durante el invierno, y con solo dos o tres estatuas afuera. Me desilusioné un poco. No me parecía la gran cosa. Sin embargo, seguí caminando por el parque Sanssouci, que en francés significa sin preocupaciones, nombre que lleva al parque debido a que allí está el palacio más famoso de la ciudad. Seguí caminando más y más, otra vez confiando en el GPS. Esta vez me guiaba hasta el Neues Palais (Palacio nuevo). Lo que vi en esta ocasión sí era un ¡PALACIO!. A primera vista me gustó. Este edificio está ubicado en el lado occidental del parque que les mencioné antes. Es una construcción relativamente nueva para estar en Europa. Se comenzó a construir en el año 1763, después del final de la guerra de los Siete Años, por órdenes de Federico el grande. La construcción duró 3 años. El palacio cuenta con 200 habitaciones completamente decoradas. Lástima que no pude entrar. Además, de no ser temporada de visitas, estaba en restauración. El frente del edificio está lleno de estatuas, en su mayoría, de desnudos o semidesnudos. Ese era el tipo de pornografía que existía para esa época jajajajajajaja. 
Orangerieschloss
Seguí caminando por el parque ahora en dirección al Orangerieschloss (El castillo de Orangerie) otro castillo inmenso, con jardines impresionantes. Además de mi, logré ver a dos asiáticos tomando fotos como locos, cuando no. De resto no vi a más nadie. Este castillo se comenzó a construir en el año 1851 y se terminó el 1864. La construcción del palacio comenzó a partir de unos dibujos que Federico Guillermo IV de Prusia había hecho. El castillo tiene 300 metros de longitud y una vista magnánima. El edificio fue erigido al estilo del Renacimiento Italiano. En 1990 fue declarado patrimonio de la humanidad. 
Cada palacio era más espectacular que el anterior. Después de tomar unas cuantas fotos comencé a caminar hacia el más famoso de la cuidad. El Palacio de Sanssouci, este palacio era "la casa de verano" de la familia real de Guillermo el grande y supuestamente era un palacio "módico" ¡No me quiero imaginar cómo eran los de lujo! Federico el grande lo mandó a construir para tener un sitio a dónde ir en verano "sin preocupaciones". Se comenzó a construir en el año 1745 y sólo tomó 2 años para terminarlo. El palacio era más un centro de descanso, que un centro de poder. Tampoco pude entrar. Casualmente ese día lo tenían cerrado por remodelación. Este es el único de todos los palacios de Potsdam que está abierto todo el año, pero casualmente ese día lo cerraron (Inserte aquí cara de arrechera) Es un poco cara la entrada, 10 euros y no puedes tomar fotos. Si quieres tomar fotos, son 4 euros más. Te ponen una cosa en el brazo que indica que estás autorizado a tomar fotos ¡De resto no se puede! ¡Qué ladrones!
Palacio Sanssouci
Los jardines que rodean al palacio son inmensos. A pesar de ser invierno y de no tener flores ni estar muy verdes, se podía notar la majestuosidad que los caracteriza. Estos jardines son simplemente una obra arquitectónica impresionante. Tomé fotos de todo lo que veía. En este punto me transformé en japonés obsesivo a la fotografía. La temperatura había subido un poco durante el día debido a la repentina salida del sol. Durante el invierno, las horas de sol son muy pocas. Amanece a las 8:00 a.m. y oscurece a las 5:00 p.m o antes. Ya eran casi las 3:30 p.m. de la tarde y dentro de poco comenzaría a oscurecer. Me apresuré por terminar de ver las demás cosas que no había visto. Tomé el tranvía y me dirigí al centro histórico de la ciudad. Aquí visité la puerta de Brandenburgo de Potsdam, caminé por las calles llena de asiáticos de intercambio comprando como locos en todas las tiendas. Fue aquí cuando descubrí el restaurante turco con los Döner Kebabs a precios de areperas socialistas. Hasta un tranvía casi me atropella mientras tomaba una foto en el medio de la calle.

Sólo me faltaba un último castillo por visitar. Era un castillo ubicado al final un parque llamado Babelsberg Park. Para llegar tomé un tren desde la estación principal de Potsdam hasta la estación antes de esa parada. Allí me bajé y caminé más que cochino chiquito, así como diría mi abuela. El parque quedaba en el c"#"$$# de su madre. En el mapa se veía cerquita, pero en la realidad no lo era. Caminé por casi 40 minutos guiado por el GPS hacia un camino desconocido. No había ni una sola alma por esos lares. Casi llegando al parque con la lengua afuera, sin agua, y sin casi ya fuerza, pues el camino era empinado, escucho un autobús (Inserte aquí una expresión que comienza así "El c..... e' su......e") Sí, señores, hay un autobús que te llevaba hasta la puerta del parque. Por suerte, ya lo sabía y de regreso lo tomé hasta la estación del tren. Entré al parque y caminé hasta el final. Detrás de los árboles iba divisando poco a poco el castillo. No era tan grande. Está al lado del río Havel y en el agua se refleja el castillo y el contraste es impresionante. A la lejanía se puede ver el puente Glienicker usado para el intercambio de espías durante la guerra fría. 
Jardines de Sanssouci
Este castillo fue construido en el año 1833 por mandato del príncipe Guillermo, quien más tarde se convertiría en el Káiser Guillermo I. Es una mansión pintoresca al estilo Tudor. No es como los demás palacios, este tiene más estilo de castillo medieval. Tiene torres a los lados y ventanas rectangulares. Al rededor de la edificación se levantan murallas y un jardín un poco gótico, con varias fuentes. Unos caminos te llevan hasta una torre llamada Flatowturm, construida entre 1853 y 1856, desde donde pueden verse unas vistas espléndidas. Actualmente el castillo se encuentran cerrado al público. Un lástima, fue mi favorito.
Después de estar un rato más por el parque, el atardecer se acercaba. Decidí que ya era hora de irme. Salí del parque y esta vez esperé el autobús y me llevó hasta la estación de trenes. De allí tomé el S-Bahn hasta la estación principal de trenes de Berlín. Mi último día de paseo por la capital de Alemania fue único. Cerré con broche de oro aquel viaje tan soñado por años. Dos días más tarde me esperaba otro país, otra gente y otro idioma. Sería la primera vez que iría a un país donde no conociera ni una sola palabra del idioma oficial. Pero para nada me asustaba, todo lo contrario, sabía que sería un nuevo reto y otra experiencia.

Castillo de Babelsberg
Dos meses en Berlín no fueron suficientes, prometí volver. El próximo paso de esta aventura ya estaba a la vuelta de la esquina. Europa, esperaba por mí.

Ich hab' noch einen Koffer in Berlin...

Moisés 
Aus New York City :)

2 comentarios:

  1. me gustaa (inserte aqui una hermosa sonrisa) jajajajajajajaajajaja liss

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  2. ta gueno.... pero la psicología venezolana hace que pienses en los mototaxis en donde estes...

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