jueves, 14 de junio de 2012

¡Adiós Alemania!... ¡Hola, Budapest!...

Adrienn y yo en Budapest

Se acercaba el comienzo de una nueva etapa en mi recorrido por Europa. Ya otra parte de esta aventura estaba completa. Había vivido dos meses en la capital de Nazilandia, había estudiado alemán y por fin sentía que después de tantos años de estudio y de tanto esfuerzo todo había valido la pena. La noche anterior a mi partida de Berlín salí de fiesta con Filomena y Lola. Fuimos a un bar muy extraño, llegabas y te daban una copa a cada uno, podías tomar todo el vino que quisieras y al irte debías dejar propina. Es decir, me tomé como 6 o 7 copas de vino de todo tipo y sólo di dos euros de propina. Lástima que me enteré de ese tipo de bares la última noche, de lo contrario nadie me hubiese podido sacar de allí todos los fines de semana. Estuvimos como hasta la 1:00 a.m. porque mi vuelo para Budapest era al día siguiente a las 11:00 a.m. Debía despertarme temprano, terminar las maletas y estar en el aeropuerto dos horas antes. Al salir del bar caminamos hasta la estación del tren y allí me despedí de Lola y Filo con un fuerte abrazo.
Llegué a mi apartamento casi a las 2:00 a.m. y me acosté a dormir de inmediato. A la mañana siguiente me desperté bien temprano y comencé a pelear con el equipaje. Tuve que dejar algunas cosas que me habían regalado en Alemania, entre ellas varios libros en alemán y una chaqueta de invierno grande, todo eso pesaba más que un matrimonio obligado. En el momento en el que estoy terminando las maletas y ya estaba casi listo, llega la dueña de la casa. Se había acordado que yo me iba ese día bien temprano. Aquí quiero hacer una pausa y hablar un poquito sobre esa señora. Como ya les había comentado en posts anteriores, Frau Rupp había sido muy amable conmigo los primeros días ¡Sólo los primeros! Después resultó ser medio loca y abusiva. Los primeros días quedamos en un acuerdo, ella iría al apartamento de vez en cuando para lavar su ropa, ya que en casa de su novio no tenía lavadora. El primer mes todo estuvo perfecto. Fue sólo como dos veces. Ya para el segundo mes se volvió incómoda la cosa. Iba casi todos los días. Un día hasta fue a las 11:00 p.m. a meter algo en la lavadora. Alguien que me expliques qué le pasaba a esta señora. Llegué al límite una vez cuando un sábado a eso de las 9:00 a.m. llegó a la casa y me abrió la puerta del cuarto, prendió la luz, vio que yo me había despertado ¡y siguió pa'lante! Buscó algo y sólo me dijo: -"Entschuldigung" (Disculpa) Si tan sólo las miradas mataran, la hubiese asesinado en ese preciso momento. Lo peor de todo es que no tenía por donde mirarle como para justificar el abuso. Otro día le dije que un primo que vive en Madrid y tenemos tiempo sin vernos, vendría a Berlín por una semana a visitarme y yo le había dicho que se quedara conmigo para que así no pagara hotel. La vieja loca me dice que está bien, pero debía pagarle 25 euros adicionales por día. Ya que mi primo iba a usar su agua. WTF? No le dije nada en ese momento. Respiré profundo, me imaginé paisajes y ovejas caminando e intenté calmarme. Gracias a Dios mi primo no pudo ir a Berlín porque no pretendía pagarle ni un centavo más a esa señora. Luego la "lavada de ropa" se volvió incómoda. La vieja venía todos los días a lavar algo; una pantaleta, los interiores del marido o lo que fuese. Me comenzó a incomodar. Venía en las mañanas o en las noches. No podía venir en las tardes cuando yo estaba en clases. No sé qué pensar al respecto. Un día viene y me dice que si estaba de acuerdo, cuando me fuera, aparte del alquiler, pagarle 30 euros más por uso de la lavadora ¡Casi me da algo! Le pregunté que si estaba loca. Además, yo ya le había pagado los dos meses de alquiler y ya todo estaba incluido. Parece que no lo gustó mucho, pues se fue y dejó de molestarme la última semana. Sólo vino el último día, se despidió de mí y me dijo que olvidara lo de los 30 euros de la lavadora, que lo había conversado con el marido y él le había dicho que lo dejara así, pero que igualmente si quería dejarle 20 euros voluntariamente, no había problema ¡Bien avión la vieja esa! No le dejé nada. Agarré mis maletas, me despedí y me fui.
Bus anfibio sobre el río Danubio, Budapest, Hungría
Salí de la casa y deje atrás el apartamento donde había vivido durante dos meses. Caminé lentamente hacia el tranvía. Luego tomé el tren y después debía tomar un autobús que me dejaba en el aeropuerto. Cuando agarro el tren como en la cuarta estación me acuerdo que no tengo ticket. El que tenía por el mes de febrero no me servía, ya estábamos a 2 marzo. Me dio miedo seguir en el tren así. No quería que me agarraran el último día en Berlín. Me bajo del tren, en la misma estación compro un ticket sencillo de 2,30 euros. Espero a que llegue el otro tren y me subo de nuevo. En la próxima estación escucho que alguien se monta y dice: -"Fahrkarte kontroll"- (Control de tickets) Definitivamente soy un suertudo. Si no hubiese comprado el ticket, seguramente me hubiesen multado con mínimo 80 euros el último día que estuve en Nazilandia ¡Me salvé por un pelo! Efectivamente, la chama encargada del control de tickets me lo pidió y se lo di (Eso sonó extraño) Como para que me quedara claro que debía comprar mi ticket siempre, vi como multaban a un chamo que estaba sentado en frente de mí. Así que ya saben, compren su ticket el último día, los demás días no importa ¡jajajajaja!
Me bajé del tren y tomé el bus para el aeropuerto. Fueron menos de 15 minutos. Cargaba con mi bolso, que pesaba muchísimo, una maleta inmensa, que pesaba 23 kilos, más otra pequeña, que pesaba casi 15 kilos. Aún hacía mucho frío, pero cargando tanto peso me dio calor. Minutos más tarde llegué al aeropuerto. Todo perfecto. El chamo que me atendió en el check-in parecía medio bruto, cuando ve mi pasaporte, ve que no soy alemán y me "habla" en inglés. Intentó preguntarme donde quería sentarme, si en el pasillo o en la ventanilla. Lo más cómico fue que le respondí en alemán y estoy seguro que pensó: "¡Tanto que me costó hacerte una pregunta en inglés y me hablas en alemán!". Pasé al área de embarque. Algo que no puedo dejar de decir, es lo horrible que era. Parecía un estacionamiento grande. No parecía una sala de un aeropuerto. Había sólo tres o cuatro lugares donde se podía comprar comida. No había desayunado, así que pronto me desmayaría. Camino observando las tiendas para ver qué podía comprar. Sino es porque en realidad me estaba muriendo del hambre, no compraba nada. El sándwich más barato costaba 5 euros y un café casi 3 euros. No me quedó más opción que comprar eso. Esperé media hora más hasta que anunciaran mi avión y luego abordé.
Ya podía casi imaginarme Budapest. Imaginar a Adrienn esperándome afuera mientras yo salía con las dos maletas y las tiraba en el suelo mientras salía a abrazarla. Había varias personas hablando húngaro en el avión y ya quería hasta aprender algunas palabras en ese idioma tan raro. En realidad de húngaro, lo que me parece es "un garabato" (Sí lo sé, mal chiste) Fueron sólo dos horas de vuelo desde Berlín hasta Budapest con la aerolínea Air Berlín. El pasaje me salió BARATÍSIMO, 48 euros y eso que Air Berlín no es una de esas aerolíneas europeas de bajo costo. Sólo corrí con suerte el día que reservé el vuelo. Debo decir que esta aerolínea me ha gustado mucho. Muy buen servicio, buenas instalaciones, barato y puntual. No duden en elegirla.
Llegué a Budapest alrededor de las 2 de la tarde, creo. No recuerdo exactamente la hora. Salí del avión y hacía algo de frío, no tanto como en Berlín. No tuve que pasar por inmigración a pesar de estar entrando a otro país. En la mayoría de los países de la Unión Europea se puede entrar y salir sin pasar por algún control de inmigración, algo así como si fuera un vuelo local. Esperé como 15 minutos por las maletas. Ya veía que todo estaba escrito en ese idioma tan extraño. Veo mi maleta, la tomo y comienzo a caminar hacia la salida. Las puertas automáticas se abrieron, vi hacia los lados, y justo en frente de mí a 4 o 5 metros estaba Adrienn agitando los brazos y sonriendo. Agarré las maletas con fuerzas y caminé rápido hacia ella. Una vez que estaba ya cerca las solté y la abracé con fuerza ¡No podía creerlo! Después de dos años de haber prometido visitarla, por fin lo había logrado. Se me hacía irreal pensar que algo que había comenzado como una tonta promesa en el verano de 2010 en un campamento en Pensilvania, EE.UU, se había hecho realidad en ese preciso momento. Elogié a Adrienn por lo linda que estaba. Muy cambiada desde la última vez que nos vimos en persona. Tomamos las maletas y comenzamos a caminar hacia el autobús que nos llevaba al centro. Adrienn ya me había comprado un ticket para el autobús. Al igual que en Berlín y en muchos otros países de Europa, debes comprar un ticket, validarlo en una maquinita dentro del bus, que te marca la hora, y luego si alguien te lo pide, debes mostrarlo, de lo contrario: ¡MULTA! Me imagino que pongan ese sistema en Caracas jajaja ni en sueños funcionaría. Desde el aeropuerto el autobús nos llevó hasta una estación de trenes. Hablaba y hablaba con Adrienn y repetía a cada rato "¡No lo puedo creer, estoy en Budapest!". 
Boulevard en el centro de Budapest.
Desde ese momento en adelante me olvidé del alemán y del español, sólo hablaría inglés por más de un mes entero. A diferencia de EE.UU, por aquí siempre, en cada esquina, te encuentras a un latino, en los bancos, supermercados, abastos, etc., etc., así que puedes hablar español donde sea. En Alemania con quien más me la pasaba, hablaban español. Pero desde este momento, ninguno de mis amigos hablaba español, excepto Alberto quien era el último que visitaría. Llegamos a una estación de trenes. Allí mismo estaba un centro comercial y entramos a un supermercado a comprar algo, compré algo de beber, algunos dulces y nos fuimos. Salimos y caminamos hacia los trenes. Para poder entrar no hay torniquetes, sólo hay dos personas en la entrada, debes mostrarle el ticket y te dejan pasar. Fue lo que hicimos. Bajamos unas escaleras mecánicas y abajo estaba el tren. ¡Dios mío! Me quedé en shock. Parecía más una lata de atún vieja que un tren. Por un momento dudé en montarme. Volteo a ver a Adrienn así como "¿Eh, es éste nuestro tren?". Nos montamos y el tren arrancó, sonaba como un carro descompuesto. Por dentro estaba viejo y oxidado. Ahora entré en un estado de "¡Wow!" Estaba en las Uropas y estaba montado en un tren que seguramente tenía más de 100 años. Adrienn me explicó que una de las líneas del Metro de Budapest, la línea amarilla fue la primera línea subterránea eléctrica en el continente europeo. Ya todo tenía sentido. La línea M1 del metro de Budapest se abrió al público en el año 1896, tiene más de 110 años. Los trenes de esa línea son extremadamente viejos y se conservan de esa manera para mostrar su antigüedad. Cuando el sistema cumplió 100 años, se restauraron las estaciones conservando su estilo.
Si saben apreciar la historia, entenderán lo maravilloso de este Metro. El sistema completo consta de 5 líneas. La primera como ya lo dije, la más antigua, no sólo del sistema mismo, sino de toda Europa. No es un sistema de Metro como el de Londres o el de Nueva York. Es más parecido al de Caracas, en extensión y complejidad.
Linea 1 del metro de Budapest.
Lo que sentí por Budapest fue amor a primera vista. Me quedé 7 días en la capital de Hungría. Me hospedé en el hostal Redbus en el centro de la ciudad. En principio, se suponía que me quedaría en casa de Adrienn, pero para la fecha que fui la casa estaba llena, es decir, había visita en su casa. Lo bueno de haberme quedado en el centro es que tenía todo  muy cerca, podía irme caminando a todos lados. Ese primer día nos perdimos un poco mientras intentábamos encontrar el hostal. Después de 15 minutos algo perdidos, por fin lo encontramos, estaba en un segundo piso. Me tocó cargar la maleta una vez más. Subimos al segundo piso y al llegar me doy cuenta que había ascensor. Aunque era una muy viejo, como de película de antaño, pero igual servía. En la recepción nos atendió un chamo muy amable. Nos enseñó el hostal, era una especie de casa antigua completamente remodelada por dentro. Tenía cocina donde podía cocinar y hasta nevera. El precio por noche es de 25 euros. Vale mucho la pena. Era una habitación individual. No como usualmente en los hostales, que es una habitación que tienes que compartir como con 10 personas más. La habitación tenía un aroma a nuevo. Se distribuía en dos plantas. Abajo estaba el baño, luego una especie de segundo piso donde estaban dos camas. La manera de subir era por una escalera a un lado que conectaba los dos pisos. Me gustó mucho la distribución de la habitación. Lo primero que hice al estar en la habitación fue sacar la tablet, conectarme a Internet y subir una foto de Adrienn y yo que nos acabábamos de tomar. Aún no lo creía, todavía sentía que estaba soñando. Pasados 30 minutos salimos a dar el primer paseo por Budapest. Estaba asombrado con todo lo que veía. Todo tenía aspecto antiguo. La obsesión por las fotos volvió. Saqué la cámara y comencé a tomarle fotos a cuanta construcción antigua veía. Adrienn me veía extrañada y no podía entender por qué me llamaba tanto la atención ese tipo de edificios. Ella intentaba mostrarme las demás cosas recién construidas, pero a mí no me importaba. Lo que sucede es que para alguien que va del continente americano al europeo y va a una ciudad con castillos y edificaciones que datan del siglo XI, o incluso muchísimo antes, se asombra sobremanera. En América para esa época aún estábamos usando taparrabos y los europeos no sabían de la existencia de nuestro continente. Yo lo veo así, mientras en Europa se construían castillos e iglesias inmensas con una arquitectura y acabados perfectos, en América aún cazábamos monos y vivíamos en chozas. Con esto no quiero decir que estemos por debajo de ellos, sólo quiero resaltar lo que a mí me llama mucho la atención, ya que es por eso que la mayoría de las construcciones que tenemos en América  son relativamente nuevas en comparación con las europeas. Continuamos caminando y viendo la ciudad. Lo primero que hicimos fue caminar por un boulevard lleno de tiendas ambulantes que vendían cosas típicas húngaras. Después nos acercamos a una de las estaciones de la línea 1, la que les mencioné es la mas antigua de Europa. Entramos a la estación y parecía que entrábamos en una película de "volver al futuro" todo era antiguo, viejísimo. La estación no es muy alta y tiene cierto parecido con las estaciones más viejas del metro de Nueva York. Esperamos a que llegara el tren. Lo que vi también me encantó, se trata de un tren pequeño, de vagones también pequeños. La estación es también corta y se nota su peculiaridad en cada rincón.
Sopa Gulasz
Al salir de la estación caminamos por una plaza que no recuerdo el nombre, además estaba en húngaro. Tenía hambre, iba a probar un plato húngaro ¡Qué emoción! Lo cierto es que fuimos a Mc Donald's. Sí, pero por lo menos era uno húngaro ¡jajajajajajaja! días después, Adrienn me llevó a comer unas sopas que se llaman "Gulasz" muy buenas, por cierto. El precio promedio de un Mc combo es de 5 euros y tienen exactamente los mismos combos que tienen en todos los países. Si bien no soy muy amante de esta franquicia de comida rápida, lo cierto es que muchas veces terminaba comiendo allí. Sobre todo cuando estaba en un país y no sabía cómo era la comida y no estaba con alguien que me explicara. Al terminar de comer en Mc Donald's ya había oscurecido. Fuimos a la estación de tren que por cierto, está a muchos metros bajo tierra, ya que el tren atraviesa el río Danubio, que están en el medio de la ciudad. Nos bajamos en una estación Batthyány tér. Cuando salimos lo que vi me dejó sin palabras. Estábamos a un lado de río y del otro lado justamente al frente de nosotros podía ver el Parlamento húngaro iluminado completamente. En el agua del Danubio se reflejaba el edificio imponente y espectacular que tenía delante de mí. Definitivamente fue una de las mejores cosas que vi en todo mi recorrido por Europa. Este parlamento está considerado como uno de los más bellos del mundo y estoy completamente de acuerdo con ello. Incluso cuando vi el de Londres, no me pareció tan espectacular como dicen. El húngaro le lleva ventaja. La majestuosidad que posee es única y el mejor momento para verlo es de noche cuando se encienden luces a los lados y se puede apreciar su reflejo sobre el río. Es el edificio más hermoso de Pest¸ zona oriental de Budapest. La construcción de esta obra tan maravillosa se comenzó en el año 1885 y se culminó en 1902. Según leí en Internet, en su construcción se emplearon más de 40 millones de ladrillos y medio millón de piedras ornamentales. La fachada de este parlamento es una de las más grandes del mundo, con 250 metros de frente. El estilo es algo gótico o medio barroco. Diría yo es una mezcla de los dos. Allí dentro se conserva uno de los tesoros más importantes de toda Hungría: La Corona Real húngara. Para poder visitarlo por dentro hace falta hacer una reserva online con muchos días de anticipación.
Parlamento húngaro
Después de esta magnífica vista fuimos a comer a un sitio que estaba al cruzar la calle. Comimos panquecas húngaras ¡Exquisitas! las mejores que he probado hasta ahora. Son unas panquecas tan delgadas como una hoja de papel, rellenas con lo que quieras: Nutela, queso, mermelada, pudín de chocolate, frutas, etc. Estaba en el paraíso. Además, el sitio es muy, pero muy barato. Es de los más baratos que se pueden encontrar en Budapest. Si van a esta ciudad no pueden dejar de ir. Esta justamente detrás de la estación  Batthyány tér. El sitio se llama Nagyi palacsintázója, y en español, según Adrienn significa “Las panquecas de la abuela” No crean que yo sé húngaro ¡Desearía yo! Pedí unas panquecas con pudín de chocolate, otra con Nutela y otra con requesón y frutas. Después casi todos los siete días que estuve en Budapest íbamos religiosamente en la noche a comer allá. Vuelvo y lo repito, si van no pueden dejar de ir a ese sitio. Después de nuestra dulce cena, me tocaba regresar. En esa misma estación, afuera, Adrienn tomaba el autobús para ir a su casa. Ella vive en Buda, el lado occidental de la ciudad. Allí tomé el tren hasta la estación Deak Ferenc Ter, jamás olvido el nombre porque recuerdo que le dije a Adrienn que sonaba como "diferente" en español. A una cuadra y media de esa estación quedaba mi hostal. Llegué a la estación y caminé hacia el Redbus. Hacía frío. Estaba inmensamente feliz, ya había transcurrido el primer día en Budapest y aun me faltaban miles de cosas por ver. Son tantas y son tantos los detalles que las próximas dos ediciones estarán dedicadas totalmente a esta ciudad que me enamoró desde el momento que mis pies tocaron tierra.

Parlamento húngaro de día.
Con constancia y dedicación todo se puede lograr. Hay muchos que dicen que el límite es el cielo, yo discrepo en absoluto. Si el límite es el cielo ¿Cómo hago si quiero ir a la luna? Y hablo en serio. Esa palabra no existe en mi diccionario. Límite es la excusa del fracasado, del miedoso y del conformista. Los obstáculos que existen para lograr lo que deseamos, son los que nosotros mismos nos colocamos. Si se atraviesa una piedra, la salto. Si se interpone el mar en mi camino, busco la manera de cruzarlo. La vida es una y si yo no vivo la mía, nadie lo hará por mí.




Gracias,

Un abrazo desde algún lugar del mundo

Moisés

2 comentarios:

  1. hermano. muy excelente post-al-- (¬¬? se, fue malo) pero fino hermano. esta parece tu historia romántica del viaje.hizo lo imposible por verse con su amada... como terminara esta historia con Adrienn ??? se quedara con "hambre"???? (espero entiendas) todo y estos y mucho mas en la próxima edición...

    ResponderEliminar
  2. me gusto tu ultima reflexión... excelente my nigga.. un beso. liss

    ResponderEliminar

Bienvenido a Tripping a la venezolana

¡Puedes seguirme en Facebook y Twitter!.

¡Suscríbete a Trippinng a la venezolana!

Recibe en tu correo las últimas noticias del blog. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.