viernes, 18 de mayo de 2012

¡Santo Dios, me estoy poniendo BLANCO y no soy Michael Jackson!

Fernsehturm
Mi razón principal, o excusa, para cruzar el charco, era ir a Alemania y hacer un curso intensivo de alemán. En principio tenía varias opciones; un amigo alemán-venezolano que vive en Choroní y, por cierto, tiene una muy buena posada allá, me sugirió irme a algún pueblo de Alemania. Mi amigo me recomendó su pueblo natal, me dijo que al no ser una gran ciudad, tal vez sería menos costoso. Contacté a la universidad de este pueblo, que por cierto olvidé el nombre ya que era medio complicado, pero nunca obtuve una respuesta que me gustase. Comencé a contactar miles de universidades, cientos de institutos de idiomas, personas en crisis que quisieran dar clases de alemán, etc, etc, hasta intenté irme a Suiza o Austria, pero los precios eran INCOSTEABLES para mí. En una conversación por Skype (Sí, ese programa "subreal" según ciertos caraqueños del este del este, famosos en estos momentos) con mi querida profesora y amiga Iliana Goncalves, quien estaba en Alemania en ese entonces, me recomendó varias universidades con precios socialistas revolucionarios mesmos. Al final me quedé con dos opciones, la primera, y era donde más quería ir, fue una universidad llamada IIK-Düsseldorf, que queda en esa misma ciudad. El precio era relativamente razonable, mil quinientos euros dos meses, incluido el hospedaje, más no la comida. Si me aprobaban la beca, que se suponía me ayudaría a pagar mis estudios en Nazilandia, me iría demasiado a esta ciudad. Otra opción más socialista era un instituto con precios de Mercal, en Berlín, capital de Nazilandia. Los precios eran maravillosos, no se trataba de un instituto ni ultra prestigioso ni sifrino, sino uno sencillo, con clases o en las mañanas o en las tardes. El precio por mes, dependiendo del nivel, oscilaba entre 190 euros y 250 euros. Era lo más barato que había visto, y en realidad que vi. El curso no incluía hospedaje, pero te podían ayudar a encontrarlo por un precio aproximado de 450 euros el mes, aunque pude encontrar uno más económico, este precio me parecía razonable.

Todo era simplemente planes, nada estaba claro. Todos los institutos que había contactado me dieron precios, fechas de inicio diferentes, horarios, etc., pero en realidad nada era seguro. Cuando salí de Venezuela, lo único seguro era Colorado, ya tenía un contrato firmado, y sabía que trabajaría allá por dos meses. Lo demás fue llegando a su debido momento. Cuando estaba en Nueva York, y había pasado ya mucho tiempo y no tenía respuesta segura de la beca, me di cuenta que era mejor tomar cartas sobre el asunto y hacer algo al respecto, sino me quedaría sin el chivo y sin el mecate (Refrán venezolano). Todo apuntaba a que si debía pagarme todo, tendría que irme a Berlín. El curso allá era el más económico que había encontrado. Así fue, hice todos los trámites pertinentes para irme a Berlín, como les había medio contado en uno de los posts anteriores. El curso me salió por docientos euros mensuales. Tenía que hacer una transferencia internacional desde Nueva York al banco donde el instituto tenía su cuenta. Por cierto, me cobraron cincuenta dólares de comisión por la transferencia. Hice todo y más. Antes de irme ya había comenzado con mis clases de alemán. Había llamado varias veces a Berlín, y aquellos que aprenden un idioma saben el reto que significa hablar por teléfono en otro idioma que se está aprendiendo. Del instituto me enviaron una carta, donde reflejaba que había pagado todo; en caso de que algún oficial de inmigración, sin oficio, se le ocurriera pedirme algún comprobante. Ya había encontrado el hospedaje, como les comenté en anteriores posts. Ya tenía el curso pagado y la inmersión cultural sería completa una vez establecido en Berlín.

El día de mi llegada a Berlín y por causa del terrible Jet Lag, no fui a clases. Llegué en las nubes, llegué cansado, aturdido y con hambre. Decidí dormir. Al día siguiente Frau Rupp y Verna me llevaron hasta la puerta del instituto ¡Cuales padres llevando a su hijo negrito al colegio! Me explicaron dónde tomar el tranvía, cuál dirección del tren debía tomar, dónde hacer transferencia, donde bajarme y la cuadra y media que debía caminar. Llegamos a BSI Berlín, ése es el nombre del instituto. La chama de la recepción me atendió muy amablemente, cosa rara. Me indicó la puerta por dónde debía entrar, el piso y el número de salón. Mis padres sustitutos alemanes me llevaron hasta la puerta del salón y se despidieron de mí. Hasta este momento habían sido amables. Frau Rupp me había prestado un teléfono celular que no utilizaba y así yo podía estar comunicado ¡Todo iba excelente! Entré al salón. El nivel inicial que había pedido era B2 (Guía para el marco común europeo de referencia para las lenguas) Tenía miedo de elegir otro nivel más avanzado y estar después perdido en clases. Además quería refrescar muchas cosas que había olvidado debido al desuso del idioma. Entro al salón, me dirijo hacia el profesor, se veía amable, le explico que soy nuevo, me dice que está bien, que tome asiento. Me siento al lado de una chama de treinta y tres años aproximadamente. No tengo el libro de ejercicios aún, así que el profesor me dice que trabaje con ella. Lo único que hice fue ver las actividades en su libro, casi ni hablamos. Estuve en el salón las primeras dos horas antes de la pausa. El nivel no me gustó, me di cuenta que necesitaba un nivel un poco más avanzado, pues todo lo que habían hablado en el salón lo sabía. Me sentí inteligente, superdotado ¡Qué iluso! Al momento de la pausa, bajé de nuevo a la recepción, le pedí a la chama que me cambiara a otro nivel un poquito más avanzado. La chama, amablemente, me mandó al nivel siguiente. Durante la pausa decido ir al cafetín, un huequito con tres mesas, donde no entraban ni diez personas al mismo tiempo. Aún no conocía a nadie. Las personas me parecían poco amables y hasta los momentos nadie se me había acercado. Me coloco en la cola para comprar un café. Siento que alguien me ve y volteo levemente hacia mi derecha y efectivamente me miraba la chama con la que me había sentado en el primer salón. Me miraba con una cara de "Yo como que te conozco o te me haces familiar". Se me acerca muy sonriente y me pregunta: -"Woher kommst du?"- (¿De dónde eres?) Con un acento hispano bien marcado. Le devuelvo la sonrisa y le respondo: -"Aus Venezuela"- (De Venezuela) En eso pega tremendo grito: -"¡¿En seeeeeeerio, chamo?! ¡Yo también soy venezolana!"-. Me da tremendo abrazo y juntos compartimos la alegría de encontrar a un buen paisano fuera de nuestra patria. Esta vez no se trataba de una welearepa o sifrina. Era una chama sencilla de Caracas, que se había casado con un portugués y recientemente se había mudado a Berlín por cuestiones de trabajo de su esposo. Sólo noté algo en ella; tenía una gran obsesión por pronunciar todas las "S" al final de cada palabra y en los lugares donde comúnmente TODOS los venezolanos, de la región central del país, las aspiramos. No sé a qué se debía su esfuerzo por pronunciar esa letra. Tal vez por razones personales o simplemente por sonar "fino". Lo cierto, es que detesté eso. Entiendo perfectamente que si hablas con otra persona que NO SEA VENEZOLANO, puede ser que no entienda perfectamente, y siempre es pertinente sonar lo más estándar posible. Pero, si hablas con otro venezolano, lo cierto es que suena ¡RIDÍCULO!. En fin, quitando ese pequeño detalle, la chama era excelente persona. Es esa típica venezolana que te encuentras afuera y lo primero que te dice es: -"¡Quiero comer arepas!"-. Y tú respondes con la misma emoción: ¡Yo también me muero de las ganas por comerme un arepa!"-. Lamentablemente yo ya me había cambiado de clase así que no estudiamos juntos. Sin embargo, coincidimos muchas veces, salimos a caminar, un día por mera casualidad fuimos al cine durante el famoso festival de cine alemán "Berlinale". Lo más cómico y curioso del asunto fue que la primera persona que conozco en Alemania, excepto los dueños del apartamento donde viví, tenía que ser nada más y nada menos que una venezolana. 


Filo y yo del mismo color
Mis compañeros de clase eran una mezcla extraña de nacionalidades frívolas y algunas cálidas. Primero estaban los japoneses; dos personas sumamente difíciles de tratar. Novu Katsu, era el nombre de uno de ellos, era compositor de música y yo le calculo más de treinta años, sino los cuarenta ¡Me daba miedo verlo! Era extremadamente introvertido y parecía que su peluquero no lo quería mucho. Tenía el cabello liso como bebé, pero con un corte abierto en el medio de la frente, que hacía que su cabeza resaltara mucho más de lo normal. El otro tenía un nombre muy, pero muy complicado "Ko" (Inserte aquí cara de ironía) No hablaba absolutamente con nadie. Los primeros días intenté buscarle conversación y me respondió. En futuras ocaciones más nunca volvió a dirigirme la palabra, ni a mí ni a nadie en el salón de clases. Un día en clase hablábamos sobre las diferencias culturales y el "contacto entre las personas", salta Novu Katsu (Que por cierto, "katsu" o "katso" en italiano es una forma vulgar de decir pene, aunque no sé si está bien escrito) y dice muy exaltado: -"¡In Japan KEIN KONTAK!"- (En Japón no tenemos contacto) Lo dijo de una manera como si el contacto en japón fuese un insulto. Luego su compañero Ko lo corroboró y terminó de afirmar lo que el resto de la clase había escuchado. Definitivamente personas muy extrañas, pero así es su cultura. No tendrán contacto físico con las personas, pero son unos genios desde que nacen. 

El otro grupo comprendía las nórdicas, dos amigas de Suecia, que llevaban ya un año en Berlín ¡Ambas extremadamente FRÍAS! Bueno, no del todo. Jamás se dejaban tomar una foto. Una tenía el cabello rojo como recién prendío en candela. La otra era linda, ojos grises, cabello rubio, largo y liso, no muy alta, delgada y con una linda sonrisa. Ésta última resultó no ser tan fría después de todo (No pregunten por qué).

Otro grupo eran los italianos; los latinos de Europa, eran la mayoría de la clase, habían como ocho o nueve, cada día llegaba uno nuevo. Llegó un momento en el que me sentí que estaba en Italia. Todos muy amables, con sus excepciones, claro está. Su acento en italo-alemán es el más cómico que he escuchado.  No pueden pronunciar la "H" (En alemán, al igual que en inglés la "H" es sonora y suena como "J") En lugar de "Hause" pronunciaban "ause". Una frase qué siempre me causó risa fue está: "Er hat Hunger" (Él tiene hambre) se supone que en alemán debe pronunciarse así: "ea jat junga", pero ellos la pronunciaban así: "eratunga". Todo pegado, no hacían ni el más mínimo esfuerzo por disimular su acento. 

Otra compañera de clase era una chica de Georgia. Sí, para los que tampoco sabían, hay un país que se llama así. Yo ni idea de que existía. Una chica muy linda, muy parecida a mi amiga Elvira, pero un poquito más joven. No estoy queriendo decir que tú eres vieja, bueno... Más o menos. Lo cierto es que era muy linda y tímida, cada vez que me veía se sonrojaba ¡Ojo! No estoy tratando de decir que yo era el Latin Lover de Berlín, pero es que al verla era muy obvio ver su cara sonrojada. Fue pocas veces a clase, no sé si la asusté, pero más nunca fue. Cuando la conocí y le pregunté su nombre y de dónde era, me responde: -"De Georgia"-. Y yo: -"¿De dónde? ¿Georgia? ¿En EE.UU?"- No, el  país" me responde ella. -"¡¿País?!" ¿Hay un país que se llama así? Sí, señores. Y su idioma oficial es el georgiano, creo yo jajajaaja. Me sentí ignorante. Aún me siento ignorante y apuesto a que muchos de ustedes tampoco sabían que existe un país con ese nombre.
Otro era un australiano egocéntrico, se creía el rey de la clase y siempre hacía preguntas fuera  lugar, intentaba ser gracioso, pero no le funcionaba en absoluto. También estaba un chamo de Siria, siempre perdido en el espacio, la profesora explicaba algo y el entendía otra cosa, no duró mucho en clases.

Por último y menos importante estábamos los hispanohablantes. Éramos cuatro al principio; Élia de Barcelona, España, Lola de Mérida, España, no la de Venezuela, Filomena, la ítalo-canaria y yo. Élia dejó el curso el primer mes  y casi nunca iba a clases por cuestiones de trabajo. Filo también tuvo que dejar el curso, pero siempre nos encontrábamos después de clase para ir a caminar por Berlín a -15 grados y así "acostumbrarnos al frío". Filo era una italiana que hablaba perfecto español, creo que mejor que yo. Había estudiado filología española e inglesa, pero se había especializado en español. Además, llevaba varios años viviendo en las islas canarias. Al principio no creí que era italiana, por su perfecto español. Lola jamás faltaba a clases y era con quien más me la pasaba. En clase nuestra profesora nos mandaba a callar a cada rato. Ella era esa típica alemana que quiere que todo sea perfecto. 

Blanqueándome
Cierto día, cuando hacía más de -20 grados centígrados, entro al salón de clases, tarde por cierto, después de haber caminado desde la estación del tren hasta el instituto. Entro en silencio, la clase ya había comenzado y comienzo a desvestirme. Sí, así lo llamo, es que una vez estando en lugares cerrados, no hacía falta tanta ropa encima, la calefacción funcionaba muy bien. Me quito la bufanda, la chaqueta, el suéter, y por últimos los guantes. Todo con el mayor silencio posible por no perturbar la clase. De pronto me veo las manos y observo que tengo los nudillos rojos, debido al frío. Los veo por un instante y de pronto reflexiono y le grito a Lola que estaba a mi lado: -"Lola, ME ESTOY PONIENDO BLAAAAAAANCO!"- Lo grito en español. Yo soy negro, jamás me pongo rojo. Mi profesora casi convulsionó. Le había interrumpido la clase, como siempre el latino escandaloso. Me disculpo y me siento. Comienzo a verme los dedos de arriba a abajo y efectivamente me estaba poniendo blanco. Me sentí como la versión latina de Michael Jackson, pero más pelabola. No le presté atención a la clase, salí al baño y me miré en el espejo. Casi lloro. No podía creerlo, estaba perdiendo mi encanto latino, mi sabor venezolano. Ahora iba a ser un blanco más. Allí comenzó todo mi drama. Llegué a mi apartamento y me miré en el espejo. Comparé mis manos con mi cara y se notaba mucho la diferencia. Vi fotos viejas y podía apreciar la gran diferencia que había. Yo no quería ser blanco. Yo quería ser negro. Además, así resaltaba más por esos lares. Si me terminaba de poner blanco, no me verían. Más tarde lo entendí todo y mi crisis se calmó. Era lógico estar blanco. Era muchos los factores que hacían que mi piel perdiera su color. Primero, era invierno, temperaturas extremas. Siempre estaba cubierto de los pies a la cabeza, la mayoría de las veces lo único que tenía descubierto eran los ojos. De resto, tenía gorro, orejeras, bufanda, suérter, chaqueta, guantes, pantalones termales, blue jeans, botas de nieve, etc, etc. Otro factor importante era la ausencia del sol. Sí, no hacía sol. Siempre estaba nublado. Es decir, no hacía sol, yo embojotao hasta los tequeteques, y si le adicionamos que la calefacción me resecaba la piel, ahí tenía los resultados; mi piel perdía su color. Después no me preocupó mucho. Sabía que uno de mis últimos destino era Málaga, la costa del sol, y allí llevaría sol parejo. Efectivamente, duré mes y medio en Málaga y lo primero que hice fue ir a la playa y ponerme a llevar sol. Aunque hacía 17 grados, no hacía calor en realidad, yo me fui a la primera costa que vi, me quité la ropa y me puse a llevar sol toda una tarde. Esta operación la repetí varias veces y ahora de regreso a los Niuyores estoy más negro que de costumbre. Así que aquí cabe el dicho que dice: -"Negro es negro aunque se vaya pa' Alemania". En realidad acabo de distorsionar ese refrán. 

Volviendo a las clases de alemán, tuvimos dos suplentes en una semana y media debido a que nuestra profesora estaba enferma. El primero era un señor mayor que nos trataba como personas con síndrome de down. El pensaba que estaba dando el nivel más bajo y nos hablaba exageradamente despacio. Era algo así: -"Yo" se dice "ich", "ich" significa "yo" ¿Entendiiiiiiiidoooooooo? Se suponía que estábamos en un nivel algo avanzado y lo importante era aprender VOCABULARIO NUEVO. El primer día de suplencia de este profesor, él quiso hacer una dinámica para conocernos a todos. Nos preguntaba nuestro nombre y dependiendo del acento con el que le respondiéramos, él decía nuestra nacionalidad o por lo menos se acercaba. Comenzó por lo japoneses, tarea fácil. Siguió con las suecas, a la segunda la pegó, siguió con Filomena, enseguida le dijo que era italiana, continuó con Lola, aquí se perdió un poco, le dijo que era ecuatoriana, paraguaya, boliviana, y al final española. Continúa conmigo, yo trato de disimular mi acento e intentó hacer que sonara algo gringo, o por lo menos lo más extraño posible. Lo cierto es que no me funcionó. El profesor viene y me dice: -"Uhmmm, tú eres de.... ¿India?"- ¡No! Le respondo. -"¿Siri lanka?"- ¡Tampoco! -"¿Indonesia, Pakistán, Mongolia, Estados Unidos?" ¡No, no y no! De Venezuela, le respondo. -"¡¿Venezuela?! ¿En serio? Pero ¿Estás seguro que tu familia no es de la india? Tu abuelo o abuela, tu mamá, papá, un pariente lejano"-. ¡Pues no! Todos somos más venezolanos que una arepa con mantequilla y queso!


Última noche en Berlín, con Lola y Filomena

  
Sorprendente. Ésta no es la primera ocasión que alguien me confunde con gente de esos lares. Varias personas me han preguntado lo mismo. Hace tres años en Nueva York, una señora de un Dunkin' Donuts, franquicia que vende café, me habló en bangladés. Ella pensó que yo era de su tierra. Se pueden imaginar, las dos personas que estaban conmigo se burlaron de mí hasta que se cansaron y aún se burlan. Lo cierto es que no soy de allá. Soy venezolano y estoy orgulloso de serlo. Y no me da pena decir que soy de Venezuela así la gente aplauda en los aviones. Por cierto, hace dos días cuando hice escala en Alemania, al aterrizar el avión los alemanes ¡APLAUDIERON!
¡Qué grima! Jajajajaja



Éste ha sido el corto relato sobre algunos de mis días de clase en Berlín y mi ligero trauma por perder mi sabor tropical que llevo con orgullo a todos lados.

Espero os haya molado mogollón (Acento andaluz) jajaja

Moisés,

Desde el avión de las Uropas a los Niuyores



:)

17 comentarios:

  1. Jajaja qué bueno! y qué raro lo de los japoneses, todos los que conoci en alemania me parecieron muy sociales pero bueno...kein Kontakt! jajajaja.
    Me alegra que tu amiga que se parecía a mi era una versión más joven y linda jaja... con respecto a lo último, de aquí a Bollywood!

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    1. Jajajajaajajajaja frivo, todos absolutamente todos eran nulos y asociables!!!! Debe ser por el frío jajaja Lo de tu clon, de pana se parecía demasiado a ti, pero como de unos 19 años! Chama, tienes un clon y ahora eres famosa en mi blog!!!! Qué más quieres??? Jajajajaja

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    2. Quiero conquistar el mundo. Lo lograremos!

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  2. jajajajajajja buena esa hermano... mira pero echa tu cuento de la frívola y mira, y tu amor de Venezuela que conociste allá que paso con ella? jajaja buena edicion

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    1. Jajajajajaja deja el chisme, chamooo! Jajajaja me alegra que te haya gustado la edición, al hermano tuyo no le gusta nada! lo que se la pasa es criticando todo!

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    2. jajajajajaja. no le pares, el estas así porque tu no has regresado aun... y de paso esta celoso, porque tu estas por allá y no lo has nombrado ni la primera vez en tu BLOC...

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    3. Jajajaja dile que no se ponga celoso que ya dentro de poco le dedico una entrada y todo! Jajajajajajaja

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  3. jajajajajaja espero hayas usado condon... sabes que en la maleta te deje un paquete de cien... jajajaja excelente relato mi ex-nigga jajajajaja "loviuu" jajaja liss

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    1. Jajaja pues claro que sí, mi amol! Siempre!!!!!!!!!!! Lobiu buldaaa!

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  4. Espero un post dedicado a Málaga y tu experiencia mi, tu, casa.

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    1. Tío, no te preocupes. Lo bueno se hace esperar!!! Ya pronto escribiré sobre mi estadia en la bella Málaga :) Un abrazote!

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  5. wow... excelente moises... me rei mucho al final... como siempre muy bueno el blog! Indio!... jajajaja

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    1. Amigo Germán! :) Me alegra que te siga gustando! :) Un abrazote!!!! Gracias por seguirme

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  6. Jajajaja pero cómo que no sabías que Georgia existía? Ya te cansarás de oir esos países en Cultura. Qué risa, te confundieron con Raj jajajajajaja ! Deisy

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  7. Qué cómico lo de Dunkin´Donuts hahahahahaaha!!!! será que todos los que atienden esa franquicia son de esa parte de Asia?? en USA casi todos (por no decir todos) eran de allá hahaha

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    1. Chamo sí! Toda esa gente es de esos lares! Y tienen un acento súper cómico cuando hablan inglés jajajajajajaja
      Bueno, a mí todo el mundo me pregunta si soy de esas tierras extrañas! Nadie me cree que soy Venezolanoo!

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