lunes, 7 de mayo de 2012

¡De los Niuyores a las Uropas!

Shania y yo en Nueva York
Llevaba ya días ansioso. Estaba nervioso y algo asustado antes de salir de Nueva York. Era una mezcla indefinida de sentimientos encontrados. Estaba muy feliz porque ya mi sueño de ir a las Uropas se estaba acercando, pero por otra parte estaba extremadamente asustado. Iría a un lugar donde no conocía absolutamente a nadie, donde lo único que conocía era el idioma y sería la primera vez que me enfrentaría a él. Por fin pondría en práctica las tantas horas de estudio y los tres años dedicados a aprender este maravilloso idioma, al cual lo amas o lo odias, no existe punto intermedio.
Pasé los últimos cinco días en Nueva York contando las horas, minutos y segundos para irme. Poco a poco se despedían de mí en la oficina el viernes antes de mi partida. Partí un día lunes dos días después de noche buena. Shania no paraba de llorar, eso me partía el alma, pues ella no quería que su hermano se fuera tan lejos. El día anterior comenzó mi común pelea con mi equipaje. Tenía que seleccionar lo que me llevaría y lo que no. Ya ropa de invierno tenía de sobra; las botas de nieve me las habían regalado, también me habían regalado dos buenas chaquetas, suéteres, gorros, guantes, y muchas cosas más.
Es decir, mi cara de niño congelado y necesitado surtió efecto. Gracias a todos los que me vistieron, me ahorré muchísimo dinero que más adelante me sirvió de mucho. Sólo necesita unos pantalones térmicos, son una especie de ropa interior larga que se coloca debajo de los pantalones, y así uno no pasa tanto frío. Lo cierto es que me fui con Lizett a Macy's a ver si encontraba unos pantalones térmicos buenos, bonitos y baratos. Entramos a la tienda, que por cierto es inmensa y supuestamente es la tienda por departamento más grande del mundo. Buscamos los pantalones térmicos, encontramos varios modelos, algunos caros, otros baratos. Tomé unos y me los coloqué debajo del brazo, porque eran los únicos que quedaban de mi talla. Continuamos caminando por toda la tienda y al final no me decidí por ninguno. Lizett me dice que tal vez en Queens pueda conseguir algunos más baratos. Salimos de la tienda, pasamos la maquinita que pita en caso de que te robes algo, no sonó en absoluto. Bajamos a la estación del tren, y tomamos nuestro tren desde Manhattan hasta Forest Hills. El tren iba algo lleno, algo así como la línea 1 del Metro de Caracas, pero no tanto. Así que nos toca ir de pie. Lizett y yo vamos hablando y de pronto le digo: -"Negra, tenme esto aquí mientras saco la Tablet del bolso"-. ¡Le doy el paquete con los patalones térmicos que había agarrado en la tienda! Me doy cuenta de que no había pagado los pantalones por andar de distraído y prácticamente ¡me los había robado! Exclamo: -"¡NEEEEEEGRA ME ROBÉ LOS PANTALONES! Por supuesto todo el mundo que estaba en el tren y sabía español o por lo menos entendía la palabra "robar" voltearon a verme. Lizett me mira con una sonrisa de "¡Cállate o te mato!" y agarra el paquete y lo guarda en su bolso de mano y hace como si nada hubiese pasado. Después llegamos a la casa y nos reímos por un buen rato de lo sucedido. Fue así como me convertí en un cleptómano inconsciente. Ahora cada vez que entro en una tienda, antes de salir me pregunto: "¿Moisés, que te llevas que no has pagado?". Lamentablemente no pude ocultar el Tuki que llevo por dentro. Gracias a Dios no me pararon y me acusaron de ladrón. Hubiese pasado un susto grande por andar de despistado.

Noche buena en Nueva York
Después de mi experiencia como cleptómano y con las maletas listas. Sólo me tocaba despedirme de mi tío Jesús, Lupe y otros amigos más. Lizett, Yovelsi y Shany me acompañaron al aeropuerto de Newark, en Nueva Jersey. Ese aeropuerto queda relativamente al lado de Manhattan, se puede tomar un tren desde Penn Station que cuesta 12$ y además, muchas veces los vuelos desde Newark salen muchísimo más barato que desde el aeropuerto JFK, como en mi caso. Llegamos al aeropuerto y sinceramente yo estaba extremadamente asustado. Quería irme, pero a la vez no quería. Hago el check-in de mis maletas, todo listo. Sólo faltaba irme al control de seguridad ¡Una cola interminable! Shania estaba llorando y no dejaba de abrazarme ¡Tan bella! Nos despedimos y yo me quedé en la cola. Vi como se iban poco a poco, mientras volteaban y me decían adiós con las manos. Me quedé muy triste, pasé el control de seguridad sin ningún problema, busqué mi puerta de abordaje y esperé sentado hasta que se nos permitió abordar el avión.
El vuelo fue directo desde Nueva Jersey hasta Berlín. Fueron ocho horas y treinta minutos. Salí a las 7:00 p.m y llegué a las 8:00 a.m a Berlín. Un viaje todo extraño, fue como un viaje en el tiempo, viajé sólo ocho horas y media, pero llegué trece horas después. Eso se debe a los distintos usos horarios entre América y Europa. Lo cierto, fue que no pude dormir en el vuelo. Estaba también nervioso, los aeropuertos alemanes me asustaban. Sólo había escuchado malas historias sobre ellos. Una conocida que viajaba a Francia, hizo escala en Frankfurt y en inmigración ¡La regresaron a Venezuela y no la dejaron pasar a Francia! Otro amigo, me dije que le preguntaron muchísimo cuando iba a Suiza y tuvo que hacer escala en Alemania. También otras personas me comentaron que en Alemania trataban muy mal a los venezolanos. Se pueden imaginar, yo negro con cara de indio, pero venezolano y sin mucho real que se diga (Aunque llevaba ya algo reunido de lo que había ganado en EE.UU) podría ser presa fácil para algún oficial de inmigración sin oficio que estaba buscando a quien joderle el día. En el vuelo iba traumatizado, había ya preparado mi discurso en español, inglés y alemán. Ya sabía qué responder en caso de algunas preguntas tontas. Me sabía la dirección del instituto de memoria, la dirección donde iba a vivir, tenía preparado mi comprobante de pre-inscripción del instituto de alemán, tenía ya hasta dinero listo en caso de tener que sobornar al oficial, hasta había inventado un discurso así como "sino me dejas entrar, se lo digo a mi tío Chávez para que los mande de vuelta al comunismo muajaja". El avión comienza el descenso. Ya estaba en cielo alemán. Estaba triste, feliz y asustado ¡Sí, en ese momento era bipolar! Salimos del avión todos los pasajeros y se forma la cola para pasar por inmigración. Quedo como a mitad de la cola, me pareció una eternidad lo que duraban con cada persona. Por fin llega mi turno. Le veo la cara al oficial, él me ve la cara ¡Me asusto! Él tenía una cara completamente inexpresiva, parecía un asesino en serie sin sentimientos. Trato de sonreír, entonces él me pregunta con un inglés americano perfecto: -"How long are you going to stay in Germany?"- (¿Cuánto tiempo te vas a quedar en Alemania?) A estas alturas no sé si el oficial era alemán o era estadounidense. Le respondo con una sonrisa forzada: -"Two months"-. (Dos meses). En la cara inexpresiva del oficial se formó una leva sonrisa y me dice: -"Welcome!"-. Me coloca el sello respectivo en mi pasaporte y me lo entrega. ¡Listo, eso fue todo! No tuve necesidad de hablar en alemán. No tuve que sobornar al oficial o mostrarle algún documento que justificara mi entrada al país. Simplemente nada. Tal vez tendría sueño, le caí bien o le gusté. No lo sé. En ese momento me volvió el alma al cuerpo. Allí cerca esperé por mi maleta. La tomé de la rampa y caminé fuera del área de inmigración. Las puertas se abrieron y habían muchas personas afuera con letreros con nombres, muchos esperando a sus familiares, amigos, etc...

Shania, Yovelsi y yo en el aeropuerto internacional de Nueva Jersey
Todo estaba en alemán. Aún no había hecho el cambio del inglés al alemán. Todavía pensaba en inglés, a pesar de estar leyendo todo en alemán. Arrastré mis maletas todo lo largo del aeropuerto buscando la salida que daba hacia el bus. Recordé las recomendaciones que me dio mi amigo el judío David. Busqué la oficina de información turística y pregunté dónde me quedaba el autobús que me llevaba hasta la estación principal de trenes. La chama de atención al cliente, con su cara muy rígida y seria, como típica alemana, me indicó cómo llegar hasta la parada del bus. El bus duró menos de dos minutos en llegar, me subí con mis dos maletas bien pesadas y le preguntó al chofer cómo y cuánto se pagaba, me señala con el dedo la máquina, 2,30€. Compré mi ticket. El bus tomó 25 minutos aproximadamente desde el aeropuerto hasta la estación Hauptbahnhof (Estación principal de trenes). Me bajo y sonrío. Por fin estaba ya en Alemania, ya todo el susto había pasado. Había cruzado el charco y estaba sano y salvo. Desde la estación principal debía agarrar hasta otra que se llama Ostbahnhof. Allí la persona que me iba a alquilar la "habitación" me iba a esperar y me llevaría en carro hasta la casa. Llegué a la estación veinte minutos antes del tiempo acordado. Decido llamarla por teléfono para avisarle que ya estaba, como para hacer presión. Marco el número, repica y me atiende una mujer con voz de recién levantada; le digo en alemán que era Moisés y ya estaba en la estación. Me grita y me cuelga el teléfono ¡Me había confundido de teléfono! Más tarde comprobé que había tomado nota mal del número. Entré de nuevo a la estación y decidí esperar a la señora. No sabía cómo era y ella tampoco sabía cómo era yo. Sólo habíamos hablado por teléfono. Esperé diez minutos y veo que entra a la estación una señora de cincuenta años aproximadamente. Saca de una bolsa un letreo que decía "M. Gonzalez". ¡Sonrío! Ése soy yo. Camino hacia ella y ella también me sonríe, muy amable. Con su respectiva distancia me dice: -"Hallo!.... Ddg hfgdfh hdghdghdg hhf"-. Sólo entendí el saludo. La señora es oriunda de un pueblo al sur de Alemania y tiene un acento COMPLICADÍSIMO. No entendí ni una sola para de lo que intentó decirme. Me sentí mal. Me dije: -"Todos estos años estudiando alemán y no le entiendes al primero que te encuentras en Alemania"-. Ella sigue hablando conmigo. Para mí sonaba como "blah, blah, blah, blah". Caminamos hacia el carro, guardé mi equipaje en el maletero y nos encaminamos rumbo hacia mi nueva casa. Me hizo falta un buen rato para acostumbrarme a su acento y a lo rápido que hablaba. Poco a poco fui entendiendo más y más lo que me decía y al final pude mantener una conversación "normal" con ella. Al fin y al cabo para eso iba a Alemania, a practicar, afinar mi oído, a hablar más de lo que en realidad hablo. Y después de dos meses vi un gran resultado.


Puerta de Brandenburgo, Berlín, Alemania
Fue así como llegué a las Uropas, a Alemania o Nazilandia, como le dicen algunos por allí. A una tierra de gente blanca, que casi nunca ven el sol. Me sentía como una caraota en un arroz, así como mi amiga Vanesa Mingori me dijo un día. Era imposible no resaltar entre la multitud y fue allá donde me di cuenta que hasta el clima es racista. ¡Me comencé a poner BLANCO! Pero esa es ya otra historia.
Mis primeras impresiones sobre Berlín fueron: "¿Y los edificios altos?", "Pero no hace tanto frío como me dijeron" (Iluso, aún no sabía lo que me esperaba), "Pero la gente es amable, no es tan fría como dicen" (Iluso otra vez). Poco a poco me enamoraría de esta gran ciudad que debía dejar dos meses después.

Más detalles sobre Berlín en la próxima edición de "Tripping a la venezolana".
Jajajaja suena hasta como los comerciales de una película ¡Qué gallo soy!
Espero haya sido de su agrado.

Un fuerte abrazo,

Moisés

Desde Málaga, España

8 comentarios:

  1. Ayyyy, será que Gaby y yo nos volveremos famosas gracias a tu blog?? jajaja Excelente como siempre, negro! Me alegra mucho poder ir leyendo el desarrollo de tu aventura! Espero la próxima edición!!! jajaja

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    1. Vaaaanee mi aamoorr! Jajaja bueno, yo creo que sí se harán famosas! Después les cobraré comisión jajajajaja me alegra mucho que te esté gustando el blog :) ya pronto subiré la próxima
      Un abrazote, mi negra margariteña!!!

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  2. excelenteeeeeeee!!!!! me dio muchisima risa.... que ladron eres vale jajajajajajaajja no pudiste dejar lo venezolano atras jajajajaja tienes que ir con malas mañas a otro pais jajajajajaja que loco.... un besote my nigga.... liss

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    1. Jajajajajaja sí, mi amor! No pude esconder el tuki que llevo por dentro... Gracias a Dios no me hicieron pasar pena! Jajajajajaja
      Luv ya! :)

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  3. Cleptómano jajajaja que bueno el blog, ahora que leí todo quiero mas... espero una próxima entrada pronto! :)

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    1. Chaaamo! Ves? Y yo desde hace tiempo diciendote que lo leyeras y tú de mal amiga no lo leías!!!! Me alegra muchísimo de corazón que te haya gustado! :) ya continuaré subiendo más y más historias!

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  4. ta bien... jajajajajaja. coye hermano. parece una novela esta muy buena esete capitulo... a pesar de que no pudiste ocultar el venezolano que tienes por dentro. mira, jajaj dando lastima y de paso llevandote las cosas... que mas habrá en la próxima edición???? MG volvera a llevarse algo sin pagar? la Alemana abusara del Trippton MG.??? (ese fue malo lo se) todo esto y mucho mas. en la proxima entrega. no se lo pierdan..

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    1. Jajajajajaja chamo, lo siento! No pude ocultarlo jajajajajaja pero por lo menos no me descubrieron... Ya pronto saldra la proxima edicion de "Tripping a la venezolana" No se lo pierdan por el mismo canal a la misma hora!

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