miércoles, 9 de mayo de 2012

Berlín... Capital del frío


Mi pequeño apartamente berlinés
Sólo nos tomó veinte minutos aproximadamente llegar desde la estación Ostbahnhof hasta mi nueva "habitación". Frau Rupp, nombre de la señora que me alquiló, me habló todo el camino. Supe que tenía dos hijos, era divorciada, tenía una nueva relación desde algunos años, no sabía ni una sola palabra en "americano", sí, ella pensaba que en toda América se hablaba "americano"; además, también supe que tenía poco tiempo en Berlín. La señora me cayó muy bien, al principio. Después resultó ser un poco extraña ¡Mucho en realidad!. Llegamos a la casa. Se trataba de un apartamento relativamente nuevo. Estaba ubicado en el segundo piso. Frau Rupp me ayudó con mi maleta pequeña mientras yo sufría con la grande. Al ver que era pesada mi maleta y no quería terminar con un dolor en la espalda, le pregunto: -"¿No hay ascensor?"-. Ella se ríe y me dice: -"Estás en Berlín jajaja"-. Al principio no entendí su respuesta.
Hice silencio y seguí pujando con mi maleta hasta llegar al apartamento. Más tarde entendí que los ascensores en Berlín son escasos. Sí, no hay casi ascensores en ningún lado. No sé que coño tienen los berlineses en contra de los ascensores. Además, los edificios realmente altos son muy escasos. La mayoría de los edificios son de cuatro o cinco pisos, y al parecer a los alemanes les encanta subir escaleras, así se calientan un poco y no pasan mucho frío. Llego al segundo piso ya sin aliento (Algunos pensarán que soy un exagerado, pero en realidad esa maleta pesaba, además yo que soy tan debilucho, se podrán imaginar), Frau Rupp abre la puerta, entro al apartamento y digo para mí: "¡Oh qué bien!" era un apartamento relativamente grande. Constaba de una cocina empotrada, con lavavajillas ¡Sí no tuve que fregar a mano por dos meses!, una nevera pequeña, una mesa con dos sillas, un pequeño balcón al que sólo salí como dos veces, un baño con tina, lavadora, una sala con juego de muebles, un televisor grande, lámparas y todo lo demás que una sala normal tiene. En el apartamento había una sola habitación con una cama matrimonial, un pequeño estante y un armario que ocupada casi la mitad de una de las paredes. Observé el cuarto con detalle y en seguida pienso  "¿Un solo cuarto? Y ¿Dónde coño voy a dormir yo? ¿O ella?, ¿Será que esta vieja me va a poner a dormir en la sala? ¿O ella pretende dormir conmigo en la misma cama?". Entré en un pequeño estado de desubicación total. No estaba entendiendo las cosas. Frau Rupp comienza a explicarme la casa, dónde estaban las cosas, el baño, cómo funciona el agua caliente, la calefacción, etc... Me dice dónde están las sábanas, las cobijas y luego me dice: -"Eso es todo, yo vivo en el edificio de al lado con mi novio, él se llama Verna. Aquí tienes las llaves de la casa. Lo único que necesitaré de la casa es utilizar la lavadora algunas veces para lavar mi ropa y la de Verna. Déjame avisarle que ya llegamos y te llevamos al supermercado a comprar comida y así aprovechas que vamos en carro y no tienes que cargar las cosas tu solo". Me sonrió, me entregó las llaves y se marchó. Me quedé perplejo ¡Tenía un apartamento para mí solo! Tenía mi propio apartamento. Y por tan sólo 300 euros mensuales, que cubrían todos los gastos. Estaba atónito ¡Muy feliz! Ya me imaginaba haciendo fiestas en el apartamento ¡Qué iluso fui! Oigo el intercomunicador sonar, era Frau Rupp. Me esperaba abajo con su novio Verna. Bajé y efectivamente abajo me esperaban. Frau Rupp me presenta a su novio, un señor de aproximadamente cincuenta años, extremadamente amable y hospitalario. Subo al carro y me llevan al supermercado más cercano. Estaba en realidad muy cerca de la casa. Agarramos un carrito y comencé mis compras. Leche, pasta, arroz, pollo, nutela, chocolates, cereal, pan, mantequilla, queso crema, etc, etc... Por un momento me preocupé. Me dije "¡Moisés para ya es mucho, te vas a gastar todos los reales el primer día". Termino de agarrar otras cosas más y nos vamos a pagar. Verna me pregunta si me gusta el vino blanco (muy popular en Alemania) a lo cual afirmo. Acto seguido, Verna compra una botella de vino blanco y me la regala con motivo de bienvenida. Ya estamos en la caja. La cajera comienza a pasar los productos por la maquinita que lee los códigos de barra. ¡Piii! ¡Piii! ¡Piii! Aún no había visto el precio total. Ya no quería ver. Me doy cuenta que había comprado muchísimas cosas y hasta me pareció exagerado. La chama termina y me dice: -"vierzig Euro (40 euros)" Por un momento creí que no había entendido el precio y observo la maquina para corroborar. ¡Wow! Había hecho un mercado para casi un mes y sólo había gastado cuarenta euros. En futuras visitas al supermercado me di cuenta que casi todo costaba menos de un euro. La leche costaba sólo 0,60€, el arroz 0,40€, lo más caro fue el café que me costó 3,60€. En un país donde mensualmente te puedes ganar 1,500 euros, gastar a penas 40 o 70 euros en comida al mes, me parece una maravilla ¡Imagínense que se ganaran 1,500 bs al mes y sólo tendrían que gastar 70bs en comida! Magnífico. 

Estación del S-Bahn
Simplemente no lo podía creer. En principio pensaba que Berlín sería una ciudad muy cara, por ser la capital de Alemani, pero todo lo contrario, es ¡EXTREMADAMENTE BARATA! Encontrar un apartamento por 300 o 400 euros es muy fácil, la vivienda es muy económica, la comida baratísima y el sistema de transporte es genial. 

Berlín cuenta con dos sistemas de Metro; el S-Bahn y el U-bahn. Este último abarca la zona más céntrica de la ciudad y el S-Bahn llega a las zonas más alejadas. La tarjeta mensual normal cuesta 79 euros. Puedes utilizarla las 24 horas del día y los siete días de la semana. Esa misma tarjeta te sirve para buses y trenes urbanos. Prácticamente no se necesita carro para nada. Un buen dato, en mi caso, jamás compré la tarjeta de 79 euros, en cambio compré una por tan sólo 53 euros, que funciona desde las 10 a.m hasta las 3 a.m. A mí me funcionó perfecto, pues estudiaba en las tardes y casi nunca me tocó salir antes de las 10 a.m. Algo que me parecio de otro mundo fue cómo es el sistema de pago para usar el tren. Me explico, compras tu tarjeta de un viaje simple o compras tu tarjeta ilimitada. Si compras la de un viaje simple, que son 2,30 euros, debes validarla en una maquinita que está dentro de todos los tranvías, estaciones de trenes y autobuses, es decir, metes la tarjetica y la máquina te marca la hora, y después de allí puedes utilizarla por dos horas. Si compras las ilimitada, no hace falta validarla. Para entrar en el tren no hay barreras, ni torniquetes, simplemente entras a la estación y te montas en tu tren y listo. De vez en cuando y de cuando en vez pasa un trabajador y te pide la tarjeta y debes mostrarla, sino te multan por ochenta euros. Me imagino que hagan eso en el Metro de Caracas y se monte tremendo tuki y venga el pobre empleado y le ponga una multa. Creo que el empleado terminaría pagando la multa del tuki jajajajajaja. Definitivamente, esto es algo que es parte de la cultura. Los alemanes saben que deben comprar su ticket así no se lo pida nadie. El primer mes que estuve en Berlín jamás me pidieron la tarjeta. Es decir, pude haberme ahorrado 53 euros si tan sólo mi horóscopo me hubiese dicho eso. El mes siguiente duré  ¡Una semana completa sin tarjeta! La verdad como no me la habían pedido, se me había olvidado por completo que debía comprar otra. Mi cerebro ya creía que el tren era gratis. Cierto día de regreso del instituto debía tomar dos trenes, el U-bahn, luego transferirme al S-bahn y después tomar un tranvía que me dejaba a una cuadra de mi apartamento. Cuando me monto en el tranvía, veo que hay dos empleados ¡Haciendo control de las tarjetas! Me monté por una puerta, seguí de largo y con la misma de bajé por la puerta de atrás. Fue allí cuando me acordé que no tenía tarjeta del tren. Pues me tocó caminar ¡Por GALLO! Porque en esa estación no podía comprar la tarjeta ilimitada. El día siguiente tuve que ir a comprar la tarjeta y después de allí me la pidieron como cuatro veces más. Es todo cuestión de suerte.


Restos del muro de Berlín
¡Berlín es espectacular! Pero en un concepto diferente al de las ciudades americanas (Con "americanas" me refiero al continente América, no a Los Estados Unidos). Berlín es una ciudad tranquila. Está llena de inmigrantes. En cada esquina se pueden encontrar un turco. Sabrán cuando se acercan por su olor... Por el aroma yo lo sé, ahí vienen los turcos otra vez... (8) Una cosa interesante, los turcos que viven en Berlín ¡No hablan alemán! Y los pocos que lo hablan, hablan más bien una mezcla entre turco y alemán. Ellos son los vendedores de la comida más típica de Berlín el "Döner Kebab". Una comida turca típica, que consiste en un pan relleno con carne, ensaladas y salsas. Son muy económicos y llenan muchos. Pueden conseguir un Döner hasta por sólo 1,50€. En algunos sitios son más caros y mejores. Jamás paguen más de 4 € por uno ¡Sería un robo! Muchos pensarán que la comida típica de Berlín son las Currywurst, esas salchichas asadas con salsa de tomate que se encuentran en los puestos callejeros ¡Pero NO! Los turcos se han apoderado de Berlín. Es más fácil encontrar un puesto de Döner Kebab que un puesto de Currywurst. Además, hasta a veces son más caras que los Döners.
Algo que seguramente le sucede a todo el mundo que viaja de un continente a otro es un fenómeno conocido como Jet lag, se trata de un desequilibrio entre el reloj interno de una persona y el nuevo horario que se establece al viajar en avión a una nueva zona horaria. También se conoce como "Síndrome de los usos horarios". ¡Es horrible! No tenía apetito, me daba sueño en clases y en las noches parecía un sonámbulo. Cuando llegué a Berlín, eran las 8:00 a.m, pero en Nueva York era la 1:00 a.m. Mi cuerpo estaba aún con el tiempo de Estados Unidos y creía que era ya hora de dormir, pues a esa hora en Nueva York se suponía que yo ya dormía, pero la nueva zona horaria a la que acababa de llegar, me decía que eran las 8:00 a.m. Sí lo sé, es algo confuso. La semana siguiente me convertí en una especie de zombie y sonámbulo. Llegaba de clases a las 7:00 p.m y caía como una piedra en la cama. Me despertaba a las 2:30 a.m y no podía dormir más hasta casi las 5:00 a.m. Luego me despertaba a las 7:00 a.m y ya no me volvía a dar sueño. ¿Quién diría que Moisés González se despertaría un sábado a las 7:00 a.m? Ni yo mismo me lo creí. Llegué a un punto de descontrol tan grande que un día me dormí a las 11:00 p.m aproximadamente y me desperté al día siguiente a las 4:00 p.m. ¡No vi el sol ese día! Me acosté de noche y me desperté de noche. Estaba en pleno invierno y las horas de sol son menos. En Berlín amanecía a las 8:00 a.m y oscurecía a las 4:00 p.m. ¡Me sentía como vampiro! Pero no los de crepúsculo, por si piensan algo así.
Puerta de Brandenburgo
La vida en Berlín es tranquila y calmada. No hay ajetreos como en Caracas u otras grandes ciudades como Nueva York o Londres. Es curioso, pensé que por ser la capital de Alemania, sería una ciudad de grandes magnitudes, con edificios enormes, muchísima gente, bulla por todos lados, insegura, y que jamás dormía. Fue todo lo contrario, por lo menos desde mi punto de vista. También podría ser la fecha en la que fui. Era pleno invierno. Tal vez en verano la vida es otra. Lo cierto es que Berlín me pareció una ciudad para vivir, no una ciudad para sobrevivir. Se consigue todo barato, sino quieres pagar el ticket del tren, puedes comprar un bicicleta y recorrer toda la ciudad sin problemas. El sistema de rutas para bicicletas en la ciudad es excelente. Hay vías especiales para los ciclistas y los trenes y tranvías están diseñados para poder subirte con tu bici en caso de nevadas o que estés cansado.
Los semaforos son BRUTOS. Sí, así como lo escuchas. Los alemanes se jactan de decir que la ingeniería alemana es una de las mejores del mundo, pero yo me jactaría en decir que los semáforos son los más brutos. Imagínense una carreta de cuatro carriles, dos subiendo y dos bajando. Espero en un lado de carretera para cruzarla (Sí, aquí hay que esperar a que el semáforo cambie), además hay botoncitos en los semáforos que debes presionar y así cambian más rápido. Hay dos semáforos, uno en el medio de la carretera, entre los dos canales y otro al final. El primer semáforo cambia, comienzo a cruzar, no he ni terminado de cruzar la primera parte de la carretera cuando ya ambos semáforos se ponen rojos. Tengo que correr y quedarme en el medio de los dos carriles porque sino te llevan por el medio. No hay conductores amables que te den paso y te sonrían ¡No! Te atropellan y tú no puedes hacer nada porque el semáforo estaba en rojo, así que es tu culpa. Así es en toda Berlín. Todos los semáforos son iguales en toda la ciudad.

Otra cosa importante. Berlín es extremadamente segura. Conocí a un policía y me dijo que llevaba ya varios años con esa profesión y jamás había tenido que hacer algo mayor que pedirle los documentos a un indigente. Un día en clases de alemán me preguntaron a qué le temía en Berlín, la pregunta me pareció medio extraña, sin embargo respondí: -"A la inseguridad"-. Mi profesora casi se burla en mi cara y me dice: -"En serio, otra cosa que se real"- ¿Cómo que real? ¿Acaso aquí no roban en la calle?. Ella me responde: -"Bueno, creo que sí, aunque en toda mis años viviendo en Berlín jamás he escuchado de un robo"- ¡Impresionante! Igual no le creí. Siempre prefiero ser prevenido. Mi paranoia caraqueña no la puedo dejar jamás. En las calles siempre estaba pendiente de quien caminaba detrás de mí y siempre miraba a los lados. Los primeros días, a veces me tocó subirme a vagones que estaban casi vacíos, cada vez que se montaba alguien estaba pendiente quien era, no me sentaba al final del tren, sino cerca de la puerta y del botón de emergencia jajajaja. Poco a poco me fui acostumbrando a la seguridad de la ciudad y efectivamente no pasa absolutamente nada. Llegué muchas veces de madrugada a mi casa y algunas veces me tocó caminar desde la estación del tren varias cuadras por flojera de esperar el tranvía. Lo cierto es que más miedo me daba morir congelado a -15 grados centígrados a que alguien me robara.



Nevada pequeña
A la nieve me acostumbré rápido. Debo decir que me enamoré. Siempre me emocionaba de ver la nieve caer, de jugar con ella, de mirar por la ventana mientras nevaba y tomar fotos a cada rato. A pesar de no haber tenido fuertes nevadas en Berlín el invierno pasado, las pocas veces que nevó, lo disfruté demasiado. La nieve será algo de lo que siempre me asombraré. A pesar de ser incómoda muchas veces, es realmente sorprendente (Sí, así como la canción de Barnie el dinosaurio).
Berlín... Berlín... Ich hab' noch einen Koffer in Berlin... Mis amigos de alemán tal vez entenderán esta frase de una popular canción que no puede faltar en ninguna clase de alemán.

En la próxima edición de Tripping a la venezolana: ¡Me estoy poniendo blanco! No te lo pierdas.

Jajaja me encanta esto de los "comerciales"

Espero haya sido de vuestro agrado.

¡Hala, tíos, enhorabuena!

Feliz día,

Moisés

Málaga, España

10 comentarios:

  1. ta bien fino hermano, por eso mismo yo me iría demasiado. porque se que si me voy para allá no estaré acá. porque si me voy. me encuentran allá y no aquí. pero nada. esperare el otro blog a ver como termina este peo

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    1. Chamo por fin te gusta uno! jajajaja me alegro mucho! Ya pronto publico el otro!!!

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    2. jajajajaj verga si hablas monte... estan quedando buenos tus aventuras

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    3. Gracias querido hermano! Sobre todo gracias por la publicidad! Jajaja

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  2. me gustaaaa!!!!!!! yo quiero vivir allaaa!!!!!! ya estoy aburrida de tener miedooo.. jajajaja llevameeee!!!!!! enseñame aleman y me iria demasiado jajajajajjajajaja besos my nigga... liss

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    1. Jajajaja o sea!!! Largate demasiadooooooo! Berlin espera por ti!

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  3. mas finoooo.....yo quiero vivir alla!! no tendria que estar pendiente quien tengo a un lado o atras,me imagino que jamas hay secuestros y puedes hacer tus compras sin el temor de que te valla aparecer un tuki que te arrebate la cartera jajajajaja me imagino que tendras que pensarlo,volve a venezuela ??

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    1. Hola amiga Gaditas, que por cierto, aún no sé quien eres! Pues así es, no tenía que estar pendiente de quien me perseguía! Eso de secuestros jamás pasa... Eso creen ellos que pasa sólo en las peliculas jajajaja
      Y lo de volve a Venezuela, sí lo pienso... Aunque no lo creas, tengo ganas de volver! :) extraño mi gente!!!!

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  4. Muy informativo este capitulo, me encanta que siempre me río con algo! Genial, sigue compartiendo tus experiencias y nosotros seguiremos leyendo! Espero el próximo capitulo que ya se un poco de que se trata! :)

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    1. Gracias, amigo! Me alegra mucho que te esté gustando todo :)
      Ya pronto publico la otra!!!! Un abrazooo!

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