miércoles, 23 de mayo de 2012

¡Aeropuertofóbico!

Vista de Málaga desde el Jardín Botánico
La Concepción 
Debo admitir que le tengo fobia a los aeropuertos. La simple y sencilla idea de ir a un aeropuerto me da dolor de cabeza, náuseas y hasta diarrea. Todos esos procedimientos exagerados hacen que el sólo hecho de pensar en ello me quite las ganas de viajar. No es que le tema a los aviones. Es todo lo contrario; los aviones me parecen geniales, una obra de la ingeniería moderna. Mi gran problema son las aerolíneas y todas sus reglas inútiles que jamás benefician al más pobre, o sea, yo.
Viajar en avión a cualquier lugar, a menos que tengan un avión propio, lo cual no creo, necesita mucho más tiempo de lo que algunos piensan. Todo comienza por las maletas ¡Oh las pinches maletas! Cada vez que me toca viajar miro mi armario y veo la maleta, miro de nuevo el armario y de nuevo la maleta, maldigo un par de veces y luego comienza el proceso. Camisas, medias, pantalones, ropa interior sexi (Se supone que eso no debo decirlo), libros, productos para el aseo personal, cosas inútiles que más adelante me doy cuenta que eran innecesarias, etc., etc. Este proceso se debe repetir cada vez que uno viaja. Luego me toca pesar la maleta. Me peso primero, luego cargo la maleta y me coloco encima del peso, acto seguido resto mi peso y el total me dice cuánto pesa la bendita maleta. Aquí maldigo de nuevo. Siempre me paso de peso.
Usualmente pesa como 27 kilos. Respiro profundo, cuento hasta tres, intento superarlo, aunque me cueste, luego decido qué cosas debo sacar para hacerla más liviana. Comienzo de nuevo con la tortura; saco algunos zapatos, una correa que no me guste mucho, la ropa interior sexi, y los libros que jamás leeré en el viaje y sólo los llevo para aparentar ser inteligente. Peso de nuevo la maleta; 23,5 kilos. ¡Fuck! Maldigo de nuevo. Saco otra cosa más, la peso de nuevo ¡Al fin! 23 kilos justicos, que es lo que la mayoría de las aerolíneas permite llevar. A menos que estés en las Uropas y se te ocurra viajar con una aerolínea de bajo costo y el límite son 19 kilos o menos. Esto es sólo el principio de esa pesadilla llamada aeropuerto. Así la maleta te pese 23 kilos exactos, cuando llegas al mostrador a entregarla, siempre pesa más de la cuenta ¡Es algo mágico!
Una vez en el aeropuerto buscas el mostrador de la aerolínea con la que viajarás, haces la tremeeeeeeeeenda cola para entregar el equipaje. Peleas con la chama o el chamo que usualmente son odiosos. Listo, ahora a la parte de inmigración. Otra pesadilla más. La zona de seguridad es traumática. Prácticamente hay que “desnudarse” para poder pasar por los arcos esos que detectan metales. Después hay que vestirse de nuevo y hacer la otra cola para que el oficial de inmigración "te deje ir". Cuando salí de Venezuela hacia Colorado, el oficial que me tocó tal vez tenía problemas mentales o no sé qué. Le entrego mi pasaporte y mi tarjeta de embarque. El tipo ve mi pasaporte y ve que soy venezolano, ve mi tarjeta de embarque, se da cuenta que voy para el imperio y entonces ¡me habla en inglés! ¿Más o menos? Eso fue algo que jamás entendí. Me provocó decirle: -"Chamo, ¿Qué te pasa? No ves que en mi pasaporte dice VENEZOLANO. Sabes, todos los venezolanos hablamos español, no tengas miedo yo no me voy a burla si tienes acento tuki o acento maracucho"-. Lo cierto es que en lugar de decirle todo eso, le respondí en inglés. Pero eso fue lo mejor, el tipo como que se asustó y me habló en español jajajaja. Me dice: -"¡Fino que sabes inglés!"- WTF? ¿Qué tipo de oficial de inmigración es éste? Y después me dicen que yo soy loco sólo porque al salir de Rumanía le dije a la oficial de inmigración que había ido únicamente por visitar a Drácula. El tipo me coloca mi sello y me deja pasar a la zona de embarque. En este punto ya lo único que faltaba era abordar el avión y una vez más, al llegar al destino, pasar por inmigración y rezar para que no te toque un oficial sin oficio que te quiera joder el viaje.

Cita con Drácula
Antes de salir de Málaga a Nueva York, recientemente, estaba sumamente nervioso. Tenía varias razones para estarlo. Primero me había quedado más de la cuenta en las Uropas. Se supone que el tiempo máximo que una persona puede quedarse dentro de la Unión Europea son tres meses. Tres meses como turista, para otros motivos existen diferentes tipos de visa con los que se puede quedar un tiempo más prolongado. Cuando entré a las Uropas, entré como turista. A pesar de que iba a estudiar, mi estatus fue de turista ya que el tiempo de estudio no excedía los tres meses. Lo cierto fue que me quedé cuatro meses y medio por esos lares. Si una persona se queda más de la cuenta, sin una justificación, corre el riesgo de ser penalizado y no poder entrar de nuevo a la Unión Europea por un tiempo prolongado y muchas veces, dependiendo del caso, te pueden penalizado de por vida. 
Por otro lado estaba también extremadamente asustado por inmigración en Estados Unidos. La manera como yo entro a EE.UU es con una visa de intercambio o trabajo temporal J-1. Esta visa necesita de otra plantilla adicional para poder tener validez. Es decir, aunque tenga la visa vigente, sino tengo esa plantilla adicional, llamada DS2019, NO PUEDO ENTRAR AL PAÍS. En mi visita por Budapest, capital del país del hambre, Hungría (Algunos entenderán el chiste, otros no) recibo una noticia que casi hace que todos mis planes se vinieran abajo. Al salir de los Niuyores se suponía que duraría en las Uropas sólo tres meses exactos, es decir, debía regresar a Los Estates el dos de Abril. Para eso utilizaría mi visa J-1 como lo hago todos los años, afortunadamente me aprobaron esa visa por cinco años, con eso me evito ir a la embajada todos los años como, tal vez, muchos de ustedes lo hacen. Al tener esta visa por cinco años fue que pude planificar mi ida a las Uropas y mi retorno a los Niuyores, de otra manera habría sido muy complicado. Confié que no tendría ningún problema para recibir mi DS, no tendría por qué, todos los años recibo mi planilla sin el menor problema. Esa famosa planilla es tramitada por una agencia especialista en esto. Para ese caso siempre había utilizado el YMCA. Pues resulta que debido a un problema la agencia YMCA canceló el programa Work and Travel, el programa encargado de tramitar estas famosas planillas. Ahí comenzó todo mi trauma. Estaba ya en las Uropas y yo estaba súper confiado en que sólo tenía que mandar unos cuantos correos electrónicos y recibiría mi DS. ¡Fui demasiado iluso!
Todo se fue complicando segundo tras segundo. Primero ninguna agencia quería "ayudarme" por ser un participante venezolano. Sentí que me discriminaban en mi cara y yo no podía hacer absolutamente nada. Contacté cientos de agencias y ninguna accedía. Envié correos electrónicos, llamadas, lloré y hasta pensé en lo peor; dejar mi aventura a la mitad y regresar a Venezuela. Fue tanto el estrés, que los primeros días en Budapest los pasé pensando en cómo regresar a Los Niuyores. Me salió un horrible y asqueroso herpes en el labio superior debido a mis altos niveles de estrés. Se suponía que debía estar disfrutando de algo que había planificado por meses y había soñado por años, pero en cambio estaba sumergido en un drama, nada normal, y ahogándome en un vaso de agua. Comienzo a decirme "Moisés, estás de vagaciones, deja el bendito estrés" Si me tenía que regresar a Venezuela así debía ser. Comencé a verle el lado positivo al asunto; vería a mi abuela, mi tía, mi hermano,  la vaca (mi prima), mi perrita, mis amigos, mi cuarto, etc. Regresar a Venezuela no tenía por qué ser tan traumático. Lo malo sería que no habría terminado lo que me había propuesto y para eso era necesario regresar a los Niuyores a trabajar y poder pagar mis deudas. Al final una de las tantas agencias me dio una respuesta ¡Por fin alguien me podía ayudar! Al final, en realidad, pareció como si nadie me hubiese ayudado ¡Qué agencia más inepta! Y la persona de contacto es tan inepta que fue a un concurso de brutos y le dijeron que no podía concursar porque no aceptaban profesionales.

Plaza de los héroes, Budapest
Una vez que entré en contacto con esta agencia, pensé que todos mis problemas se habían solucionado. En realidad, se hicieron más estresantes. La tipa me respondía los correos tardísimo y no me daba seguridad de si me enviaría la DS. Fueron más de dos meses lidiando con esta persona. Cada vez que recibía un correo de ella, temblaba de sólo imaginar la respuesta, fuera de lugar, que me daría. Al final, después de tanto sufrimiento, por fin me envió la DS. Cuando recibí ese estúpido papel, que es tan sólo una hoja con una firma, me dio risas y ganas de llorar. Había sufrido durante meses por eso y ya por fin lo tenía en mis manos. Ya una parte del problema estaba resuelto, ahora la parte que más miedo me causaba: ¿Era mi visa aún válida? ¿A pesar de haber cambiado de agencia? Comencé a buscar información acerca de esto y lo que encontré no me agrado mucho. Mi amiga Deisy, quien trabaja en el YMCA Caracas, envió un correo a la embajada de EE.UU en Caracas preguntando sobre esta inquietud, que tanto yo como otros participantes más teníamos. La respuesta de la embajada fue más confusa que aclaratoria. En un correo dijeron que sí debíamos cambiar de visa y en otro correo decían que sólo hacía falta la DS. Todo se hacía más confuso. Igual me arriesgaría. Ya por fin había recibido el pedazo de papel ese que necesitaba y ahora nada ni nadie iba a evitar que yo regresara al imperio mesmo. En tal caso de no poder entrar a los Niuyores, pues que me enviaran ellos mismo a Venezuela y así no tendría que pagar nada. 

El día de mi partida llegó. La noche anterior me costó dormir. Eran tantos los pensamientos que me torturaban que pasé la noche en vela. Primero estaba inmigración al salir de las Uropas, me habría quedado más de la cuenta; luego estaba hacer escala en Alemania por dieciocho horas ¡Horrible! luego el viaje de ocho horas y media desde Düsseldorf, Nazilandia hasta los Niuyores y después lo que más me temía inmigración. Fue un viaje de casi treinta y un horas de calvario. Fue lo más estresante por lo que he pasado. Salí de casa de mi amigo Alberto hacia el aeropuerto a las 4:30 p.m. Mi vuelo era a las 7:40 p.m. En el camino me despedí de aquella cuidad que había sido mi hogar por casi dos meses. Ya comenzaba a tener náuseas y dolor de estómago, de tan sólo pensar en el aeropuerto. Llego y me despido de Albedto -"Nos vemos en la capital del mundo"- Me dijo y nos dimos un abrazo de despedida. Espero que podamos vernos, pensé para mí. Busqué el mostrador de la aerolínea, pero aún faltaba media hora para que lo abrieran. Comencé a hacer la cola. Los pensamientos seguían torturándome. Me daba terror que mi maleta tuviera sobrepeso, porque no quería botar nada de lo que había comprado y tampoco tenía ni un euro en el bolsillo para pagar el sobrepeso. Estaba de tercero en la cola cuando abrieron el mostrador. Pasaron rápido las dos primeras personas. Luego yo, la chama que me atiende muy amable, por lo menos me calmó algo. Resulta que estuve casi veinte minutos haciendo el check-in. Yo era el único pasajero, de los que harían escala en Alemania, que iba a EE.UU. El sistema no leía mi visa. Entré en pánico. Comencé casi a temblar. Paré la cola por completo, pues las dos chamas disponibles estaban tratando de solucionar el caos que les había causado. Intentan varias veces y el sistema no tomaba los datos ni de mi visa ni de mi pasaporte. ¡Listo, de aquí ya me mandan para Venezuela! Pensé para mí. Por lo menos no tendría que volar a EE.UU y me iría directo a mi país. Llaman por radio a otra persona. ¡La policía! Fue lo primero que pensé. Comencé a rezar. Llega un chamo que no tenía cara de policía en absoluto. En realidad era una persona que sabía más del sistema y las podía ayudar. El chamo me ve, ve mi pasaporte y les dice a las otras: -"¡Ah! Es que ahora esto hay que hacerlo manual porque él va para EE.UU. no pasa nada"-. El alma me volvió al cuerpo. Después de veinte minutos por fin ya me habían dado mi tarjeta de embarque y estaba ya camino a la zona de seguridad del aeropuerto. Un peso menos de encima. Hasta los momentos todo iba bien. -"Una de tres"- Me dije y sonreí. Sólo faltaban inmigración en Alemania, al salir de la Unión Europea, e inmigración en EE.UU. Espero a que anuncien la puerta de embarque y subo al avión. Estaba nervioso de todas maneras. Comencé a tener "ataques momentáneos de ansiedad" En serio, era horrible. Jamás en mi vida había tenido tanta ansiedad por algo. Me puse a leer para matar el tiempo y de pronto me daba una sensación de ansiedad inmensa que hasta me aumentaba la presión y comenzaba a sudar ¡Horrible! intento calmarme lo más que puedo, me digo pensamientos positivos, pero nada funciona. 

Jardín Botánico La Concepción
Llego al aeropuerto de Düsseldorf y bajo del avión. Eran las once de la noche. Tenía que pasar la noche completa en el aeropuerto. En seguida ubico el área de los vuelos con conexión. Durante el vuelo de Málaga a Düsseldorf me habían dado agua y había llenado un termo completo, en caso de tener sed más adelante. Me toca de nuevo pasar por el control de seguridad antes de poder entrar en el área de conexiones. Comienzo a hacer de nuevo mi cola, comienzo a desvestirme una vez más. El oficial me pregunta sí tengo líquidos en la maleta pequeña que traía. Recuerdo que tengo el termo lleno de agua, lo saco y le digo que dónde puedo botar el agua. El tipo me ve con una ceja levantada y me dice: -"¿Botar? No, debe tomársela"-. Pues así fue, me tuve que tomar casi un litro de agua en menos de diez segundos. Termino de pasar por el control de seguridad y ahora me tocaba inmigración. Esta vez no había nada de cola, sólo había una chama delante de mí y terminó rápido. Comencé a sudar de nuevo. Mi turno. Le entrego mi pasaporte y le sonrío, así como para que viera que yo era amable y buena gente. Me ve fijamente, mira mi pasaporte y me dice en inglés: -"¿Estas en España desde marzo, cierto?"-. "Claro" le respondí enseguida. Éste no se dio cuenta que estoy desde enero en las Uropas. Me salvé. El tipo vuelve a ver mi pasaporte, escribe algo en la computadora y me dice: -"¡Ah, pero tú estás es desde enero!"-. Comienzo de nuevo a sudar. Ahora sí me jodieron, fue lo primero que pensé. Pero.. Pero... Señor oficial.... Ya estaba maquinando alguna manera de sobornarlo; dinero no tenía, cosas de valor menos, así que estaba jodido. El oficial me pregunta de nuevo: -"¿Cuánto tiempo crees tú que te puedes quedar en Europa?"-. Pienso rápido. Yo sabía que eran sólo tres meses, pero en cambio le digo: -"Cinco meses ¿No?"- El tipo me ve con una cara de no te creo que no sepas y me responde: -"No, son tres meses"-. -"¿En serio?"- Aún continúo haciéndome el loco, así como si yo no sabía nada al respecto. Me responde: -"No, son sólo tres meses, no más de ahí"-. Aquí ya había sudado más de diez litros. -"Pero cuando yo entré a Londres me pusieron un sello que decía que me podía quedar seis meses, por eso yo supuse que podía quedarme más tiempo"-. El oficial me responde: -"Afirmativamente, podías quedarte seis meses dentro de Londres, no fuera de allí"-. ¡Ay díos mío! Me jodieron, ya de verdad que no me salvo de esta.
El oficial me vuelve a ver, mira una vez más mi pasaporte, me coloca el sello y me dice: -"No te preocupes, pero recuerda para la próxima que son tres meses".- ¡Wow! No lo podía creer. Soy un suertudo impresionante. Estuve hasta apunto de ponerme a gritar de la emoción. Pero en cambio me calmé. No podía perder el caché en ese tipo de situaciones.


Paso a la zona de embarque, ya eran más de las once de la noche, las tiendas estaban ya cerradas. Comienzo a mirar un sitio donde poder pasar la noche. Por suerte encontré uno muy cómodo, se trataba de unas sillas acolchadas donde me pude acostar completamente, aunque en realidad no pude dormir en toda la noche, por lo menos pude estar acostado hasta las cuatro la mañana, hora en la que la mayoría de las tiendas del aeropuerto vuelven a abrir y todo regresa a la vida de nuevo. Efectivamente, a las cuatro de la mañana me levanté. Ya una persona estaba arreglando las mesas y las sillas del local donde había pasado la noche. La tipa me ve con una cara tratando de decirme "¡Fuera de Aquí!". Me paro y me voy a caminar por el aeropuerto. El área de los vuelos con conexión era extremadamente pequeña, no había nada qué hacer. En menos de tres minutos había ya recorrido toda la sala, arrastrando mi maleta pequeña, sin una rueda, y haciendo un sonido que hacía que todos voltearan a verme.
A las ocho de la mañana aproximadamente veo una tienda de café y noto que los precios son algo socialistas; 3,5€ una taza de café y un croissant. Sólo me quedaban diez euros en el bolsillo. La pobreza ya se había apoderado de mí por completo. Una vez más intento practicar mi alemán y le pido un café y un croissant al tipo que atendía. Moría de hambre, cinco segundos y ya estaba todo devorado. No sé cómo pasaron las horas restantes dentro del aeropuerto. Mi vuelo para Nueva York salía a las 5:00 p.m. fue toda una tortura esperar esa hora. Cada cinco minutos veía el reloj y parecía que entre mínimo y minuto había una eternidad de por medio. Intenté leer, pero no pude, me acordaba de inmigración en EE.UU y no podía concentrarme en la lectura, intenté jugar con la Tablet, pero no me parecía interesante ninguno de los juegos que tenía, simplemente no podía controlar mis "ataques momentáneos de ansiedad". Comencé a tener dolor de cabeza, me tomé una pastilla, pero nada que se me quitaba. Intenté ver las tiendas de Duty Free, tiendas donde venden cosas "libre de impuestos". Serán libres de impuestos, pero te cobra hasta la bolsita y la tinta que gastan en la impresión de la factura ¡De barato no tienen nada! En casi todos los aeropuertos tienen ese tipo de tiendas, pero en mi opinión personal no son para nada baratas. Todo lo contrario, son extremadamente caras. Es una falsa creencia esa que dicen que allí todo es más barato.
Por fin la hora de embarcar llegó. Tuvimos treinta minutos de retraso. La cola para abordar era inmensa, quedé casi en la mitad y una señora muy amable comenzó a buscarme conversación. Subo al avión, me toca ventanilla y cerca de la puerta de salida. El avión era inmenso, tenía tres filas de asientos, dos pasillos y tres compartimientos. El primero era de la clase ejecutiva y los dos últimos de la clase pelabola, perdón "clase económica". ¡Económico mi...! Ese pasaje no tenía nada de económico.
Nueva York
Por lo menos el precio justificaba el servicio. Todos asientos tenían delante un centro de entretenimiento. Se trataba de una pantalla táctil,  una especie de Tablet, donde podías jugar durante todo el viaje, ver televisión, elegir alguna película, tanto en inglés como en alemán o escuchar música. Vi una película en alemán, así cómo para justificar mi existencia, luego vi otra en inglés. Eso me tomo sólo tres horas o menos. El vuelo era de ocho horas ¡Ocho horas eternas! Parecía que jamás tocaría tierra. De vez en cuando volvían mis ataques de ansiedad. Intentaba controlarlos, pero cada vez se hacían más frecuentes e incontrolables. Me dieron comida dos veces durante el vuelo. Gracias a Dios no me calló mal a comida. Intenté dormir, pero cómo siempre los nervios no me dejaban. Comencé a inventar discursos para decirle al oficial de inmigración que me tocara en caso de que me preguntaran algo. Me imagine miles de situaciones hipotéticas. Prácticamente ya tenía respuestas para todo lo que me podrían preguntar. Pensé y pensé por horas, durante todo el vuelo. Cuando el capitán del avión anuncia que en quince minutos tocaríamos tierra, comencé a sudar. ¡Moisés, cálmate! Si el oficial de inmigración te ve así va a pensar que llevo droga o algo por el estilo, respira, calma, respira, calma. Comencé a respirar usando esas técnicas que enseñan en clases de oratoria. El avión aterriza. Agarro mi bolso y mi maleta de mano. Salí del avión entre uno de los primeros. Cuando llego al área de inmigración quedé casi de primero, sólo tenía a una chama adelante. Sentía que el corazón se me iba a salir, se me comenzaron a revolver hasta las tripas, así como dicen ordinariamente muchas personas. La oficial de inmigración que me tocó era una chamita como de 25 o 26 años, afrodescendiente, o sea NEGRA, y extremadamente amable ¡Cómo enviada por el mismo Dios exclusivamente para mí! Le entrego mis dos pasaportes; en el pasaporte viejo tengo la visa estadounidense, por eso viajo con los dos; le entrego la DS2019 y el SEVIS, otro documento necesario para entrar. La negrita ve mi visa, me ve la cara, le sonrío forzadamente y me pregunta en inglés: -"What are you going to do in the US?"-. (¿Qué vas a hacer en Los Estados Unidos?) “Voy a traficar droga” Mentira, no le respondí eso, pero estaba tan nervioso que hasta eso le pude haber respondido. En cambio le respondí: -"Voy a trabajar bajo el programa Summer... ehh... Travel, work and..." ¡Fuck! Estaba más enredado que gallina comiendo chicle. Le sonrío a la chama y le repito de nuevo, calmado y pausado: -"Voy a trabajar bajo el programa Sumer Work and Travel"-. Listo, ya me salían las palabras. La negrita me dice: -"Bien ¿Qué harás?"-. -"Trabajaré como recepcionista en una oficina y haciendo varias cosas también"-. De pronto me sentí seguro y comencé a calmarme. Ella sigue viendo mi pasaporte, ve la computadora, me pide que coloque los cuatro dedos de mi mano derecha en el capta huellas, me pregunta cuántas maletas tengo y me coloca el sello en el pasaporte. ¡Sonreí de la emoción! De pronto veo que está como dudando. Además, del sello, el oficial de inmigración te escribe algo dentro del sello y de la planilla I-94 que te engrapan al pasaporte. Veo que está como pensando, agarra mi DS2019, que hasta los momentos había visto muy poco, agarra el SEVIS, ve la visa, me escribe algo y me dice: -"¡Welcome!". Listo, eso fue todo. Sentí que volví a respirar otra vez. Ya había dejado de temblar, me dio hasta hambre, la sonrisa en mi rostro era inmensa. Había pasado todas las pruebas y nada me había detenido. Demostré que es completamente falso que debía cambiar mi visa, tal como lo habían dicho en la embajada estadounidense en Caracas. No sé si dijeron eso para que uno tenga que pagar más dinero para sacarse otra visa o simplemente no saben absolutamente nada al respecto y te dan la primera respuesta que se les ocurre. Cómo me dijo hace poco mi amigo Carlos Vargas, alias el Piyitankee "Rompí todos los records con este tipo de visa" Me arriesgué y lo logré. Tal vez otra persona se hubiese quedado con lo que la embajada le dijo o con lo que leyó por Internet y por miedo se devuelve a Venezuela. Yo en cambio, a pesar de la ansiedad y del miedo que cargaba, puedo decir que lo logré una vez más. Puedo decir que ahora es mayor la alegría que el miedo. Como dicen por ahí "Quien no se arriesga no gana" y creo que ese dicho está en lo cierto. 
Una vez más estoy en Gringolandia, la tierra del imperio mesmo, de los Niuyores, los Mayamises y el dólar. 

De aquí a la luna...

Nos vemos en el próximo post.

Moisés

Desde la capital del mundo, NYC

12 comentarios:

  1. ta buena la cuestión aunque, es raro ese comentario que haces "lo sobornaría, pero yo no tengo dinero" con que lo ibas hacer? considero que esta edición. está censurada y no nos muestra lo que realmente sucedió...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajajajajaja sí hablas,Parra! No tenía pensado hacer nada más! -.- no quería que después me deportaran o me metieran preso por acoso sexual! xD jajajajajajajaja

      Eliminar
    2. jajajajaja bueno, si usted lo dice. lo felicito hermano. es un buen poste de luz. así como dice una de tu tantas amigas, "das buenos tips en tus blog" y es verdad. realmente que vale la pena el Esfuerzo que haces en redactar estos tripeos. pero sigue asi, esperamos mas blog y su regreso pronto. mira que el ultimo debería ser "el regreso"

      Eliminar
  2. excelente mi nigga... pero leo nuevamente tu post esperando ver mi apellido por ahi pero noo... que ilusa soy... jajajajaja ni en los creditos aparece... jajajaja joder... te quiero mi nigga... vuelveee!!!! liss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajajaja mi amool! Pero es que tú te quedaste en Venezuela jajajajaja
      Yo te dije que te vinieras conmigo, pero tú no quisite! Un día de estos te tengo que nombrar por algún lado... No pierdas las esperanzas! :) jajajajaja

      Eliminar
  3. en la foto "cita con dracula" veo que hay una cartera en la silla... tu como que de verdad te colocaste tu "ropa interior sexy?" pero como que le incluiste los tacones mas el bolso que esta en la silla?? jajajajajajajajajajajajaajajaj ayyyyyyy chamooo...!!!! ya veo como te ha cambiado el imperio jajajaja... MARIA (amiga de liss my nigga)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajajajajajajajajajajajajaja coño verdaaaad! No me había fijado en que había una cartera en la silla! Jajajajajaja coño me descubrieron! Jajaja y la cita con drácula fue en Rumanía, no en el imperio! jajajajajajaja

      Eliminar
  4. BUENO TIO LA ADRENALINA FULL, PERO YA TODO PASO GRACIAS A DIOS QUE FUERTE!!!, ESPERAMOS LA NUEVA AVENTURA, ME ANIMAS A ESCRIBIR LA MIA , JAJAJA, HASTA LA PROXIMA VALE? @@HIDAIS@@

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hidais, amiga! Jaja es cierto, la adrenalida a mil, pero ya estoy sano y salvo de regreso en el imperio! Deberías escribir las tuyas también... Me encantaría leerlas!!!!! :) Un abrazo

      Eliminar
  5. Negro esto parece el relato de un viejo quejeto!!!!!!!!!!!!!!!! jajajajajajajaj ozah!!!!!!!!! tú....................

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Fionaaaa cataliiiinaaaaa! Cómo que el relato de un viejo??? Jajaja verga sí, en Rumanía me dijeron que me aparentaban 30 años! O sea, me quisieron decir viejo prematuro!

      Eliminar
  6. Que bueno volver a leer el blog. :) Recuerdo que hable contigo cuando toda esta loquera estaba ocurriendo.

    ResponderEliminar

Bienvenido a Tripping a la venezolana

¡Puedes seguirme en Facebook y Twitter!.

¡Suscríbete a Trippinng a la venezolana!

Recibe en tu correo las últimas noticias del blog. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.